
Las personas más influyentes del mundo
En una era de verdades fragmentadas, poder algorítmico y saturación cultural, la influencia ya no fluye de forma ordenada de arriba abajo. Esta es una guía definitiva de las figuras que están dando forma a la política, la tecnología, la cultura y las creencias, y de lo que realmente significa hoy la influencia.
- Texto de: Joseph Bullmore
La cuestión de la «influencia» podría ser la verdadera preocupación que guía nuestro tiempo. ¿Cómo nos influye la tecnología que utilizamos? ¿Quién influye realmente en los asuntos mundiales? ¿Cómo podemos estar seguros de que las fuerzas de influencia de la información son fiables, reales y humanas? ¿Bajo la influencia de quién actúan realmente los políticos y quienes ostentan el poder en la actualidad? ¿Y qué será lo próximo que intente venderme este influencer? Durante la inmensa mayoría de la existencia humana, la influencia ha sido lineal, coherente, casi directa: una estructura de poder (para bien y para mal) de arriba abajo; del líder a sus seguidores. Semejante simplicidad parece ahora un auténtico lujo, en una era digital y de capitalismo tardío en la que las culturas y las sociedades están atomizadas y crispadas, y en la que la información resulta abrumadora por su volumen y decepcionante por su calidad. La siguiente lista trata de reunir a las personas más influyentes del mundo actual, desde quienes ejercen el poder blando hasta quienes rozan la dictadura. Pero también pretende examinar la propia naturaleza de la influencia en el momento actual y ofrecer algunas pistas fundamentales sobre el rumbo que podrían tomar las cosas.
Donald Trump — presidente de los Estados Unidos de América
¿Qué ondas puso en movimiento Barack Obama con aquella broma inocente, hace ya tantas lunas y tantos escándalos, en la cena de corresponsales de la Casa Blanca? Ahora, en su segundo mandato tras un regreso que parecía demasiado inevitable, Donald Trump —con su inconfundible peinado tan desafiante como siempre— está compensando la relativa moderación de su primera etapa, actuando con una impunidad desbocada y aplicando políticas autoritarias que abarcan desde aranceles perjudiciales para la economía hasta la práctica invasión de naciones soberanas. Y aunque la OTAN pueda desmoronarse y Groenlandia ser anexionada, quizá el legado perdurable de Trump sea el impacto que su presidencia ha tenido en el concepto de verdad: antes un ideal bastante sencillo, pero ahora, unido a las alucinaciones de la IA, algo escurridizo, fluido y totalmente mutable. Persiste la sensación de que, cuando Trump sea apartado del poder en las próximas elecciones —si es que lo es—, las cosas empezarán a volver a la «normalidad». Pero MAGA no fue tanto una creación de Donald Trump como algo que él supo canalizar: quizá la conclusión inevitable de una nación que nunca ha estado realmente en paz consigo misma y cuya población trabajadora se enfrenta a una desigualdad creciente, unos valores profundamente divididos y la progresiva mercantilización tanto de la salud como de la felicidad.
Xi Jinping — presidente de China
Xi Jinping ha alcanzado su poder e influencia mediante una acumulación gradual, no por la fuerza bruta. Tras más de una década en el poder y con los límites de mandato eliminados, controla de facto casi todos los aspectos de la vida en China y, dada la rápida industrialización del país, casi exponencial, también casi todo lo demás. China representa ya por sí sola aproximadamente un tercio de la producción manufacturera mundial, mientras que su presencia en Taiwán y el mar de China Meridional recuerda al mundo su poder militar latente. Así, el poder de Xi se despliega como sus infraestructuras: de forma constante y rápida a la vez, como una acumulación progresiva y no como un espectáculo pirotécnico, en marcado contraste con el líder mundial al que amenaza de manera más evidente.
