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Medio siglo de travesuras: Langan’s cumple 50 años

Medio siglo de travesuras: Langan’s cumple 50 años

Cuando abrió sus puertas en 1976, fue el primer templo de la diversión de Mayfair. Pero, medio siglo después, ¿puede Langan’s devolver un toque de desenfreno a la escena gastronómica londinense?

Hay una parte de mí que piensa que todos los restaurantes deberían ser, en realidad, una versión de aquel local de Uno de los nuestros, el Copacabana, al que Henry lleva a Karen en su primera cita, y donde la cámara los sigue con un movimiento envolvente por los ajetreados pasillos interiores, el bullicio de la cocina y la multitud que se agolpa, hasta salir al ambiente exclusivo frente al escenario, con la mesita, la lamparita y las vistas perfectas que les han conseguido solo a ellos: esos amigos nuestros, esos tipos listos, esos buenos muchachos. En Londres, solo un restaurante puede presumir de alimentar semejantes ensoñaciones, de desempeñar ese papel. Langan’s parece un lugar de película y de otra época, probablemente porque lo es. Ese letrero de neón rojo. Esa recepción en penumbra. Lo fundó una estrella de cine, Michael Caine, en octubre de 1976, así que esta semana cumple 50 años, o unos 750 en años de restaurante. Langan’s, famoso por el arte que cuelga de sus paredes, se ha convertido también en una suerte de viejo maestro.

Tres invitados posan juntos frente a Langan’s

Langan’s drew a crowd from the worlds of music, film and fashion.

Caine lo fundó junto a Peter Langan, un empresario que regentaba un local llamado Odin’s cuando conoció al actor, a quien le encantaba su cocina de brasserie francesa. Según contaba Caine, Odin’s le recordaba a La Coupole de París, por entonces el máximo exponente del auténtico bistrot. Así que, con la ayuda del chef Richard Shepherd y un precioso local lleno de luz junto a la estación de Green Park, ambos se propusieron crear «el restaurante más fabuloso de Londres», en palabras de Caine. «Fue la combinación de esas tres personas lo que realmente situó la gastronomía londinense en el mapa internacional», declaró recientemente Dylan Jones a la radio de la BBC, al hablar de su nuevo libro, Table Hopping.

Un chef prueba la comida de un cucharón en la cocina

French brasserie cooking was at the heart of Langan’s from the start.

David Hockney hizo las ilustraciones de la carta. Todo el mundo se dejaba caer por allí. El suflé de espinacas con salsa de anchoas triunfó de la noche a la mañana: un plato que evoca maravillosamente aquella época. Un poco como la foto de sir Michael Caine mirando con nerviosismo hacia una mesa de jóvenes provocadores que comían bajo la luz del sol, entre el humo que envolvía el comedor: una mesa en la que estaban todos los Sex Pistols, al parecer comportándose como unos angelitos. Y no es que se desalentaran las gamberradas. De hecho, corrían por cuenta de la casa. «Casi todas las noches —me contó una vez el fotógrafo Richard Young, que retrató aquel comedor más que nadie—, aquello era el espectáculo de Peter Langan». ¿Será verdad que Langan subsistía a base de doce botellas de champán al día? ¿O que una vez utilizó un Krug de añada para apagar una sartén en llamas en la cocina? En una ocasión, una comensal se le acercó diciendo que había encontrado una cucaracha en el baño. «Pues no puede ser de las nuestras —dijo Langan—. Esta cucaracha está muerta. Las nuestras están todas vivitas y coleando», antes de meterse el bicho en la boca y tragárselo entero. «Aunque solo la mitad sea verdad, sigue siendo una cantidad increíble de anécdotas», dice entre risas Graziano Arricale, propietario del local junto con James Hitchin desde que le devolvieron la vida tras la pandemia, en 2021.

«Era el espectáculo de Peter Langan».
David Charvet y Pamela Anderson de pie frente a Langan’s

Baywatch stars David Charvet and Pamela Anderson outside Langan’s in 1993.

Michael y Shakira Caine en la entrada de Langan’s

Langan’s co-founder Michael Caine and his wife Shakira at the brasserie in 1987.

Rod Stewart y Kelly Emberg frente a Langan’s

Rod Stewart and Kelly Emberg leaving Langan’s.

