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Por qué Cristal Rosé es un champán único en su especie

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Louis Roederer

Por qué Cristal Rosé es un champán único en su especie

Desde sus orígenes, Cristal Rosé destacó por un innovador método de vinificación conocido como «infusión suave». Aquí nos adentramos en su historia.

  • Texto de: Guy Woodward
  • Fotografía: Matthew Beedle
  • Estilismo de plató: Maya Linhares-Marx

Pol Roger tiene su Cuvée Sir Winston Churchill. Laurent-Perrier tiene Grand Siècle. En el caso de Moët Hennessy, pensemos en Dom Pérignon. Son las «cuvées de prestigio», las máximas expresiones de una casa de champán. La primera —y posiblemente la más venerada— de todas las cuvées de prestigio es, sin duda, Cristal.

Creado por Louis Roederer, Cristal se elaboró por primera vez en 1876 por encargo del zar Alejandro II de Rusia. Este exigió que se presentara en una botella de vidrio transparente para poder vigilar su contenido (el zar tenía muchos enemigos; el envenenamiento era un riesgo inherente a su cargo, al igual que, por ejemplo, las bombas). Hoy, la característica envoltura de celofán naranja de este espumoso (introducida para proteger el vino de los daños causados por la luz) es el complemento definitivo para cualquier fiesta.

Sin embargo, hay un champán que supera incluso a Cristal en capacidad de asombro; una cuvée demasiado rara como para rociarla por las zonas VIP. En mis 20 años en el mundo del vino, incluida una década en la revista Decanter , solo tuve ocasión de probarlo una vez. Producido por primera vez casi un siglo después que su hermano mayor, Cristal Rosé celebró el año pasado su 50.º aniversario. Y, para conmemorar la ocasión, pude catar seis —sí, seis— añadas de este vino unicornio.

La versión rosada fue una creación de Jean-Claude Rouzaud, la sexta generación de los Rouzaud al frente de la casa Roederer. Tras incorporarse al negocio familiar en 1967, a los 25 años, se convirtió en enólogo y director general en 1974, y ese mismo año no tardó en lanzar Cristal Rosé.

Rouzaud comenzó, como nacen todos los grandes vinos, en el viñedo. Mientras que la mayoría de los champanes son una mezcla de decenas —si no cientos— de parcelas diferentes, Cristal Rosé procede de una pequeña selección de las parcelas individuales más antiguas de Roederer. Es un ensamblaje de pinot noir de Aÿ, cuyas laderas calizas aportan una concentración vibrante, jugosa y de gran textura, y, como contrapunto, de chardonnay de Avize y Le Mesnil-sur-Oger, más calcáreo, salino y de maduración más tardía.

Desde sus inicios, Cristal Rosé destacó gracias a un innovador método de vinificación conocido como «infusión suave». El proceso, inspirado en los maestros japoneses del té, extrae los aromas más delicados de la pinot noir prensando únicamente las uvas, sin intervención mecánica alguna, lo que preserva la pureza y la complejidad de sus sabores. Mientras que en la mayoría de los champanes rosados la pinot noir y la chardonnay se vinifican por separado y después se ensamblan, Cristal se elabora mediante la cofermentación de ambas. «Así se obtiene un vino más preciso y elegante», afirma Jean-Baptiste Lécaillon, responsable desde hace años de las bodegas y los viñedos de Louis Roederer.

Bajo la dirección de Lécaillon, este método de infusión se ha perfeccionado constantemente y la fase de fermentación se ha afinado para aportar más matices aromáticos. En su máxima expresión, Cristal Rosé combina aromas maravillosamente sutiles de melocotones silvestres y frutos rojos, un toque salino y una textura sedosa: concentrado pero elegante, delicado pero con capacidad de envejecimiento.

Al catar una selección de añadas, se entiende por qué la casa ensalza la de 2008 como «sin duda, uno de los mejores Cristal Rosé jamás creados». La de 2012 es más rica, madura, cremosa y jugosa, mientras que la sublime añada de 1995 demuestra la capacidad de envejecimiento del vino, que desarrolla un carácter más complejo, sabroso y con notas de pan. (En la imagen superior aparece la añada de 2007).

Hoy, Louis Roederer es una de las últimas «grandes maisons» de Champagne que siguen en manos de una familia. Dirigida por Frédéric Rouzaud, hijo de Jean-Claude y representante de la séptima generación, continúa fiel al enfoque de su fundador, un hombre adelantado a su tiempo que adquirió sus propios viñedos para controlar todas las etapas de la producción.

Aunque muchas casas dependen en gran medida de uvas compradas, los extensos viñedos de Roederer abarcan ya 240 hectáreas, aproximadamente la mitad de las cuales cuentan con certificación ecológica. «Con el tiempo, nuestra filosofía se ha ido acercando más a la de un viticultor», afirma Rouzaud. De hecho, algunas de las parcelas destinadas al Cristal blanco se utilizan desde la primera añada, la de 1876, hace casi 150 años. Por mí, que siga así. Me da que se avecina otra cata de aniversario…

CRISTAL Louis Roederer Cristal Brut Rosé Millesime, louis-roederer.com

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