Vladímir Putin — presidente de Rusia
Para Putin, la guerra se ha convertido en una política de Estado. Tres años después de la invasión de Ucrania, Rusia ha reorientado su economía para resistir a largo plazo, relegando las sanciones internacionales y la condena generalizada a un mero ruido de fondo: simplemente el precio que hay que pagar, a su juicio, para devolver a Rusia el imperio y la posición histórica que le corresponden. Ahora que el dirigente postsoviético se adentra en la segunda mitad de la setentena, su control sobre Rusia es casi absoluto (lo que, según la estimación del periodista Bill Browder, lo convierte de hecho en el hombre más rico del mundo); por tanto, su capacidad para provocar repercusiones en toda Europa y el resto del mundo sigue siendo enorme y, a menudo, aterradora.
Narendra Modi — presidente de la India
India tiene una población de 1.400 millones de habitantes y es, con diferencia, la gran economía que más rápido crece del mundo: un contrapeso subcontinental al poderío manufacturero de China, gracias a su control de facto de la cadena de suministro mundial. Modi se mantiene al frente con agilidad y firmeza, equilibrando las relaciones entre Washington, Moscú y Pekín con una destreza asombrosa y la confianza que le otorga su enorme peso demográfico. ¿Podría el siglo XXI acabar perteneciendo a India?
Keir Starmer — primer ministro del Reino Unido
Aunque quizá no lo perciba en el día a día, el primer ministro británico, Keir Starmer, sigue siendo una figura enormemente influyente en la escena mundial, en cierta medida gracias al peso histórico de Gran Bretaña y a su «relación especial» con Estados Unidos, pero también porque quizá encarne cierta estabilidad y sensatez tras varios años de disparatada volatilidad y dirigentes muy por debajo de lo exigible. Sus críticos dirán que no se trata tanto de estabilidad como de inmovilismo, y que, como consecuencia, Gran Bretaña está sumida en un lento declive; sus defensores, en cambio, señalarán la ruptura que supuso el Brexit como la principal causa del estancamiento actual, uno del que quizá solo Starmer pueda sacarnos a todos con su meticulosa pericia jurídica.
Claudia Sheinbaum — presidenta de México
Sheinbaum es física de formación, por lo que está acostumbrada a contemplar a la vez lo inmenso y lo diminuto, algo que puede resultar útil en una nación en pleno auge de 130 millones de habitantes que, sin embargo, se enfrenta a problemas fundamentales en su día a día. Como primera mujer presidenta del país, Sheinbaum supervisa ahora el aumento de los ingresos procedentes de la externalización desde Estados Unidos, al norte, al tiempo que trata de mejorar de forma pragmática un país azotado tanto por la violencia de los cárteles como por las presiones climáticas.
Javier Milei — presidente de Argentina
En 2019, el actual presidente de Argentina se presentó en la Comic-Con de Buenos Aires vestido con el traje negro y dorado de su alter ego: un superhéroe anarcocapitalista llamado «General Ancap». Ahora, varios años después, la personalidad televisiva reconvertida en político dirige su país con un radicalismo similar: limita los poderes del Estado, recorta las subvenciones, flexibiliza los controles cambiarios y busca la aprobación del FMI. Y aunque la inflación ha descendido tras un periodo aterrador en el que alcanzó cifras de tres dígitos, sus ciudadanos siguen sufriendo graves dificultades económicas, mientras que su singular imagen y estilo transmiten al mundo el mensaje de que la excentricidad aún puede ser el factor decisivo para ganar elecciones en nuestra época.
Ursula von der Leyen — presidenta de la Comisión Europea
La reina del poder europeo parece el arquetipo de una líder burocrática: reguladora, discreta, serena y de una firmeza silenciosa. Sin embargo, bajo su mandato, los mercados digitales, las normas sobre inteligencia artificial y los estándares climáticos elaborados en Bruselas han tenido repercusiones en todo el mundo, demostrando que el bloque europeo sigue siendo una fuerza de enorme peso en el comercio y la política mundiales. Constante, prudente y metódica, su reciente reelección constituye un poderoso contrapunto a los actores globales más radicales de nuestra era.
Benjamin Netanyahu — primer ministro de Israel
En medio de la guerra en Gaza, la presión internacional y las protestas internas, el prolongado liderazgo de Netanyahu está llevando al límite la capacidad de resistencia, tanto personal como nacional. Las decisiones y los desafíos del líder israelí tienen peligrosas repercusiones en toda la región, pero también en el mundo entero: en los precios del petróleo, las cuestiones de estabilidad y las consideraciones sobre soberanía, control y humanidad.
