
«El dinero hace que lo bueno sea mejor y lo malo, peor...» Gstaad Guy habla sobre la riqueza, la expresión personal y la bondad
Con su divertida sátira del 0,1 %, Gstaad Guy ha cultivado la comunidad de seguidores más valiosa de Instagram en todo el planeta. Pero esto no ha hecho más que empezar.
- Texto de: Joseph Bullmore
- Fotografía: Greg Funnell
- Estilismo: Zak Maoui
- Cabello: Jack Merrick-Thirlway
El lema de Gstaad Guy es «Todo queda en familia». Es la frase que repite constantemente Constance, el personaje envuelto en cachemir y con melena de spaniel que lo ha hecho reconocible en todo el universo (o, al menos, en todo Porto Cervo, que viene a ser prácticamente lo mismo). La «familia» incluye a figuras como Julio Iglesias, Andrea Bocelli, Celine Dion y el príncipe de Gales, amigos imaginarios (y, al menos en un caso, amantes) del viejo Constance.
Pero la Familia también incluye al personal de la boutique de Loro Piana en Gstaad, que carga en la cuenta personal de Constance el último par de Open Walks, suaves como la mantequilla, y lleva las bolsas a su chalet antes de que termine de almorzar en el Sonnenhof.
Y hoy en día, de una forma muy real, también abarca a cualquiera de sus dos millones de seguidores en Instagram, muchos de los cuales se acercan a él a diario para hablarle: con sus casi dos metros de altura y su melena color caramelo peinada hacia un lado, resulta reconocible prácticamente en cualquier lugar, incluso cuando no luce el ceño aristocrático por el que Constance es célebre.

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Gstaad Guy es un nuevo tipo de personaje famoso. Alguien para quien las etiquetas de «celebridad» e «influencer» se quedan, de algún modo, cortas. Hoy en día es más reconocible que muchas estrellas de cine o músicos de su generación y, sin embargo, más cercano que las inaccesibles figuras de los medios tradicionales, quizá porque aparece en nuestro smartphone (y, por tanto, en nuestra psique) casi a diario.
La cuenta nació como una sátira cariñosa de uno de los amigos (de la vida real) de Gstaad Guy, que llevaba una vida de lo más ostentosa en la estación de montaña suiza de Gstaad. Pero, seis años después de aquella primera publicación, sus parodias han llegado a significar mucho para todo tipo de personas, dependiendo de quiénes sean y de hasta qué punto sean Como nosotros. ¿Es Gstaad Guy un espejo deformante para los ricos? ¿Un manual para vivir a todo tren? ¿Una reflexión sobre los absurdos del 0,1 %? ¿Un amigo en las altas esferas? ¿Un gran puente entre mundos? ¿O un bálsamo reconfortante para estos tiempos convulsos?
«La gente se ponía a hablar conmigo y, por un momento, era como si se produjera un pequeño fallo en el sistema...»
«Estoy agradecido a mis seguidores», dice ahora, sentado tras un amplio escritorio en una suite realmente espléndida del hotel Chancery Rosewood, en Mayfair. «Creo que provoco en ellos un efecto parecido al que Shrek tuvo en mi familia», comenta entre risas. «Cuando era pequeño, mi familia y yo veíamos Shrek. A mí me hacía gracia un chiste; a mi padre, otro; y a mi madre, otro distinto. La disfrutábamos en familia, aunque por motivos diferentes. Y, en cierto modo, nos unió».

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Hasta hace relativamente poco, muchos de los seguidores de Gstaad Guy parecían olvidar que el creador de carne y hueso no era, en realidad, la misma persona que su personaje en pantalla, Constance. (Una curiosa y simpática peculiaridad de su historia es que, cuando publicó su primer post, Gstaad Guy ni siquiera había pisado Gstaad.) «La apuesta más lógica que podían hacer era algo así como: voy a conectar con este tío a través de las cosas materiales. Voy a intentar superarlo», cuenta. «Soltaban el nombre de alguien o decían: “En realidad, mi chalet está al lado del tuyo”, aunque obviamente yo no tengo un chalet propio. Y entonces hablaban conmigo de verdad durante un momento y se producía una especie de fallo del sistema. Se daban cuenta de que, un momento, esto no le impresiona. No se parece en nada a su personaje. Así que quizá pueda conectar con él siendo amable», explica. «Y, en realidad, es un resultado precioso».
