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Entrevista: Giuseppe Santoni

Entrevista: Giuseppe Santoni

«El tiempo es el verdadero lujo» - Giuseppe Santoni, presidente y director ejecutivo de Santoni

Santoni se fundó en 1975 en la región italiana de Las Marcas, ese rincón poco conocido del mejor país del mundo situado entre Emilia-Romaña, la Toscana y el mar Adriático. La zona parece, en cierto modo, un reflejo de la firma de calzado: un lugar de gran tradición, legado y esplendor, pero también de paisajes vibrantes, colores impactantes y la intensa frescura de la costa. Este es el telón de fondo sobre el que Santoni, ahora bajo la dirección de su presidente Giuseppe, se ha consolidado como uno de los baluartes de la zapatería y la artesanía contemporáneas: una marca que sabe que la verdadera calidad requiere tiempo y que un par de zapatos nunca es simplemente un par de zapatos.

Yo solo tenía siete años cuando mi padre fundó Santoni en 1975. En aquel entonces, era un pequeño taller con apenas unos cuantos artesanos, pero a mí me parecía un lugar mágico. Me fascinaban las hábiles manos de los artesanos, el intenso aroma del cuero y el sonido rítmico de sus herramientas mientras trabajaban. A medida que fui creciendo, aquel asombro infantil se convirtió en una auténtica pasión. A los 14 años, repartía mis días entre las clases por la mañana y las tardes en la fábrica, deseoso de aprender hasta el último detalle del oficio.

Durante mi infancia, mis padres me dieron muchos consejos — pero, en lo que respecta a los negocios, la lección más valiosa me la enseñó mi padre: «Nunca renuncies a la calidad». Es un principio sencillo, pero exige una dedicación inquebrantable, un profundo respeto por la artesanía y una auténtica pasión por la excelencia. Esta convicción sigue definiendo todo lo que hacemos en Santoni. Nuestros artesanos —a quienes considero con orgullo parte de la gran familia Santoni— perpetúan este legado con un cuidado y un compromiso extraordinarios. Es una filosofía profundamente arraigada en los valores del «Made in Italy», que hemos llevado un paso más allá para convertirla en algo exclusivamente nuestro: «Made in Santoni», una forma de trabajar única que se nutre de nuestra gente, nuestro legado y nuestra incansable búsqueda de la perfección.

Para nosotros, los italianos, el estilo es algo instintivo. Crecer rodeados de belleza —ya sea en la moda, el arte o la arquitectura— agudiza de forma natural nuestro sentido estético. En mi caso, como italiano y como alguien que creció en una familia entregada a la artesanía y la belleza, me enseñaron a asimilar la belleza que me rodeaba, inspirarme en ella y hacerla mía. No seguimos las tendencias, sino que las reinterpretamos con un toque personal.

Uno de mis accesorios favoritos es un vibrante pañuelo de bolsillo naranja, perfectamente combinado con unos tirantes del mismo tono. Este color —Arancio Santoni— es emblemático tanto para mí como para nosotros; encarna la energía, la creatividad y un espíritu audaz.

Soy un hombre que cuida los detalles; presto mucha atención al corte, la textura y la confección. Creo que menos es más; prefiero prendas depuradas y elegantes que destaquen por su calidad, no por los excesos. Nunca busco ir demasiado arreglado; quiero que mi estilo resulte natural, equilibrado y fiel a quien soy.

El verdadero lujo no se encuentra en los objetos — está en el tiempo. Tiempo para estar presente, compartir momentos con las personas que quieres y disfrutar de la vida sin distracciones. Esa presencia, esa conexión emocional, es la forma más auténtica de riqueza. Cuando se trata de objetos, no suelo pensar en términos de «lujo». Prefiero hablar de «belleza». La belleza es algo creado con esmero, hecho para durar y pensado para aportar un valor sereno a la vida cotidiana. Tiene que ver con el significado, la intención y lo que algo te hace sentir con el paso del tiempo.

Mi consejo para quienes se inician en este sector es sencillo, pero esencial: mantén la fidelidad a tu pasión y no pierdas el rumbo. El verdadero éxito nace de una visión clara, de la paciencia para llevarla adelante y de una dedicación inquebrantable. La constancia y la autenticidad son las que realmente marcan la diferencia.

Lo que une a nuestros clientes es una sensibilidad especial: un profundo aprecio por la artesanía auténtica y por una calidad que se expresa con discreción, pero de forma inconfundible, más allá de logotipos o tendencias pasajeras. No solo les atrae la estética de nuestras colecciones, sino también el valor intrínseco de cada pieza como verdadera expresión de la maestría artesanal.

Cada par de zapatos Santoni cuenta una historia, y nuestros clientes eligen formar parte de ella, adoptando un estilo de vida y una filosofía basados en la excelencia de lo que me gusta llamar «Made in Santoni». Me complace especialmente ver cómo las generaciones más jóvenes conectan con esta visión a través de nuestras zapatillas. Es una señal de que la artesanía y la autenticidad siguen despertando interés, incluso en el vertiginoso mundo actual.

La mayor influencia en mi vida y en mi carrera ha sido, sin duda, mi padre, Andrea. No solo me enseñó el arte de la fabricación de calzado, sino que también me transmitió valores esenciales como la dedicación, la búsqueda de la excelencia y la importancia de mantener el toque humano en todo lo que hago, tanto en el ámbito profesional como en el personal.

Mi lema es: «Comprar zapatos no es solo comprar zapatos... es comprar un pedacito de felicidad». Esta frase está enmarcada y colgada en mi despacho de Milán. Es sencilla, pero refleja fielmente aquello en lo que creo. Sobre todo hoy en día: la gente no compra solo por poseer, sino que busca emoción y una forma de expresar su identidad. En Santoni, aspiramos a dar vida a esa alegría y meraviglia —esa sensación de asombro— con cada par de zapatos que creamos.

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