Tedros Adhanom Ghebreyesus — director general de la OMS
Es muy posible que, con el tiempo, la pandemia mundial de coronavirus se considere el acontecimiento que marcó el comienzo del siglo. O al menos hasta que llegue la siguiente. Desde esa perspectiva, el director general de la Organización Mundial de la Salud es quizá la figura más decisiva del planeta: ocupa un cargo casi imposible que, aun así, debe desempeñar con determinación, basándose en los datos y, en última instancia, haciendo uso de la persuasión.
Greta Thunberg — Activista climática
Thunberg sigue siendo el referente humano constante y perdurable del discurso climático, una presión casi inimaginable para alguien de tan corta edad. La rotunda claridad moral de la activista y su negativa a aceptar que se diluyan las decisiones políticas han llevado a diversos poderes establecidos a presentarla como una figura hostil. Pero, siendo 2025 el año más caluroso jamás registrado, resulta difícil no admitir que su mensaje debe ser escuchado.
Zohran Mamdani — alcalde de Nueva York
La elección de Mamdani como alcalde de Nueva York fue realmente extraordinaria: se convirtió en el más joven en ocupar el cargo que se recuerda; un candidato ajeno al sistema y totalmente imprevisible cuyo carisma, energía y claridad parecían, sin embargo, estar en sintonía con el espíritu de la época en la que posiblemente sea la ciudad más importante del mundo. Pero fue el inesperado momento de complicidad de Mamdani con Trump en el Despacho Oval lo que apuntó a que podría ejercer una influencia aún mayor en el futuro, quizá como figura de relevancia internacional y exponente del pragmatismo capaz de tender puentes entre partidos.
Elon Musk — propietario de X, Tesla y SpaceX
Su idilio en el Despacho Oval terminó hace ya tiempo (aunque las tensiones parecen estar remitiendo en ese frente), pero Musk sigue siendo una fuerza poderosa con influencia mundial: el pionero de los vehículos eléctricos, el favorito en la nueva carrera espacial y el comandante de una red social en plena ebullición que ha sido profundamente reconfigurada a su imagen y semejanza (y, cada vez más, a la de su creación de IA, Grok.)
Sam Altman — consejero delegado de OpenAI
¿Cómo puedes estar seguro de que este artículo no se escribió con ChatGPT? El hecho de que siquiera pueda plantearse una pregunta así (y de que cada vez sea más difícil responderla) se debe al trabajo pionero de OpenAi, posiblemente el actor más influyente de esta nueva ola. La serena presencia de Altman (aunque ligeramente esotérica) al frente del ámbito de la IA será, por tanto, la fuerza que guíe gran parte del mundo, un mundo cuyos sistemas y procesos están cambiando rápidamente, nos guste o no.
Mark Zuckerberg — CEO de Meta
Facebook cambia la forma de las elecciones; Instagram cambia la forma de los rostros. Es difícil pensar en una figura que haya influido más en el mundo durante la última década que Zuckerberg, cuya empresa moldea (y monetiza) todo, desde la opinión sobre la actualidad hasta los cánones de belleza. Se trata, pues, de una combinación de poder blando y poder duro, aún más potente por estar presente en nuestros bolsillos todos los días.
Jensen Huang — CEO de NVIDIA
Los chips de NVIDIA se han convertido en el cuello de botella por el que debe pasar el auge de la IA: una situación inesperada que ha llevado los ingresos y la valoración de la empresa a máximos históricos y ha recordado al mundo que el hardware es, en realidad, el poder supremo, o al menos el factor que lo limita. Por tanto, la gestión de Huang determinará la próxima década de crecimiento y avances tecnológicos, e incluso las políticas a escala mundial: un vasto y decisivo imperio construido sobre diminutas láminas de silicio.
