
«Quienes saben crear contenido tienen el poder» — Caspar Lee
El fundador, creador e inversor de capital riesgo habla sobre los influencers, dejar YouTube y el poder de contar historias
- Texto de: Joseph Bullmore
- Fotografía: Greg Funnell
Caspar Lee empezó en la bañera. El primer vídeo que publicó en su incipiente cuenta de YouTube en 2010 —la ficha de dominó cósmica que, en muchos sentidos, puso en marcha todo lo que vino después— lo mostraba comparando, por razones que hoy escapan incluso a los estudiosos, las ventajas de bañarse y ducharse. En concreto, según parece recordar ahora, planteaba la pregunta: «¿Cuál de las dos duele más?», lo que provocaba la inevitable respuesta: Creo que no lo estás haciendo bien.
Sentado ahora en la sala de juntas de las oficinas londinenses de Influencer, una de sus varias empresas, Caspar reflexiona sobre esos momentos de extraña casualidad que lo llevaron hasta aquí. Como aquella vez en que un amigo inundó de clics su primera cuenta adolescente de YouTube, lo que provocó que los responsables la eliminaran y que él tuviera que empezar otra desde cero, esta vez con vídeos que sí funcionaban. O cuando le prohibieron participar en una gira escolar de hockey en su Sudáfrica natal por beberse una cerveza o dos, y de pronto se encontró con un par de semanas libres para viajar a Londres y colaborar con un grupo de jóvenes youtubers. «Sin esos momentos, probablemente hoy no estaría sentado aquí», dice ahora entre risas.
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Aquel primer vídeo se publicó el 16 de septiembre de 2010, cuando YouTube llevaba aproximadamente cinco años en funcionamiento. Desde entonces, durante esta década y media, todos hemos sido como ranas cocidas a fuego lento en la gran olla de los contenidos, por lo que conviene recordar hasta qué punto aquella época era distinta. Aún faltaban dos años para que apareciera Instagram. El término «influencer» todavía no se había acuñado. La función de vídeo de la mayoría de los teléfonos era tan rudimentaria que resultaba prácticamente inútil. Y casi nadie hablaba de algoritmos ni de viralidad.
Los youtubers que más éxito tenían por aquel entonces eran aquellos cuyos vídeos aún conservaban un encantador aire casero: a menudo, adolescentes que hablaban a cámara desde sus dormitorios o competían en divertidos retos con otros youtubers. (Al parecer, ayudaba que todos lucieran una voluminosa melena rubia de aspecto angelical). Hoy podríamos atribuir esta protoviralidad a una especie de atractivo «parasocial»: el mismo impulso que, según se nos asegura ahora con toda seriedad, explica el auge de los pódcast y las retransmisiones en directo.
«Se me revolvía el estómago antes de cada entrevista...»
Cuando cumplió 18 años, apenas dos años después de empezar, Caspar ya había acumulado varios millones de seguidores. En sus vídeos más vistos entrevistaba a famosos en un ambiente desenfadado y cautivador (anticipándose, quizá, a formatos como Chicken Shop Date y Hot Ones, y sin duda a muchos otros programas de entrevistas relacionados con las aves de corral). «Hoy en día, los famosos siempre colaboran con creadores de contenido», afirma, «pero entonces era muy difícil convencerlos. La gracia era que yo creía que eran mis amigos, cuando, por supuesto, no lo eran», explica. «Me parecía una forma natural y divertida de hacerlo, y por eso esos vídeos funcionaron tan bien». Ed Sheeran, Dwayne Johnson, Justin Timberlake y Kevin Hart aparecieron en su canal durante la primera mitad de la década de 2010. «Antes de cada entrevista se me revolvía el estómago», admite ahora, pero los vídeos acumularon millones de visualizaciones, quizá, en parte, porque en pantalla se percibía algo de ese nerviosismo genuino. Caspar calcula que ganó su primer millón antes de cumplir los 21. («Fue una locura»). Unos años después, en 2018, dejó de hacer vídeos por completo. Grabar y publicar casi a diario, asegura, era «muy intenso. Tienes que estar constantemente al pie del cañón».
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Hoy, Caspar es cofundador de tres empresas de éxito, todas ellas marcadas por esta experiencia inicial como creador de contenidos. Influencer.com es una agencia de marketing para, como su propio nombre indica, influencers, fundada por Ben Jefferies y Caspar en 2017. La empresa actúa como un potente intermediario tecnológico entre marcas y creadores y actualmente cuenta con unos 180 empleados repartidos entre sus oficinas de Londres, Nueva York, Berlín, Arabia Saudí, Dubái y Ámsterdam.
