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La historia del Aga Khan IV, el hombre con más contactos del mundo

La historia del Aga Khan IV, el hombre con más contactos del mundo

Tras conocerse la noticia de su fallecimiento, repasamos la vida y el legado del empresario más esquivo del mundo, el 49.º imán, el príncipe Shah Karim al-Husseini, Aga Khan IV

Muchos de los prestigiosos exalumnos de Harvard han aspirado a alcanzar la grandeza. Sin embargo, pocos se han visto obligados a asumir una enorme responsabilidad antes siquiera de que se secara la tinta de sus trabajos académicos. El príncipe Shah Karim Al Hussaini era un estudiante despreocupado, apasionado por el fútbol y el esquí, que tenía por delante la perspectiva de doctorarse en Historia.

Sin embargo, tras la muerte de su abuelo en 1957, el joven príncipe Karim fue elegido inesperadamente gobernante y líder religioso de todos los musulmanes ismailíes del mundo. Al estar a la altura del reto que de repente se le planteó, sentó las bases de los siguientes 60 años de su reinado. Hoy, el Aga Khan IV es uno de los líderes espirituales más admirados y, a la vez, más enigmáticos de la era moderna.

Se dice que el Aga Khan es descendiente directo del profeta Mahoma y el 49.º imán hereditario de los musulmanes ismailíes. Como imán, ostenta el título de Su Alteza el Aga Khan, una dignidad que heredó de su abuelo cuando estudiaba en la Universidad de Harvard, con tan solo 20 años. Se describió a sí mismo como «un estudiante universitario que sabía cuál iba a ser su labor durante el resto de su vida».

Incluso su sucesión fue poco convencional. El Aga Khan III rompió con 1.300 años de tradición y se saltó a su hijo para favorecer a su nieto. Cuando retomó sus estudios tras una pausa de ocho meses, sus compañeros de clase lo llamaban «Jesús» y, según sus propias palabras, aquello «era motivo de muchas bromas en el campus».

The Aga Khan participated in the 1964 Innsbruck Olympic Games

En su testamento, su predecesor explicó que «en vista de los cambios que se han producido en el mundo en los últimos años, incluidos los descubrimientos de las ciencias atómicas, estoy convencido de que lo mejor para la comunidad musulmana ismailí chií es que me suceda un hombre joven».

En muchos sentidos, el Aga Khan de la era atómica es más moderno de lo que su predecesor podría haber esperado. No comparte la opinión de que los líderes religiosos deban imitar a sus seguidores más pobres. Además, rompe prácticamente con todos los estereotipos musulmanes tradicionales.

Los ismailíes son una rama esotérica y heterodoxa del islam que tiene más en común con el hinduismo (muchos de los primeros ismailíes eran conversos procedentes del hinduismo) que con el islam «fundamentalista». Por ejemplo, los ismailíes tienen prohibido llevar velo.

No obstante, siguen siendo una minoría chií considerada herética y, a lo largo de la historia, ser ismailí ha sido peligroso, especialmente en la India, Pakistán y, actualmente, Siria, lo que ha llevado a muchos a buscar refugio en zonas remotas. Como consecuencia de las amenazas tanto tradicionales como modernas, combinan una discreta reserva con un secretismo motivado por el miedo.

Un ejemplo reciente y estremecedor de lo justificado de su temor tuvo lugar en Karachi en mayo de 2015, cuando ocho hombres armados atacaron a tiros un autobús. Cuarenta y seis pasajeros fueron masacrados, todos ellos ismailíes. El ISIS reivindicó la autoría, lo que llevó a muchos a especular que el ataque tuvo una motivación religiosa.

Pero, aunque puede ser peligroso, la labor del Aga Khan también convirtió a los ismailíes en una minoría atípica, próspera y con un alto nivel educativo en algunas de las regiones más pobres del planeta. Y gran parte de ello no habría sido posible sin la inmensa fortuna del Aga Khan.

Karim Aga Khan de vacaciones en la Riviera francesa

Karim Aga Khan On Holiday On The French Riviera, 1959

El origen de la fortuna del Aga Khan es objeto de intriga y controversia. Es indudable que forma parte de una élite inmensamente rica: se dice que solo su mediático proceso de divorcio, que duró diez años, de su segunda esposa, la princesa Gabriele de Leiningen, le costó 50 millones de libras. También mantenía un yate de 100 millones de libras, Alamshar, bautizado a su vez en honor a uno de sus preciados caballos de carreras.