Sundar Pichai — CEO de Google
Parece lógico que la empresa sinónimo de las búsquedas haya sido una de las principales protagonistas de la inteligencia artificial; sin embargo, en muchos sentidos, Google llegó tarde a este campo. No obstante, gracias al renovado empeño de Pichai, el motor Gemini de la compañía parece llamado a ejercer una influencia decisiva en el futuro, mientras que el presente (y la forma en que lo percibimos) se ve moldeado constantemente por los ajustes algorítmicos y los numerosos y largos tentáculos del imperio de Google.
Satya Nadella — CEO de Microsoft
Nadella ha supervisado un notable resurgimiento de la fortuna de Microsoft, apostando acertadamente por la computación en la nube y sumándose al avance de la IA. Este es el papel que la empresa tecnológica pionera ha acabado adoptando en su madurez: no el del radicalismo y los grandes titulares, sino el de la toma de decisiones pragmática, la integración sutil y una cooperación de gran alcance. ¿Representa ahora el «soft» de Microsoft el poder blando?
Larry Fink — consejero delegado de BlackRock
En Blackrock se gestionan más de 10 billones de dólares, una cifra casi inconcebible que otorga a su veterano consejero delegado una enorme influencia sobre los mercados, las empresas e incluso las políticas gubernamentales, desde el clima hasta las grandes tecnológicas. Fink también ha tomado las riendas del Foro Económico Mundial de Davos, lo que lo convierte, en la práctica, en el rey de reyes.
Dario Amodei — CEO de Anthropic
¿Es Dario Amodei el hombre más sereno de la sala? Mientras la carrera armamentística de la IA amenaza con descontrolarse, el CEO de Anthropic aboga con sensatez por sistemas que operen a un nivel mucho más humano, dando prioridad a la naturalidad, la interpretabilidad y, en última instancia, a las salvaguardias y las restricciones. ¿Hasta qué punto podría resultar importante una visión del mundo así dentro de diez, veinte o treinta años?
Alex Karp — CEO de Palantir
El software de Palantir se ha infiltrado ya en todos los ámbitos de la toma de decisiones a nivel estatal, desde la logística militar hasta el análisis de inteligencia y la modelización de datos. Karp, su líder, es una figura inconformista (y a veces excéntrica) que se presenta como una suerte de rey filósofo de la era de la vigilancia, al que cada vez más dirigentes recurrirán para obtener sus análisis sobre el lado oscuro del Estado, aunque algunos sostienen que el coste para la sociedad es nuestra privacidad personal.
Lisa Su — directora ejecutiva de AMD
Otra fabricante de chips que, más que subirse al tren de la IA, ha sido la vía por la que ahora circula a toda velocidad. La suerte de AMD ha cambiado rápidamente bajo la dirección de Su, que hizo que la empresa de hardware pasara de ser una compañía rezagada a convertirse en un actor clave, multiplicando por más de 50 el precio de sus acciones en apenas unos años. Ingeniera de formación, comprende la importancia de construir desde cero y de asentar bien las bases: se dice que, cuando llegan de fábrica los prototipos de chips, Su suele visitar personalmente el laboratorio para examinarlos minuciosamente.
Demis Hassabis — CEO de DeepMind
Photo:John Sears
Mientras muchas empresas tecnológicas y de IA buscan desesperadamente aplicaciones (o quizá formas de monetización) para la inteligencia artificial, la obsesión de DeepMind es la propia naturaleza de la inteligencia. Esto les ha llevado por caminos interesantes e importantes, como la creación de un ordenador capaz de vencer a los humanos al go, el juego más complejo conocido por el ser humano, y la invención de AlphaFold, un sistema de IA que predice con precisión las estructuras de las proteínas y por el que Hassabis recibió un Premio Nobel en 2024.
Taylor Swift — Cantautora
La reciente gira Eras de Swift fue, sin duda, una gira para la historia: la primera en superar los 2.000 millones de dólares en venta de entradas, con más de 10 millones de asistentes en todo el mundo, cifras que duplicaron con creces el récord alcanzado hasta entonces. De este modo, constituye una suerte de economía o industria por sí sola, mientras que el interés constante por su vida personal (avivado por las letras crípticas y mordaces de sus álbumes superventas) le confiere una omnipresencia cultural que parece propia de otra época.
