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Las divertidas sensaciones de Mathew Horne

Las divertidas sensaciones de Mathew Horne

Antes del final de Gavin & Stacey, el actor habla de sus referentes de la comedia, de errores del pasado y de su trabajo teatral con Shakespeare

  • Texto de: Jonathan Wells
  • Fotografía: David Reiss
  • Estilismo: Sarah Harrison
  • Peluquería: Terri Capon de Stella Creatives

«Mi papel en Gavin & Stacey es muy pequeño», dice Mathew Horne. Se equivoca, claro. Él es Gavin. Es el primero en aparecer, el que encabeza el reparto: el íntegro contrapunto serio, a menudo blanco de las pullas, que ocupa el centro de esta querida comedia. Y lleva siéndolo casi dos décadas. En 2007, la serie llegó discretamente a nuestras pantallas: se estrenó en BBC Three ante menos de un millón de espectadores y nos contó la historia de una pareja de veinteañeros enamorados: Gavin, de Essex, y Stacey, del sur de Gales. La comedia encontró su sitio casi de inmediato y alcanzó el estatus de serie de culto sin pasar por esa etapa en la que nadie la valora ni la ve. Para su tercera temporada, la serie ya había dado el salto a BBC One y congregaba a ocho millones de espectadores cada semana.

Tras una década fuera de antena, un especial único emitido en 2019 marcó el regreso triunfal —aunque fugaz— de la serie, con más de 17 millones de espectadores frente al televisor el día de Navidad. Gavin & Stacey se convirtió en el programa de entretenimiento más visto de la década y en la comedia más vista de los últimos 17 años. A finales de este mes se emitirá un episodio final el día de Navidad, con Horne ocupando un lugar destacado entre el reparto que regresa. La BBC vuelve a apostar fuerte y ha concedido a la comedia la franja estelar de las 21:00 del 25 de diciembre. Cabría pensar que, después de que el último especial navideño batiera récords, siempre se habría dado por hecho que habría otro; que era algo seguro. Pero no, afirma el actor.

«Había muchísima incertidumbre», dice Horne sobre toda la televisión producida tras la pandemia. «Desde el punto de vista sociológico, todo el mundo estaba en una situación de cambio. Pero, concretamente en mi sector, no sé si alguien sabía si volverían a hacerse programas de televisión. La gente tenía muchísimo, muchísimo miedo de invertir en televisión. Estaba también aquello de los conservadores: “Tu próxima profesión podría estar en el sector de la ciberseguridad”. Todo eso puso en entredicho las artes en su conjunto.

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«Así que no creo que hacer el episodio final de Gavin & Stacey fuera una prioridad para nadie», añade. Por suerte, en enero recibió la llamada de James Corden, cocreador de la comedia. Fue entonces cuando Horne tuvo por primera vez noticia de un nuevo episodio especial, pese a que el reparto —que también incluye a Ruth Jones, Joanna Page, Rob Brydon, Alison Steadman y Larry Lamb— mantiene un grupo de WhatsApp «muy activo». Aun así, en septiembre Horne volvía a enfundarse el emblemático polo Fred Perry de Gavin, una prenda que se puso por primera vez hace casi 20 años. Salvo en las telenovelas y las secuelas de películas clásicas, afirma, es extraordinariamente raro que un actor tenga una oportunidad así.

«Es un regalo», dice Horne sobre el hecho de convivir con Gavin desde 2007. «Un auténtico regalo y una verdadera bendición. Me siento muy afortunado, porque, volviendo al ejemplo de una serie diaria, podrías acabar interpretando durante 20 años a una persona no demasiado agradable. Y eso, obviamente, no es tan gratificante como encarnar a un personaje de una serie que ha significado, significa y seguirá significando muchísimo para un gran número de personas. Llevo 23 años como actor y Gavin ha formado parte de 18 de ellos. Y, si nos atenemos a los datos, eso lo dice todo».

«Veo la interpretación como una forma de resolver problemas. Y la solución suele ser la risa…»

Pero Horne, que ahora tiene 46 años, es mucho más que Gavin. Nacido en Nottinghamshire, actúa desde la época del colegio y lleva años siendo una figura habitual de la comedia británica. Protagonizó junto a Jack Whitehall otra exitosa comedia de situación de BBC Three, Bad Education. Él y Corden hicieron un par de películas juntos. El año pasado, encabezó el reparto de Noises Off en el Theatre Royal Haymarket. También ha colaborado con frecuencia —tanto en la pantalla como sobre los escenarios— con Catherine Tate, a quien conoció poco después de graduarse en la Universidad de Mánchester.

«La admiraba profundamente por su talento como actriz. Era asombroso. Creo que vi en Catherine algo que hasta entonces solo había visto en Steve Coogan». (Casualmente, Baby Cow Productions, la productora de Coogan, produce Gavin & Stacey). «Así que aproveché el tiempo que pasaba con Catherine para estar cerca de ella y aprender de ella. Dio la casualidad de que teníamos buena química, y ella es una persona muy leal, así que siguió contando conmigo».

