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¿Está bien pedir matrimonio en Navidad?

¿Está bien pedir matrimonio en Navidad?

Bajo el muérdago y de rodillas: ¿es buena idea alguna vez pedir matrimonio entre espumillón?

Las luces centelleantes. La nieve cayendo. Los regalos. La Navidad es, sin duda, una de las épocas más románticas del año, y eso que aún no hemos empezado con el Baileys. Pero toda esta alegría festiva tiene un lado peligroso: los estudios demuestran que, año tras año, la Navidad es la época más popular para las propuestas de matrimonio.

¡Las proposiciones de matrimonio no son peligrosas, os oímos decir! Es cierto. Pero antes de gritar «¡Scrooge!» y arrodillaros de todos modos, quizá deberíais pararos un momento a pensar. ¿Vais a pedirle matrimonio porque estáis preparados, porque estáis realmente enamorados y porque el momento es, por arte de magia, absolutamente perfecto? ¿O es esa tercera copa de vino y el hecho de que acabáis de cocinar con éxito un pavo enorme lo que os ha dado un subidón de confianza navideña?

Si es lo segundo, es hora de pisar el freno. Cierra de golpe la caja del anillo y echa un vistazo a nuestros mejores consejos para pedir matrimonio en Navidad. Así, aunque estés decidido a dar el gran paso entre los villancicos y la cena de Navidad, no te despertarás el día de San Esteban lleno de remordimientos…

Aléjate del mueble bar: ¿estás sobrio?

Todos hemos pecado de generosos después de la sexta o séptima copa, ¿verdad? Y, si tienes antecedentes de tomar decisiones precipitadas bajo los efectos del alcohol, los cócteles navideños —sí, hablamos de vosotros, snowballs— harán que tengas aún más probabilidades de pedir matrimonio. Recuerda: es más difícil retractarse de un «¿quieres casarte conmigo?» que de un «la próxima ronda la pago yo».

¿Nuestro consejo? Evita por completo el alcohol si tienes pensado esconder una caja con un anillo en su calcetín navideño. Disfruta de la Navidad dejándote llevar únicamente por la alegría de estas fiestas y plantéate seriamente reservar la pedida de mano para un día sobrio y memorable del año nuevo.

¿De verdad quieren que esté allí su familia?

Otra cosa sobre la Navidad: no es precisamente muy íntima. Si, por algún motivo, tu pareja decide que no quiere casarse contigo, no querrás enterarte delante del tío Geoff. Sería una situación insalvable. Más te vale comprarle ese perfume que te insinuó al principio y no arriesgarte a pasar vergüenza.

Incluso si obtienes la respuesta que esperabas, le robarás todos esos momentos en los que quería sorprender a la familia mostrando su nuevo anillo. Porque, en algún lugar de la sala, habrá algún primo experto en tecnología y adicto a las redes sociales, y la gran noticia se habrá difundido antes de que puedas decir «Instagram Live».

¿Estoy haciendo esto porque no les compré un regalo?

Cada año sentimos la presión de superar los regalos que hicimos el año anterior. Puede resultar agobiante y, a veces, llevar a un hombre a tomar medidas desesperadas. Sin embargo, cuando el gran día se te echa encima desde las profundidades de diciembre —y aún no has pensado en ningún regalo—, NO intentes subsanar ese descuido arrodillándote para pedir matrimonio. Más te valdría lanzar la botella de brandy contra el árbol de Navidad y prenderle fuego a todo*.

*Otras opciones menos incendiarias son: posponer el intercambio de regalos; reservar una escapada urbana para principios del año que viene; hacerse con una ganga en las rebajas del Boxing Day.

¿Lo hago solo porque es Navidad?

Olvídate de verlo todo de color de rosa: la Navidad se parece más a llevar durante un mes unas gafas de borrachera de alta graduación que lo recubren todo con una película empalagosa y azucarada. No tienes que trabajar, nunca estás completamente sobrio y pasas muchísimo tiempo acurrucándote frente al fuego mientras ves ñoñerías conmovedoras en la tele.

La tentación de abandonarse al placer, excederse y tomar decisiones románticas imprudentes durante este limbo festivo será grande. Pero intenta contenerte antes de dar el salto: cuando enero asome su gélida cabeza, la caída podría parecer mucho más arriesgada.

¿Estoy haciendo esto para curar mi trastorno afectivo estacional?

Puede que el tiempo fuera sea espantoso y nos lleve a hacer todo tipo de locuras para mantener el ánimo, pero, tarde o temprano, el aire frío se templará y los días oscuros se iluminarán.

Así que, aunque pedir matrimonio pueda parecer una buena forma de alegrar el invierno, en realidad no falta tanto para disfrutar de un soleado día de primavera.

Y, créenos, te lo agradecerán si esperas. La primavera traerá una luz natural más fotogénica para la obligada foto del anillo y noches más luminosas para tu fiesta de compromiso; además, nadie cuchicheará a tus espaldas: «¿Una pedida de mano en Navidad? Qué tópico…»

¿Aun así vas a seguir adelante? De acuerdo, entonces: lee nuestra guía para pedir matrimonio en Navidad...

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