Oprah Winfrey — Ejecutiva de medios de comunicación y filántropa
Quizá sea una muestra de la perdurable influencia de Winfrey (y también de lo que valora Estados Unidos) el hecho de que su nombre se mencione como posible candidata en casi todas las elecciones importantes del país. Su poder de gran alcance —incluso ahora, incluso en un mundo atomizado— es extraordinario, con una relevancia cultural que a menudo se traduce hábilmente en influencia política o activista en causas que abarcan la educación, la ayuda en catástrofes y la igualdad.
Ed Sheeran — Cantautor
El chico pelirrojo de Suffolk aún podría acabar siendo la mejor exportación del Reino Unido: un artista cuyas canciones acumulan cientos de miles de millones de reproducciones, cuyas giras de récord solo se ven eclipsadas por la imbatible Swift y cuyas letras logran ser, de algún modo, íntimas y universales a la vez. Compositor para muchos otros artistas destacados, Sheeran llega cada día a miles de millones de personas con su influencia melódica y reflexiva.
Scarlett Johansson — Actriz
Considerada a menudo la actriz mejor pagada del mundo, Johansson ha sabido aprovechar su condición de musa del cine independiente para convertirse en un peso pesado de la todopoderosa maquinaria taquillera del universo Marvel. Pero es su activismo menos conocido fuera de la pantalla lo que la distingue entre el brillo de Hollywood: una labor centrada tanto en los derechos de actores, creadores y trabajadores (¿hasta qué punto serán importantes en la era de la IA?) como en cuestiones de igualdad de género.
Charli XCX — Cantante y compositora
Definir un momento cultural es una cosa; definir un color completamente nuevo es otra. Durante un tiempo, parecía que el mundo entero bailaba bajo la embriagadora e irresistible influencia de la estrella de Brat, cuya honestidad e individualismo conectaron de verdad con la gente en una época marcada por la monotonía algorítmica. Ahora que se adentra tanto en el cine como en la música, Charli XCX está llamada a ser una fuerza dominante —y gratamente auténtica— en la cultura durante los próximos años.
Rosalía — Cantautora
Al fusionar las raíces del flamenco con sonidos urbanos y experimentales, la gran virtud de Rosalía ha sido llevar la riqueza de la cultura española a un público global. Su reciente (éxito arrollador) álbum ha sido aclamado como un hito no solo de la música latinoamericana, sino de la música pop en general: experimental y, a la vez, accesible; grandioso y vasto, pero también personal. Un faro de singularidad en un mundo creativo que, con demasiada frecuencia, tiende a apostar por lo seguro.
Kendrick Lamar — Rapero
La actuación de Lamar en la Super Bowl que revolucionó internet lo consagró como el rey moderno del rap, tras un verano de omnipresencia cultural que nos recordó a todos el extraño poder unificador de las rivalidades. Su música logra ese raro prodigio de ser a la vez alta literatura y deliciosa música pop: pegadiza y contagiosa, evocadora y profunda, y a menudo cargada de significado político.
Miuccia Prada — Diseñadora de moda
Quizá la prescriptora de estilo más influyente de su época, Miuccia Prada ha empleado su exigente mirada estética para garantizar que la elegancia, la calidez y la vitalidad perduren en el a veces solemne y austero mundo de las pasarelas. Referente mundial en tendencias y gustos —y, por tanto, en cómo gasta la gente el dinero que tanto le cuesta ganar—, su discreta influencia alcanza la más elevada e inefable de las esferas: la percepción que cada persona tiene de su estatus, su capital social y, en última instancia, su personalidad.
Joe Rogan — Podcaster
Para bien o para mal, Rogan es un hacedor de reyes de nuestros días, cuya indudable influencia sobre la vasta y convulsa mentalidad estadounidense lo ha convertido en una figura que despierta curiosidad, admiración y, a menudo, polémica. Rogan, que se mantiene como el podcaster con mejores resultados del mundo, es considerado por muchos una industria en sí mismo: sus largas conversaciones dan voz a personas y a sus opiniones con una repercusión cultural con la que los medios tradicionales rara vez pueden competir.