Gstaad Guy significa mucho para sus seguidores. Algunos dicen que sus personajes les ayudaron a superar momentos difíciles o a «formarse opiniones» sobre el mundo que los rodea. «Sobre todo durante los últimos dos años, he procurado tener muy claro qué valor aporta Gstaad Guy», afirma ahora. «Me gusta la palabra caballero. Creo que Gstaad Guy es un caballero, pero en el verdadero sentido de la palabra: alguien que, ante todo, es afable y amable, y actúa de manera consciente».
«Mi público estadounidense se toma muy en serio los consejos de Gstaad Guy...»
Cada grupo reacciona a sus personajes de forma distinta. (Personajes en plural, porque la otra mitad de la doble personalidad de Gstaad Guy es Colton, el primo criptobro de Constance que habla como un californiano). «La mayor parte de la riqueza mundial se ha generado en los últimos diez años, y la mayor parte se ha generado en Estados Unidos, la mayor economía del mundo», afirma. «Así que en Estados Unidos hay gente bastante joven que está ganando todo ese dinero. Y muchos sienten una gran curiosidad por Europa. Les encanta. Quieren gastar su dinero en Europa, pero se sienten juzgados por los europeos. No van a comprarse un manual de etiqueta. Pero les encantaría tener un amigo que les dijera: no vayas a ese restaurante; ve a este. Y así es como debes comportarte mientras estés allí», explica. «Mi público estadounidense está creciendo ahora mismo y, de hecho, se toma muy en serio los consejos de Gstaad Guy».
Mientras tanto, la alta sociedad suiza ve sus vidas y costumbres reflejadas con todo lujo de detalles y cierta «nostalgia», afirma. Muchos de ellos sienten que «Constance dice las mismas cosas que me decía mi padre cuando yo era pequeño».

El hecho de que Gstaad Guy pueda desenvolverse con tanta soltura entre estos dos mundos se debe a la singular educación de su creador. «Crecí en un entorno privilegiado y mis padres, como la mayoría, siempre quisieron lo mejor para sus hijos». Se esforzaron mucho por introducir al joven Gstaad Guy «en ambientes en los que apenas dábamos la talla», explica. «Eso hizo que fuera muy consciente de mis privilegios y estuviera muy agradecido por ellos, pero nunca era la persona más privilegiada de la sala», afirma. «Así que siempre era consciente de hasta dónde podía llegar la locura».
A los veintipocos años, Gstaad Guy empezó a «comprender lo ridículo» que hay en buena parte de la vida de lujo, afirma. «Vi con qué seriedad se tomaba la gente cosas tan triviales. Un lujo, por definición, es algo trivial. Por eso se llama lujo». Siempre ha sido «muy observador», dice, «y siempre he clasificado a la gente en arquetipos. No con ánimo de juzgar, pero tengo un radar bastante afinado». Pone como ejemplo al típico joven cosmopolita de hoy que vive de un fondo fiduciario y finge trabajar para ganarse la vida. Hay un par de señales que los delatan al instante, asegura. «Les obsesiona la longevidad. La sauna. Los baños de agua fría. Ciertos deportes, como el pádel. Si oigo a un tío hablar de todas esas cosas, probablemente no trabaje», dice entre risas.
¿Su contacto con ese mundo le ha mostrado el lado más oscuro de poseer una inmensa fortuna? ¿Acaso ser extremadamente rico conlleva cierta melancolía o soledad?
«Creo que sí, cuanto más cerca estás del vicio», dice. «Una gran representación física de esto, en mi opinión, son los distritos y barrios de Londres. Creo que Mayfair es un caldo de cultivo para la depresión. También es un caldo de cultivo para la riqueza y el dinero y, durante el día, por supuesto, están todos esos espacios de oficinas y la gente trabajando duro. Pero por la noche, Mayfair es extravagante y, en muchos sentidos, oscuro y alimentado por el vicio; carece bastante de alma».
«Pero luego tienes barrios preciosos como Hampstead, con un nivel de riqueza muy similar, pero llenos de padres que enseñan a sus hijos a montar en bicicleta y dan de comer a los patos», afirma. «Entonces, ¿es una cuestión de dinero? No lo creo. Creo que, en realidad, se trata más bien de “tú eliges tu veneno”. Cuanto más te acercas al vicio y a la oscuridad, más personas deprimidas ves, lo cual no debería sorprendernos».
“El dinero no es más que un amplificador. Hace que lo bueno sea mejor y que lo malo sea peor...”