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Al igual que Brydon y Steadman, Tate es otra figura colosal de la comedia británica. Pero, cuando se trabaja con semejantes leyendas del sector, Horne afirma que hay que tener cuidado de no colmarlas de admiración en el plató, por mucho que apetezca hacerlo. «Evidentemente, crecí viendo a estas personas», dice entre risas, «así que no puedes dejar eso de lado. No puedes guardarlo en un cajón: es una reacción muy visceral y emotiva. ¡Pero hay formas de procesarla con dignidad! Y hay trabajo que hacer, así que, si llegas cargado de reverencia y poniendo a la gente en un pedestal, eso acabará afectando a tu relación personal con ellos y también al trabajo».

El día antes de que hable con Horne, Ryan Reynolds causó revuelo cuando, tras ser emparejado con Andrew Garfield para la edición anual de «Actors on Actors» de Variety, sintió la necesidad de defender en un tuit el arte de la interpretación cómica. «La comedia también es muy difícil —había escrito Reynolds—, pero tiene una dimensión añadida: debe parecer y sentirse natural. Ocultas deliberadamente las costuras y cómo se descosen». ¿Está Horne de acuerdo?

«Llevo 23 años siendo actor, y esto ha ocupado 18 de ellos…»

«Supongo que quizá se refería a la verdad y la autenticidad», dice el actor, «y puede que de ahí venga esa naturalidad, porque decir la verdad no requiere esfuerzo. Mentir es lo que exige mucho trabajo. Es una cuestión realmente interesante. Pero, para mí, la comedia siempre ha consistido en encontrar la verdad. Y la verdad suele estar cimentada en una buena dosis de tragedia. No se puede tener una sin la otra. Yo me identifico con eso porque, en el trabajo que estoy haciendo ahora mismo, hay mucha tragedia a mi alrededor».

Ese trabajo es Shakespeare. Horne actúa actualmente en La tempestad de Jamie Lloyd en el Theatre Royal Drury Lane, junto a Sigourney Weaver. Interpreta a Trínculo, el bufón del rey. «Me encanta», dice sobre su trabajo teatral. «Es lo que me hace seguir adelante». También admite que una escena en particular le estaba dando problemas, pero acaba de conseguir resolverla. «Y eso es tremendamente estimulante. Porque, en muchos sentidos, veo la interpretación como una forma de resolver problemas. Y me motiva ese reto, pero también la satisfacción de resolver el problema, y la solución suele ser la risa».

Sin embargo, la risa lleva años siendo el sustento de Horne. Es su recurso predilecto, su punto fuerte, el terreno en el que casi siempre juega con ventaja. Por supuesto, también ha interpretado papeles dramáticos —una suntuosa adaptación de Agatha Christie por aquí, algo de Molière sobre los escenarios por allá—, pero la comedia es el hilo conductor de su carrera, el que enlaza toda su trayectoria. Él y Corden incluso tuvieron en su día un programa de sketches de corta duración, un proyecto que Corden calificó de «error» poco después de su emisión. Pero Horne no tiene tiempo para ese tipo de arrepentimientos.

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«Estoy seguro de que, si me sentara a reflexionar sobre ello —considera—, podría escarbar en mi pasado y reconocer y admitir los errores que he cometido tanto en mi vida profesional como en la personal. Pero, en cierto modo, es un ejercicio inútil, porque nadie puede cambiar eso.»

«Lo que sí podemos cambiar —continúa— es el presente y el futuro. Y me gustaría pensar que tengo la suficiente amplitud de miras y una mentalidad progresista y orientada al futuro como para hacer los cambios necesarios sin fustigarme demasiado. Creo que es una suerte vivir en un mundo más abierto y consciente, y me gustaría pensar que puedo aprender de ello y ser cada vez más inclusivo con los demás. La comedia siempre existirá. Es algo muy subjetivo y, como seres humanos, debemos incluir a todo el mundo en ella».

Impactante; revelador. Un broche de oro. Pero, antes de despedirnos, tengo una pregunta más. Hace varios años, invitaron a Horne a actuar en un par de reposiciones y nuevas versiones de clásicos de la comedia británica, entre ellos Dad’s Army y Are You Being Served?. Ahora que Gavin & Stacey se ha consolidado en el panteón de las comedias de situación británicas, ¿cree Horne que, dentro de unos años, otro actor interpretará a Gavin en una nueva versión de la serie?

«¡Eso sí que sería algo!», dice entre risas. «Quizá haya por ahí un niño que ahora mismo esté yendo al colegio y que me interprete dentro de unas décadas. Sería divertido. ¡Mi hijo tendría algo que ver!»

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