David Attenborough — Naturalista
Con esa voz sabia, ancestral e inconfundible, a veces parece que Attenborough habla en nombre del propio planeta y que, al hacerlo, defiende con emoción su supervivencia. Sus extraordinarios documentales sobre la naturaleza y el medioambiente han contribuido, más que los de casi cualquier otra persona, a moldear tanto la conciencia individual como las políticas gubernamentales: conmovedoras y poderosas materializaciones del perdurable lema de la BBC: «informar, educar y entretener.»
David Beckham — Exfutbolista
Beckham siempre ha sido un maestro de la marca personal, con una personalidad inconfundible (y un talento arrollador) sobre el terreno de juego que hacía pensar que estaba destinado a lograr cosas aún más grandes fuera de él. Como integrante de la que seguramente sea la pareja más influyente de Gran Bretaña, mantiene una presencia constante en la vida pública y cultural; además, como propietario del Inter Miami FC, ha desempeñado un papel decisivo en el auge del fútbol en Estados Unidos. Adorado por las marcas y sin miedo a hacer de sí mismo un producto, Beckham es probablemente el exfutbolista más influyente del planeta.
Lionel Messi — Futbolista
¿Pasará Messi a los libros de historia como el mejor futbolista de todos los tiempos? Tras una extraordinaria victoria en el Mundial y con una vitrina repleta de trofeos con el FC Barcelona, resulta difícil cuestionar su supremacía (aunque, como veremos, hay un hombre que sin duda lo haría). Pero la forma de jugar de Messi casi parece más importante que sus logros: el jugador más habilidoso y mágico de todos los tiempos; una figura de creatividad inagotable cuya baja estatura era su fortaleza, no su debilidad, y cuya determinación y energía hacen que sea absolutamente irresistible verlo jugar. (Y, si nos ponemos mercantilistas, también resulta absolutamente irresistible para anunciantes y marcas.)
Cristiano Ronaldo — Futbolista
¿Puede haber dos mejores jugadores de todos los tiempos? El debate sobre quién es el mejor futbolista de la historia continuará mucho después de que Ronaldo (y su rival Messi) se haya retirado, lo que da fe del rotundo dominio del jugador portugués en el deporte más popular del mundo. Mientras tanto, su alcance fuera del terreno de juego es, literalmente, incomparable: no solo es el deportista con más seguidores del planeta en las redes sociales, sino la persona con más seguidores, sin más.
LeBron James — jugador de baloncesto y empresario
Lo llaman King James: un titán de la cancha en todos los sentidos. Ganador nato, LeBron sigue acumulando títulos, al igual que éxitos empresariales, especialmente en el ferozmente competitivo mundo del streaming. Con una voz poderosa que marca los debates sobre justicia social, consumo de medios e iniciativas juveniles, está demostrando ser una figura verdaderamente regia cuya influencia perdurará mucho más allá de su etapa en la cancha.
Simone Biles — Gimnasta
Biles es la gimnasta más laureada de la historia, con más de 40 medallas entre campeonatos mundiales y Juegos Olímpicos. Su influencia se deja sentir, sí, en los diversos movimientos y maniobras revolucionarios que llevan su nombre, pero también en su firme y constante defensa de la salud mental: una figura de gran relevancia que está transformando nuestra comprensión de los límites humanos, tanto físicos como mentales.
Serena Williams — Extenista
Veintitrés títulos de Grand Slam en individuales; 14 títulos de dobles femeninos; cuatro medallas de oro olímpicas; y un récord de 186 semanas consecutivas al frente de la clasificación de la WTA — Serena (y se la conoce por un solo nombre, como a todas las auténticas leyendas) es una auténtica titán de este deporte. Cambió de forma triunfal la manera de jugar, gracias a su enorme resistencia y su potente saque, pero también la forma de percibir el tenis, con una confianza férrea unida a una competitividad arrolladora. Ahora que está retirada, no cabe duda de que seguirá cosechando éxitos también fuera de la pista.


