
Tim Brown, fundador de Allbirds, lo tiene todo bien atado
El orgulloso neozelandés, exfutbolista y revolucionario del calzado habla de sencillez, sostenibilidad y estilo…
- Texto de: Jonathan Wells
Tim Brown siempre ha sabido jugar en equipo. Cuando era adolescente y crecía en Nueva Zelanda, no tardaron en fijarse en él: un habilidoso centrocampista que fichó por el Miramar Rangers, uno de los clubes de fútbol más laureados del país. Después llegaron las convocatorias y los billetes de avión: una temporada en Virginia, otra en Nueva Gales del Sur y un ascenso constante en el mundo del fútbol. Cuando regresó a casa, Brown fue nombrado vicecapitán del Wellington Phoenix FC e incluso, en alguna ocasión, capitaneó a la selección nacional, los «All Whites».
Pero cuando el pitido final puso fin a su carrera profesional, el instinto de Brown para colaborar —para compartir ambiciones y éxitos— no desapareció. Hace aproximadamente una década, gracias a un afortunado cruce de caminos, conoció a Joey Zwillinger, un ingeniero californiano apasionado por las cuestiones medioambientales. Congeniaron y no tardaron en fundar Allbirds: una empresa de calzado basada en la sostenibilidad, la sencillez y un toque de sobriedad neozelandesa.
Hoy, conectándose por Zoom desde su Nueva Zelanda natal, Brown reflexiona con serenidad sobre cómo sus primeros años en el deporte —durante los cuales aprendió el valor de la confianza, la claridad y el esfuerzo colectivo— dieron forma a la marca. En el fútbol, afirma, todos conocen sus funciones y responsabilidades; las líneas están claramente trazadas. En los negocios, las cosas están menos definidas, aunque el principio fundamental sigue siendo el mismo: solo se puede ganar en equipo.
«Aunque», admite Brown, «en el mundo empresarial las cosas pueden ser algo menos claras. Si no sabes quién toma una decisión, eso puede generar frustración. En el deporte es más fácil, ya que normalmente se trata de un grupo de apenas 15 o 20 personas; trasladar eso a la escala de una empresa es difícil».

Tim Brown and Joey Zwillinger (photography by Cayce Clifford)
La carrera deportiva de Brown también lo acercó al mundo de la ropa deportiva moderna. Patrocinado por cierto coloso del «swoosh», vivió de primera mano muchos de los problemas del sector. «Las zapatillas tenían un diseño excesivo y demasiados logotipos. Había un hueco en el mercado para algo sencillo. Pero resulta que hacer algo sencillo es muy, muy difícil. La comodidad quizá sea también la principal razón por la que la gente compra zapatillas, pero a menudo se asocia con la fealdad».
La solución surgió de forma natural, en todos los sentidos de la palabra. «Como vengo de la tierra de las ovejas, vi que la lana ofrecía una oportunidad que se había pasado por alto», explica. Al fin y al cabo, la lana forma parte del tejido de la propia historia de Nueva Zelanda. Brown recuerda los uniformes escolares de lana y nunca ha olvidado un artículo de revista que leyó hace dos décadas en su apartamento de Wellington sobre el declive de la industria lanera del país.
«Pero, sorprendentemente, cada vez hay más conciencia sobre los peligros del plástico», afirma Brown. «La gente está diciendo “basta” y volviendo a la naturaleza. Y, si se aprovecha y se transforma de la manera adecuada, la naturaleza puede ofrecer mejores experiencias de producto. La lana, por ejemplo, absorbe la humedad y regula la temperatura. Es una fibra milagrosa».
El atractivo de la historia tampoco pasa desapercibido para Brown. Reconoce que «habría quedado bien en el relato» que se hubiera criado en una granja de ovejas, pero le basta con ser neozelandés. Al fin y al cabo, afirma que las dos exportaciones más famosas de su país son los All Blacks y las ovejas. «Y ahora la lana ocupa un lugar destacado en el mercado del lujo y cobra cada vez más importancia en la moda masculina y la ropa deportiva, pese a que, francamente, se ha promocionado fatal. Pero la lana está resurgiendo. Nadie está ahí fuera animando al plástico».