Pero, aunque al Aga Khan se le llamaba príncipe, no era como los reyes y sultanes multimillonarios que pueden contar con la riqueza material procedente de los recursos naturales de sus países. Su fortuna privada, en cambio, provenía directamente de sus seguidores.

Sus ingresos anuales procedían de las donaciones de 15 millones de ismailíes, que le entregaban regularmente entre el 10 y el 12 % de todos sus ingresos. Se desconoce la cuantía exacta de estas aportaciones, pero las estimaciones apuntan a que podrían ascender a cientos de millones cada año. En la lista de Forbes de los monarcas más ricos del mundo, se estimaba que su fortuna era de 800 millones de dólares, mientras que Vanity Fair sugería que se acercaba más a los 1.300 millones de dólares.

Racehorse Shergar with the Aga Khan

Pero, como explicó un portavoz de la Red de Desarrollo Aga Khan, «la gente siempre confunde erróneamente la riqueza privada del Aga Khan con los ingresos de su red de desarrollo». La Red de Desarrollo Aga Khan (AKDN) es una de las mayores agencias de desarrollo del mundo y destina 625 millones de dólares al año a proyectos económicos, culturales y sociales, a menudo en países donde no hay ningún ismailí.

En comparación con el presupuesto anual de 625 millones de dólares de la AKDN, los ingresos personales del Aga Khan parecían calderilla. Además, dado que la AKDN está formada por más de 70 empresas sostenibles con ánimo de lucro, en realidad genera más de 3.500 millones de dólares al año, que se reinvierten íntegramente en proyectos de desarrollo.

Lo que realmente distingue a la Red de Desarrollo Aga Khan de otras ONG similares es que no se dedica a recaudar fondos. Gracias a las donaciones de los seguidores del Aga Khan, la AKDN no necesita captar fondos para sus proyectos. De hecho, ocurre justo lo contrario: los gobiernos nacionales y las instituciones de financiación, como el Banco Mundial, solicitan la ayuda de la AKDN para facilitar la ejecución de sus proyectos.

«Es esta labor la que el Aga Khan ha convertido en la obra de su vida», explica el doctor Faisal Devji, uno de los principales expertos mundiales en los ismailíes, «y ha redefinido por completo el papel del Aga Khan». Según el doctor Devji, el Aga Khan Atómico había transformado su «riqueza espiritual y material en un poder moderno que ha cambiado de forma tangible la vida no solo de sus seguidores, sino también de personas de todo el mundo».

Aunque nunca fue abiertamente política, la AKDN convirtió al Aga Khan en un influyente mediador de la era moderna en algunas de las regiones más importantes y volátiles del planeta. Un ejemplo especialmente interesante tuvo lugar en 2002, en plena guerra de Afganistán, cuando las ya deficientes infraestructuras del país sufrieron un golpe casi mortal.

Prince Charles and the Aga Khan in Pakistan, 2006

Mientras las tropas de los gobiernos occidentales aún permanecían sobre el terreno, fue el Aga Khan quien decidió ayudar invirtiendo en un país en el que pocos más estaban dispuestos a hacerlo. Al contribuir a la creación de Roshan, una empresa de telecomunicaciones valorada en 600 millones de dólares, la AKDN logró mantener operativa la red telefónica del país. Actualmente, Roshan es el principal operador de telecomunicaciones de Afganistán y ofrece cobertura a más del 71 % de la población, conectando a 6,5 millones de abonados activos.

Otros proyectos de inversión en los sistemas sanitario y educativo de Afganistán han demostrado ser igual de eficaces. El programa de matronas de la AKDN ha reducido la tasa de mortalidad infantil de 1.600 muertes por cada 100.000 habitantes a menos de 400.

Hay demasiados proyectos finalizados, previstos o en curso como para enumerarlos todos, que en conjunto suman miles de millones de libras en inversiones de capital: desde la central hidroeléctrica de Bujagali, de 900 millones de dólares, que cuenta con una presa en el río Nilo y suministra el 50 % de la electricidad de Uganda, hasta la finalización este año de la Universidad de Asia Central, fruto de más de 15 años de trabajo y con campus en Tayikistán, la República Kirguisa y Kazajistán.