Mejor documentadas (estas cosas siempre lo están) quedaron las rencillas y las enemistades. De Marlon Brando, Langan dijo: «Lo único que sabía de él era que está aún más gordo que yo». Más tarde vetó la entrada a Rudolf Nureyev «por ser quien era». A Orson Welles lo tachó de «puto gordo estúpido» (¡dos de tres no está mal!). En otra ocasión, Langan se preguntó por qué el personal estaba sirviendo champán a Ronnie Corbett. «Peter, será bajito, pero no hacía falta decirle que es un p*** enano», dijo Shepherd, a quien a menudo no le quedaba más remedio que poner un poco de cordura. Langan se subió a la mesa de la princesa Margarita durante una de sus citas románticas, derribando jarras y vasos. AA Gill lo recuerda «comiéndose a una clienta en la barra». Su número de fiesta, cuando ya no le respondían las piernas, consistía en arrastrarse por el suelo y mordisquear tobillos.

«A la flor y nata le encantaba presenciar sus desmanes de borracho, del mismo modo que los victorianos disfrutaban de las visitas al manicomio de Bedlam», escribió Marina O’Loughlin.

Y, al final de todo, Langan dormía el sueño de los justos. «Avanzaba borracho y tambaleándose por el pasillo, se caía al suelo y se quedaba dormido», escribió Michael Winner en 2007. «Una de las peculiaridades pintorescas de Langan’s era tener que pasar por encima de aquel hombre tumbado en el suelo con un traje blanco».

Dos hombres frente a Langan’s

A glimpse of the Mayfair restaurant’s celebrity clientele.

(«También he vivido momentos bastante movidos allí», añadió Winner, en una de esas perlas demasiado buenas como para omitirlas. «Llevé a mi amigo O J Simpson y a su mujer, Nicole, después de ir a ver Cats. Puede que os hayáis enterado de que después se separaron en circunstancias un tanto insólitas…»)

Todo esto suena bastante cuestionable, al igual que la costumbre de Langan de lanzar, enfurecido, cuchillas de carnicero de un lado a otro de la cocina contra los cocineros que no daban la talla. Pero aquel hombre tenía un encanto indudable: era un genio loco. «Le echo muchísimo de menos. Estábamos muy unidos», declaró Shepherd a The Sunday Times en 2001. «Éramos casi almas gemelas. Muchas veces, cuando no sé muy bien qué hacer, pienso: ¿cómo lo habría hecho el viejo?»

Cincuenta años después, en el sector quedan muchísimos menos personajes de este calibre. De hecho, en todo el planeta. «Fue el primer chico malo del mundo de la restauración», dice Arricale. «Ahora nos tomamos la vida demasiado en serio, ¿no?»

«Fue el primer chico malo del mundo de la restauración».

Sí, lo es. Pero durante un día de esta semana, en un rincón muy concreto de Mayfair, no lo fue. Para celebrar el 50.º aniversario de Langan’s, Arricale y compañía decidieron, por un solo día, ofrecer un servicio extraordinariamente largo —«1000 comensales, que nos pareció una cifra redonda», dice Arricale con cierto nerviosismo— con toda la carta a precios de 1976. Por aquel entonces, con 18 libras te comprabas una casa a la vuelta de la esquina y te dabas un buen almuerzo con el director de tu banco. Y en estos tiempos de precios de vértigo, resulta igual de emocionante pensar en martinis a 2,50 libras o en ostras a 60 peniques o algo así. De algún modo, tiene incluso más gracia, ¿no crees?, que conseguirlo todo gratis. Un agujero de gusano que te devuelve a los buenos tiempos de antaño. ¿Ese que entra por la puerta de atrás no es Henry Hill? ¿La princesa Margarita acaba de mirarme con mala cara desde un reservado? El martes por la noche, el comedor vibraba entre risas, descorches, viejas amistades y un aire de travesura. Una mujer que había frecuentado el local en su época dorada, a finales de los setenta, le birló un cigarrillo a una modelo más joven. Un veterano me contó una historia que no puedo repetir. Una copa apareció en mi mano sin haberla pedido. En Langan’s, la diversión vuelve a estar en la carta.

Langan’s Brasserie

Mayfair, Londres

Langan’s Brasserie

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