The brand's name is a reference to an observation made by New Zealand’s first settlers, who found themselves in a nation of “all birds” when they arrived. But it feels entirely apt, given how effortlessly the shoes seem to take flight. Lightweight construction, flexible soles and minimal seams lend the designs an incredibly ergonomic quality. Yet function never wholly pulls focus from style; minimalism reigns. “I’m always taking logos off stuff,” laughs Brown, “and unstitching things. We’ve always called our design approach: ‘the right amount of nothing’.”
Brown llegó a esta filosofía de diseño en Estados Unidos, mientras estudiaba en la Facultad de Diseño de la Universidad de Cincinnati, «una escuela muy austera, inspirada en la Bauhaus». Y, tras fichar como profesional, aprovechaba los días de viaje con el equipo para esbozar diseños de calzado durante los vuelos de larga distancia. El diseño, afirma, siempre ha estado en su ADN. «Pero diseño con “d” minúscula», añade.
"There’s a wool comeback underway. No-one’s out there cheering for plastic…"
Brown y Zwillinger cultivaron esta aptitud natural aprovechando su mentalidad de equipo y reuniendo a un grupo de diseñadores expertos y colaboradores. También contaron con proveedores de materiales como SweetFoam™, derivado de la caña de azúcar, y TENCEL™ Lyocell. En 2016 debutó la Wool Runner, seguida poco después por modelos emblemáticos de la marca como la Dasher y la Tree Runner. No dejaron a nadie indiferente y conquistaron muchos pies. Barack Obama lució unas a pie de pista durante un partido de baloncesto de Duke. Matthew McConaughey salió a la calle con otro par. DiCaprio siguió sus pasos y acabó incorporándose a Allbirds como inversor en 2018. Incluso la entonces primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, se declaró admiradora de la marca.
«Pero, para mí —dice Brown—, es cuando te cruzas con alguien que las lleva puestas en un aeropuerto o por la calle. Es entonces cuando siento verdadero orgullo, pero también cuando pienso: ¿podrían ser mejores? Esa sensación no desaparece. Esta misma mañana salí a correr y vi a una madre con su hija. Llevaba unas Dashers. Quería pararme a preguntarle por ellas, pero no puedes hacerlo. Es algo muy propio de los emprendedores: pensar constantemente en cómo se puede retocar o perfeccionar algo. Quienes estén pensando en crear una empresa deben saberlo: forma parte del proceso, esa sensación constante de buscar, esforzarse y preocuparse».

En mayo de 2023, Brown «se alejó de la primera línea», pasando de codirector ejecutivo a director de innovación. Fue un nuevo capítulo con la mirada puesta en el futuro dentro de la historia en constante evolución de Allbirds, una empresa que nunca se apartó de su promesa fundacional de autenticidad y sencillez natural. Pero, a medida que la marca sigue creciendo, la pregunta sigue siendo la misma: ¿cómo puede Brown conservar ese espíritu de empresa emergente?
«¡Bueno, esa es la pregunta del millón!», dice entre risas (casualmente, Allbirds facturó 189 millones de dólares el año pasado). «Contrata a personas que sepan lo que hacen. Implanta sistemas y procesos. Define las funciones y responsabilidades y no pierdas nunca el espíritu de lucha que te llevó hasta allí. Nos encontramos en un momento realmente interesante —acabamos de celebrar nuestro décimo aniversario—, aferrándonos a lo que representamos con la madurez que aporta una década en el mercado. Es un auténtico privilegio ver cómo evoluciona de esta manera».
Brown atribuye gran parte del éxito de Allbirds a sus orígenes poco convencionales. La empresa surgió de la curiosidad, más que de un plan estratégico rígido. No nació de un libro de negocios —«aunque después he leído muchos de ellos», puntualiza Brown. En su mesita de noche se pueden encontrar Setting the Table, de Danny Meyer, fundador de Shake Shack; Team of Rivals, de Doris Kearns Goodwin, la historia real de cómo Abraham Lincoln formó un gabinete con sus críticos más acérrimos. «Y Shoe Dog, por supuesto», añade, «por la perseverancia, el valor y el tiempo que hacen falta para construir algo, aspectos que la gente suele pasar por alto debido al sesgo de lo reciente en torno al éxito».


Brown se encuentra en una posición envidiable —no como centrocampista, sino como fundador de una marca de éxito—, con lecciones aprendidas a base de esfuerzo y la perspectiva que da el tiempo (por no hablar de esos libros de bolsillo imprescindibles). Así que, aunque Allbirds se dedique precisamente a la lana, dejémonos de rodeos y preguntémosle directamente a Brown: ¿cómo consiguió atarlo todo tan bien? ¿Y qué enseñanzas transmitiría a los emprendedores que hoy empiezan a dar sus primeros pasos?
«No busques un problema», dice. «Escucha lo que sientes, aquello en lo que crees y lo que realmente quieres hacer. Tienes que ser totalmente sincero contigo mismo sobre si puedes y quieres hacer algo. Las personas más brillantes son muy buenas en una o dos cosas, pero hay muchas otras que no saben hacer. Así que busca un cofundador y, en última instancia, un equipo y proveedores de servicios. No puedes hacerlo todo tú solo. Este juego es difícil y, para ganarlo, hace falta una combinación muy particular de confianza, obstinación, una humildad increíble y autoconocimiento».
¿Quieres descubrir más perspectivas sobre diseño? Samuel Ross habla sobre contracultura, conciencia de clase y colaboración creativa...
Hazte miembro de Gentleman’s Journal. Descubre más aquí.