Es en su gestión de la AKDN donde se aprecia con mayor claridad quién era el Aga Khan. Asumió el papel de líder espiritual de millones de personas de muy diversa procedencia, repartidas por algunas de las regiones más pobres y con mayor diversidad étnica del mundo, y se convirtió en su director ejecutivo, como si hubiera salido directamente de las páginas de un manual de la Harvard Business School. En ese sentido, fue el papa-director ejecutivo de una religión moderna.

The Aga Khan on his stud farm, Aiglemont

El proyecto que más cautivó al público en los últimos años fue también quizá el que mejor reveló cómo su estilo de gestión, propio de un consejero delegado, acabó moldeando su legado. En 2005, el Aga Khan accedió a donar más de 40 millones de euros para restaurar el Château de Chantilly, un palacio de recreo cercano a París comparable a Versalles.

Sin embargo, en 1998 el coste de gestionar la finca de Chantilly se había vuelto demasiado elevado para sus propietarios, el Institut de France, lo que llevó al World Monuments Fund a incluirla en una lista de monumentos en peligro. Cuando se anunció que el hipódromo de Chantilly, que forma parte de la finca, iba a cerrar, los máximos responsables de France Galop, el organismo rector de las carreras de caballos en Francia, concertaron una reunión urgente con el Aga Khan.

Tanto su padre como su abuelo habían sido célebres apasionados de los caballos, pero cuando le suplicaron que salvara el hipódromo, el Aga Khan se limitó a responder: «Mis intereses son mucho más amplios».

Finalmente, el Aga Khan accedió a ayudar a devolver al Château su antiguo esplendor, pero solo durante 20 años.

«Toda la zona tiene un enorme potencial económico —explicó— que nunca se ha estudiado a fondo». En sus planes para la finca, esperaba que el Château de Chantilly «se convierta en un activo cultural completamente replanteado y reestructurado, así como en una unidad económica autosuficiente». La inversión se destinó a fomentar el turismo durante todo el año mediante la restauración de los jardines de la finca y la creación de un gran espacio expositivo.

Sin embargo, aunque su red de desarrollo se ha convertido en la favorita de gobiernos como el francés, donde el dinero del Aga Khan permite financiar proyectos sin recurrir al presupuesto público, hay regiones en las que su influencia ha generado problemas de considerable magnitud.

The Aga Khan at the launch of "Azzurra" in 1985

En 1992 estalló una sangrienta guerra civil en Tayikistán después de que la población mayoritariamente musulmana ismailí de la región autónoma de Gorno-Badakhshan declarara su independencia. La región tayika sigue siendo una de las zonas más pobres y remotas del planeta y comparte con Afganistán fronteras desprotegidas que utilizan con frecuencia los traficantes de heroína y que, en aquella época, también utilizaba Al Qaeda.

A pesar de los grandes esfuerzos de un grupo de trabajo de la ONU y del Gobierno central tayiko, en 1997 muchos de los militantes ismailíes seguían negándose rotundamente a deponer las armas. Los diplomáticos rusos, chinos y occidentales tenían intereses particulares en que un antiguo Estado soviético rico en minerales alcanzara la paz, pero nadie parecía capaz de poner fin al conflicto y todo apuntaba a que Tayikistán acabaría dividido permanentemente en dos Estados, hasta que llegó el Aga Khan.

Tras haber permanecido aislado de sus seguidores ismailíes durante los 70 años de ocupación soviética de Gorno-Badakhshan, el Aga Khan estaba decidido a poner fin a la guerra. Valiéndose de los vastos recursos de su ONG y de su propia autoridad espiritual, pidió a sus seguidores que depusieran las armas.

En lo que se ha descrito como «un logro extraordinario y sin precedentes», una persona no originaria del país y con una vinculación poco estrecha puso fin a una guerra civil, todo porque la población local confiaba mucho más en el Aga Khan que en el presidente autocrático de Tayikistán, Emomali Rahmon.

Independientemente de si su participación en acontecimientos como la guerra civil tayika tuvo una influencia positiva o negativa en el mundo, puede afirmarse que la fortuna del Aga Khan, su red de desarrollo y su autoridad tanto secular como espiritual contribuyeron a convertirlo en un caballero que realmente ha cambiado el mundo.

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