
El legendario legado del Marbella Club
Recorremos la evolución de una antigua finca del sur de España que acabó convirtiéndose en un oasis para las grandes estrellas, adorado por personalidades como Brigitte Bardot o el duque de Windsor
- Texto de: Aobh O'Brien-Moody
Los hoteleros modernos le deben mucho al príncipe Alfonso von Hohenlohe-Langenburg. Este príncipe español, playboy y empresario fue el artífice del Marbella Club, un hotel legendario que sigue sirviendo de modelo para complejos turísticos de playa de todo el mundo. Fue el primer hotel en instalarse a orillas de la Milla de Oro, y su llegada en 1954 impulsó la transformación de Marbella, que pasó de ser un tranquilo pueblo pesquero a convertirse en uno de los destinos vacacionales más exclusivos de la Europa del siglo XX.
A vintage view of The Marbella Club
Pero su historia comenzó un poco antes, en 1947, cuando el príncipe Alfonso compró la que entonces era una antigua casa de campo, la Finca Santa Margarita, para convertirla en un refugio mediterráneo para su familia. Tras pasar la veintena trabajando en Estados Unidos y codeándose con la flor y nata de Hollywood, este soltero de excelentes contactos regresó a Marbella, donde recibió en la finca a un sinfín de invitados de la alta sociedad, hasta que su espíritu emprendedor lo impulsó a transformar su residencia privada en un hotel boutique de discreta elegancia.
El Marbella Club abrió sus puertas en el verano de 1954 con 20 habitaciones, un salón, un comedor y un bar. Era la viva imagen del lujo desenfadado, antes incluso de que existiera tal concepto. Pero las aspiraciones del príncipe iban más allá. Para poner el proyecto en marcha, recurrió a la experiencia de su primo, el conde Rudi, graduado en la prestigiosa Escuela de Hostelería de Lausana, cuyo asesoramiento profesional convertiría el hotel en un auténtico lugar de recreo para ricos y famosos.
The Marbella Club’s tree-fringed pool
El Marbella Club pronto rivalizó con los complejos turísticos de la Costa Azul y Saint-Tropez, atrayendo a una avalancha de aristócratas, magnates del petróleo y actores de primera fila. Audrey Hepburn tenía una casa en Marbella y acudía con frecuencia a las fiestas del club; Gunter Sachs y Brigitte Bardot eran los reyes de su pista de baile; Ava Gardner y Kim Novak (ambas entre las muchas novias del príncipe Alfonso) consideraban el club casi como su segundo hogar. Una anécdota que divertía especialmente al príncipe Alfonso tuvo lugar durante una cena celebrada en honor del duque de Windsor. Pese al código de vestimenta «informal» del evento, los invitados se esforzaron por impresionar al duque —a quien nunca se veía sin corbata— luciendo sus mejores galas. Cuando el duque entró en el club de playa, llevaba una llamativa camisa hawaiana con el cuello abierto. Avergonzado, regresó discretamente a su habitación y volvió vestido con traje, pero para entonces todos los demás invitados ya se habían quitado las chaquetas y las corbatas. Fue entonces cuando el duque se arrancó la corbata y la arrojó a la piscina, entre grandes aplausos.
Liza Minelli, Barón Rede, Baronesa de Rothschild, Princesa Jackie von Hohenlohe
Brigitte Bardot and Gunter Sachs
La ubicación aislada del Marbella Club, entre tranquilos pinares en el extremo sur de España, era parte de su atractivo: se trataba de un complejo autosuficiente, un refugio donde los huéspedes más célebres podían evadirse de la realidad y relajarse lejos de miradas indiscretas. De hecho, el Marbella Club estaba tan apartado que, durante la crisis de los misiles de Cuba, sus huéspedes siguieron de fiesta, felizmente ajenos al inminente apocalipsis nuclear.
Hoy, 71 años después de su fundación, el Marbella Club ha evolucionado desde sus orígenes rústicos. Actualmente cuenta con 130 habitaciones, entre ellas 14 villas de lujo, además de tres piscinas y 12 salas de tratamiento. Pero, aunque haya crecido, no ha perdido ni un ápice de su esencia. En un mundo cada vez más convulso, sigue siendo un refugio para muchos. Y pensar que todo se lo debemos a los caprichos de un príncipe playboy.
Este reportaje se publicó originalmente en el número de verano de 2024 de Gentleman's Journal. Descubre más sobre este número aquí...