Caspar admite que la palabra «influencer» no es especialmente fácil de definir. «Diría que trabajamos con creadores para generar influencia», afirma ahora sobre la empresa. «Y sí, cuando alguien se autodenomina influencer, por lo general me hace pensar en gente haciéndose fotos en la playa», comenta, aunque cree que la animadversión especialmente intensa hacia esta profesión se ve alimentada en parte por los «medios de comunicación tradicionales», muchos de los cuales quizá se quejen de que los creadores que prescinden de intermediarios les han arrebatado presupuesto, alcance y relevancia. «Y cuando escribes sobre los influencers de forma negativa, consigues más clics que cuando hablas de ellos de forma positiva», afirma.
«Fallas el cien por cien de los tiros que no intentas...»
Además de Influencer.com, está MVE Management, que Caspar fundó en 2018 junto con su compañero de piso y colaborador habitual, Joe Sugg. MVE, fruto de una asociación con IMG, suele considerarse la primera empresa que representó a creadores de contenido del mismo modo que a talentos más «tradicionales».
Para una persona joven de hoy, ser «creador de contenido» debe de parecer una profesión cada vez más atractiva. Al fin y al cabo, muchos de nosotros ya seleccionamos y compartimos públicamente aspectos de nuestra vida. ¿Por qué no intentar que las marcas nos paguen millones de libras mientras lo hacemos? Un estudio del año pasado reveló que el 57 % de los miembros de la generación Z elegiría encantado ser «influencer» como profesión principal, y más del 40 % de los adultos en general afirmó lo mismo. Tras haber seguido él mismo ese camino, ¿se lo recomendaría Caspar ahora a otras personas?
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«Creo que saber crear contenido es algo que deberíamos enseñar a los jóvenes, y no porque queramos que todos se conviertan en influencers», afirma. «Pero creo que te da voz en este mundo. Es la forma de llegar a la gente hoy en día. Antiguamente, cuando no todo el mundo sabía escribir, quienes sí sabían podían transmitir sus ideas: podían convencer a otros para que se unieran a ellos, podían impulsar movimientos políticos».
«Crear contenido es, sencillamente, una escuela de negocios excelente»
“Today, those who know how to create content have that power,” he says. “Which doesn't mean you need to wield it for politics. It doesn't mean you have to become a massive entertainer. But it means that, if you have a hair salon, say, you can reach more customers. You know how to talk to them. It’s just a really good business school, in a way.”
Caspar también es cofundador de Creator Ventures, un fondo boutique de capital riesgo especializado en el ámbito de internet de consumo. Surgió de un sindicato de inversión formado por creadores como Caspar, que participaban en las mismas condiciones y con la misma valoración que otros inversores, pero podían aportar un valor añadido gracias a su conocimiento de las redes sociales y a sus comunidades de seguidores. «Entendemos que los fundadores de empresas de internet de consumo conceden mucha importancia a las redes sociales, porque es así como alcanzan verdaderos puntos de inflexión», afirma. En 2022, Sasha Kaletsky, primo de Caspar y antiguo empleado de Uber y Bridgepoint, se unió a él para convertir formalmente el sindicato en un fondo de capital riesgo. En 2022 captaron 20 millones de dólares para el Fondo 1 y, este año, 45 millones para el Fondo 2. Entre sus inversores institucionales se encuentran firmas como Level Ventures y Sequoia Capital, y entre sus inversiones más destacadas figuran Runna —el entrenador de running basado en IA, adquirido por Strava en 2025— y Beehiiv, un competidor de Substack en pleno crecimiento.
A Caspar le gusta apostar por fundadores «que desde luego no sientan que ya lo han conseguido», afirma. «Alguien que esté dispuesto a sufrir y a trabajar como un cabrón, porque eso es lo que hace falta hoy en día». Los youtubers, señala, aprenden desde muy pronto lo que es trabajar duro. Por eso, en su opinión, los adolescentes millonarios que hicieron fortuna durante aquella primera oleada de YouTube suelen convertirse en personas con los pies en la tierra, sensatas y emprendedoras, en lugar de perder el rumbo como, por ejemplo, estrellas del rock o actores que se enriquecieron de forma extraordinaria a una edad muy temprana. En su caso, quizá, el hecho de que Caspar fuera un youtuber de enorme éxito no es fruto del azar ni del algoritmo, sino de su carácter. Parece muy probable que Caspar hubiera sido extraordinariamente prolífico con independencia de la década o el momento tecnológico en el que hubiera nacido. Encarna esa combinación ganadora de toda la vida: diligente, pero abierto a los golpes de suerte; con los pies en la tierra, pero ambicioso.
«Pienso mucho en el dicho “fallas el cien por cien de los tiros que no intentas”», afirma. «Es una frase que me encanta. Se aplica al capital riesgo, pero también a aceptar reuniones y salir ahí fuera, aunque lo único que te apetezca sea quedarte en casa viendo Netflix. No sabes qué va a pasar ese día. Con suerte, será algo positivo. A veces puede ser negativo. Pero sencillamente no lo sabes», explica. «Nunca se sabe cuándo estas pequeñas cosas van a tener un efecto enorme en el resto de tu vida».
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