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Todo lo que necesitas saber sobre el nuevo Ferrari 849 Testarossa

Desde sus tapas de balancines escarlata hasta su estrellato con hombreras, el Testarossa de Ferrari siempre ha sido mucho más que un coche. Cuatro décadas después de alcanzar su apogeo en los años ochenta, el nombre regresa asociado a un híbrido de 1.036 CV concebido para los excesos modernos.

«Testarossa» significa «pelirroja» en italiano. Puede que te vengan a la mente Gina Lollobrigida o la Venus de Botticelli, pero no. Se utiliza para describir las tapas de balancines de color carmesí de un Ferrari.

Y el coche que estás imaginando ahora mismo es el Testarossa que salió en 1984, ¿verdad? Lo conozco bien, porque cuando tenía diez años llevaba uno estampado en la funda del edredón. Desgasté la alfombra de mi habitación jugando con un modelo rojo de Burago. Toda una generación de niños se pasó horas contemplando su trasero de rejilla negra mientras jugaba a Out Run en los salones recreativos. El coche hollywoodiense por excelencia de los años ochenta fue el Testarossa blanco de Miami Vice. Sus únicos rivales fueron Knight Rider, el DeLorean de Back to the Future y la furgoneta de A-Team.

En realidad, la historia del Testarossa comenzó en 1956 (poco después de que Marty McFly evitara una complicada situación edípica), cuando Enzo Ferrari aplicó esta denominación al rarísimo 500 TR. En 1957 llegó el deslumbrante 250 Testa Rossa. El coche de los ochenta —la viva imagen de los excesos de la década plasmada en aluminio y acero— se conocía internamente como Tipo F110. Sus branquias laterales, semejantes a un rallador de queso, se convirtieron en todo un icono. Pero, aunque representa uno de los momentos cumbre del Cavallino Rampante en la cultura popular, lo cierto es que el F110 no era realmente un coche demasiado bueno. En cuanto a velocidad, un Range Rover moderno se lo merendaría. Si entrabas demasiado rápido en una curva y levantabas el pie del acelerador en pleno giro, los pantalones de tu traje de lino blanco necesitarían una limpieza en seco urgente.

Los años ochenta y noventa, por supuesto, vuelven a estar de moda. Quizá por eso se ha resucitado el nombre Testarossa tras 35 años en el olvido. Sin embargo, el coche que lo lleva —Tipo F173M a nivel interno, pero Ferrari 849 Testarossa para el resto del mundo— no es un ejercicio de nostalgia. No hay rejillas tipo rallador de queso ni, por desgracia, faros escamoteables. El nombre se decidió después de diseñar el coche, así que responde más que nada a una cuestión de marketing. El «849» alude al número de cilindros (8) de su motor de cuatro litros y a la cilindrada de cada uno de ellos en centímetros cúbicos (49). Eso es aún más propio de frikis que lo de la tapa de balancines. Yo daba por hecho que hacía referencia a la potencia, pero ¿en qué estaba pensando? En realidad, ¡rinde 1.036 CV! Es un híbrido, por lo que 819 CV proceden de su corazón de gasolina, que además incorpora los turbocompresores más grandes jamás montados en un Ferrari. El resto lo aportan sus tres motores eléctricos.

El 849 coupé, con un precio de 407.617 libras (o 442.467 libras en el caso del Spider), corona la gama de modelos de producción de Maranello, aunque se sitúa por debajo del hiperdeportivo F80 de producción limitada, valorado en 3,1 millones de libras, con el que comparte algunos rasgos del frontal, en concreto la máscara negra al estilo del Zorro que disimula los faros. Las aletas traseras evocan a otro Fezza moderno de siete cifras, el SP3 Daytona. Los alerones dobles de la zaga recuerdan al extremo FXX-K, una máquina exclusiva para circuito que parece, literalmente, la palabra inglesa que empieza por «F» plasmada sobre el papel. El 849 es tan descarado que podrías confundirlo con un Lamborghini.

Las inserciones de Alcantara de colores aportan luminosidad al interior. Un arco curvo se extiende desde el salpicadero hasta el reposabrazos central, delimitando las zonas del conductor y el pasajero y confiriendo al habitáculo una sensación arquitectónica de amplitud. El selector de la transmisión, acabado en aluminio cepillado y dotado de tres palancas, imita la famosa rejilla en H del cambio manual que Ferrari dejó de utilizar en 2014.

A diferencia del F110 de 1984, el Testarossa de 2026 es endiabladamente rápido y se agarra al asfalto como una lapa. Acelera de 0 a 60 mph en menos de 2,3 segundos y no afloja hasta que la aguja supera las 205 mph. Cuenta con un sistema de suspensión de una complejidad desconcertante que utiliza sensores 6D para interpretar cada acción del conductor y distribuir el par con precisión. La mayor parte del tiempo funciona con tracción trasera, pero, cuando es necesario, también transmite potencia a las ruedas delanteras. El sistema de frenado, completamente nuevo, utiliza algo llamado «anti-jerk», que quizá ahuyente a la mayoría de los clientes de Ferrari.

El sobreviraje al levantar el pie del acelerador es cosa de un pasado lejano. En realidad, los Ferrari son muy fáciles de conducir, sobre todo si se va entrando poco a poco en materia mediante los distintos ajustes de tracción del mando Manettino del volante. Cada modo —Wet, Sport, Race, CT Off (control de tracción desactivado) y ESC Off (control electrónico de estabilidad desactivado)— va reduciendo las ayudas a medida que aumenta la confianza en cómo el coche gira en las curvas, saca músculo al pisar el acelerador y devora las marchas. La suspensión, el agarre y el tacto hacen que cada fibra de tu cuerpo participe en la experiencia, pero necesitas un circuito para hacerte una mínima idea de lo que es capaz, a menos que tengas un abogado excelente. En carretera abierta nunca llegarás a acercarte al límite de sus posibilidades. Por eso te divertirás mucho más conduciendo su hermana pequeña, el 296, que es igual de sofisticado y emocionante y cuesta casi la mitad.

Sin embargo, si eres fan de Miami Vice no aceptes imitaciones. Ponte unas Wayfarer, súbete las mangas de la chaqueta y atrapa a unos narcotraficantes. Según parece, se está preparando una nueva versión de Miami Vice y Austin Butler y Michael B. Jordan están en conversaciones para interpretar a Crockett y Tubbs. Si quieres protagonizar tu propio reinicio, tu Testarossa te espera.

Especificaciones del Ferrari 849 Testarossa

Motor
3.990 cc, ocho cilindros, biturbo, gasolina, más tres motores eléctricos
Potencia
1.036 CV (combinados)
Par motor
842 Nm del motor de combustión (motores eléctricos: dato no revelado)
Aceleración
De 0 a 100 km/h en 2,3 s
Velocidad máxima
205 mph
Combustible
21 mpg
CO2
212g/km
Peso
1,570kg
Precio
407.617 £ (o 442.467 £ para el Spider)
849 Testarossa

Ferrari

849 Testarossa

£407,617.00
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