En esencia, dice: «El dinero no es más que un amplificador. Hace que lo bueno sea mejor y que lo malo sea peor. Y magnifica la vida de formas increíbles. Las personas sensatas que ganan dinero pueden hacer cosas maravillosas con él. Creo que muchas personas que disponen de muchos recursos hacen obras muy benéficas. Hacen cosas con muy buen gusto. Hacen partícipes de su camino a sus seres queridos. Realmente aportan valor».
«Y luego está justo lo contrario: personas que simplemente intentan exprimir y aprovecharse de cada oportunidad de una forma horrible. Pero creo que tengo la suerte de poder decir que he visto tanto lo bueno como lo malo».
Gstaad Guy trabajaba en Apple cuando su cuenta de Instagram empezó a despegar rápidamente, al principio gracias a que las clases adineradas que veraneaban en chalés la compartían por Whatsapp, pues todos tenían una amiga como Constance. Vio un vídeo en YouTube sobre cómo fabricar productos baratos e imprimirlos bajo demanda. Publicó un enlace en una página web y se lo envió a sus seguidores, y en un par de horas ganó más dinero que con su sueldo mensual. Dejar su trabajo en la empresa más grande de la historia para dedicarse a tiempo completo a este personaje maravillosamente de nicho debió de parecer una decisión audaz (y desconcertante para sus padres). Pero está claro que le ha salido bien. Por poner un pequeño ejemplo, aunque revelador: Gstaad Guy fue el primer embajador que tuvo Loro Piana. Además, se dice que entre sus seguidores de Instagram se encuentra la mayor proporción de personas con patrimonios ultraelevados de toda la plataforma.
Un éxito estratosférico como este a veces puede parecer fácil desde fuera. Sin embargo, también ha habido fracasos. «La mayoría de los negocios que he intentado poner en marcha han fracasado por completo. Intenté crear una empresa de productos para el cuidado de la piel y fracasó. Un producto para el cuidado del cabello que fracasó. El negocio del rosado no va bien. He probado todas estas cosas distintas y un par de ellas han cuajado». Vistas en retrospectiva, las razones de los fracasos son fáciles de entender. «No tengo ninguna credibilidad en el ámbito del cuidado de la piel. Aquí tenemos a un humorista, con el ceño fruncido, diciéndome que confíe en su rutina de cuidado de la piel. ¿Lo estará diciendo en broma? La gente no quiere correr riesgos con su piel. Así que no funcionó».
Por otro lado, su empresa de pulseras de charms, Poubel — cuyo nombre procede de la expresión que utiliza Constance para desdeñar algo de mal gusto, desagradable o sencillamente inaceptable — goza de una enorme popularidad entre cierto público, que adora los pequeños símbolos pintados a mano que puede ir ensartando alrededor de la muñeca. Ya existe una colección oficial de St Moritz, que incluye una fondue en miniatura y un charm inspirado en el hotel The Palace de Gstaad que, por supuesto, está totalmente agotado.
«Quiero ayudar a la gente a entablar amistades lo antes posible».
Los eslabones de estas pulseras también crean vínculos. Son pequeñas bromas privadas que se pueden llevar puestas; una forma de romper el hielo. «En realidad, estoy jugando con la expresión personal», afirma Gstaad Guy. «Es un ámbito en el que tengo credibilidad. Ayudo a la gente a expresar quién es de una forma coherente con el resto de su vida. Y quiero ayudarla a mostrar una faceta de sí misma que a veces oculta». En definitiva, asegura: «Quiero ayudar a la gente a entablar amistades lo antes posible».
Gstaad Guy también está empezando a mostrar con cautela quién es en realidad, desprendiéndose poco a poco de la venerable máscara de Constance. En su relativamente nuevo Gstaad Guy Podcast aparece fuera de personaje y entrevista a invitados que van desde Eric Schmidt, de Google, hasta el gurú de la longevidad Bryan Johnson.
Es un entrevistador bueno y natural, y hace gala de la misma intuición social y curiosidad que convirtieron a Gstaad Guy en todo un éxito desde el principio. «Me encanta diseccionar las cosas y comprenderlas de verdad», afirma. «Me interesa la intención y entender por qué la gente actúa como actúa y consume como consume. No diría ni mucho menos que lo domino, pero comprender la intención es el primer paso para ser empático». Y la empatía lo es todo en la ola digital que sus creaciones han sabido cabalgar con tanta agilidad. En otras palabras: todo queda en familia.
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