
El arte de dejarse llevar: apnea con Arnaud Jerald
Un encuentro que deja sin aliento frente al cabo Ferrat con Arnaud Jerald, diez veces plusmarquista mundial de apnea, y el instrumento mecánico de Richard Mille en el que confía cuando cada segundo cuenta.
- Texto de: Archie Rutland
- Fotografía: Lloyd Images, Daan Verhoeven & Charlotte Benoit
Bajo un cielo azul despejado, ambos tomamos una última bocanada de aire. El agua fresca acaricia suavemente nuestros cuerpos mientras flotamos y el aire cálido de la Riviera nos llena los pulmones hasta que no pueden expandirse más. Al unísono, nos damos la vuelta y nos detenemos un instante con el rostro sumergido. Una calma teñida de inquietud me recorre el cuerpo mientras la vida en la superficie pasa a un segundo plano. Diez metros por debajo de nosotros, un saliente rocoso oculta parcialmente el azul oscuro de las aguas que se extienden más allá.
Nos sumergimos de cabeza y, alzando los pies hacia el cielo, comenzamos el descenso. Como flechas y completamente boca abajo, nuestros cuerpos hidrodinámicos se deslizan en silencio bajo la superficie. Procurando no esforzarnos demasiado, nos impulsamos hacia abajo con las aletas. Con cada metro, la presión creciente nos oprime el cuerpo y comprime poco a poco nuestros pulmones hasta reducirlos a una fracción del volumen que tenían en la superficie. Una vez superado el punto de flotabilidad neutra, la gravedad toma el relevo y empieza a arrastrarnos hacia el fondo. Ya no hace falta aletear: las palas de nuestras aletas apenas oscilan en la estela que dejamos. Basta con dar una aletada de vez en cuando para mantener el impulso.
Desaparecemos de la vista y nos deslizamos junto al saliente rocoso como si sobrevoláramos un escarpado cañón con un traje de alas. Es lo que los apneístas llaman caída libre. Para muchos, es la sensación que les hace volver una y otra vez. Es el momento de liberar tensiones: aquí, la relajación y la aceptación son imprescindibles. Una mente inquieta acelera el pulso y consume un oxígeno precioso. No compensar la presión a tiempo puede obligarte a dar por terminada la inmersión.
La persona que se desliza a mi lado lo sabe muy bien. A sus treinta años, el colaborador de Richard Mille Arnaud Jerald ya es uno de los apneístas profesionales más destacados del mundo. En las aguas de Saint-Jean-Cap-Ferrat entrena para competir y batir récords mundiales; ya lleva diez. Las aguas aparentemente tranquilas de la bahía esconden uno de los puertos naturales más profundos de la costa, que alcanza casi los 100 metros a un paso de la orilla. Es un lugar ideal para practicar apnea, al abrigo de los vientos dominantes y del fuerte oleaje.


Beneath the calm waters off Saint-Jean-Cap-Ferrat. Image credit: Lloyd Images.

Jerald creció en Marsella. Su padre era un gran aficionado a la pesca submarina, y de ahí nació su amor por el mundo subacuático. Es un lugar al que puedes ir para desconectar de verdad del exterior, donde la mente no divaga en busca de tareas o estímulos.
«Nunca destaqué en los estudios; lo único que quería era hacer cosas como cocinar y estar en la naturaleza. Las pequeñas cosas de la vida se vuelven insignificantes. Estar bajo el agua me transmite una sensación de serenidad: allí, los minutos parecen días en la superficie».
Tras descubrir su extraordinario talento a una edad temprana, Jerald sigue siendo el apneísta más joven en haber alcanzado oficialmente los 100 m, una hazaña que logró con 21 años. A los 23 estableció su primer récord mundial oficial, de 108 m. Su última inmersión de récord mundial fue de 126 m con bialetas de fibra de carbono. La realizó el año pasado en Vertical Blue 2025, celebrado en Dean’s Blue Hole, una enorme sima marina de 203 metros de profundidad situada en Long Island, en las Bahamas. Desde entonces, el apneísta ruso Alexey Molchanov ha superado esa marca por apenas tres metros, lo que demuestra tanto lo ajustados que son los márgenes en la élite como la tenacidad con la que se siguen llevando al límite las capacidades humanas.

Descending into Dean’s Blue Hole. Image credit: Daan Verhoeven.

Jerald being shown the white card after a successful 122m dive and his eighth world record in CWTB at Vertical Blue 2023. Image credit: Daan Verhoeven.
La apnea no consiste en presentarse y ver hasta dónde puedes llegar; cada detalle exige precisión. Las horas oficiales de salida siguen un horario estricto, y adelantarse o retrasarse incluso unos segundos puede suponer una penalización o la descalificación. El extremo del cabo se sitúa a una profundidad exacta, declarada el día anterior a la inmersión de competición. Desde despertarse e hidratarse hasta estirar, ponerse el traje de neopreno y entrar en el agua, cada detalle de la rutina de calentamiento se planifica meticulosamente, un poco como los horarios de los trenes suizos.
Sin embargo, pese a todas las cifras que rodean este deporte, Jerald procura no obsesionarse con ellas. Su entrenamiento refleja esa misma moderación. A veces se toma tres días de descanso por cada día de entrenamiento, pues prefiere entrar en el agua completamente recuperado antes que forzar los avances. Me cuenta que nunca ha sufrido una pérdida de conocimiento y afirma que es el único apneísta profesional que ha alcanzado los 100 metros sin haber sufrido ninguna.
Quizá por eso tenga sentido que prefiera un cronógrafo mecánico a un reloj digital. En lugar de centrarse en una cifra en pantalla que indica una profundidad cada vez mayor, presta atención al tiempo, a la preparación y a las sensaciones durante la inmersión.
Esa filosofía también marcó las colaboraciones que estaba dispuesto a aceptar. Tras demostrar su valía más allá de los 100 metros de profundidad, Jerald rechazó las primeras ofertas de patrocinio que recibió.
«Algo no me cuadraba; sentía la presión de las marcas para rendir en el agua, lo cual es contraproducente en este deporte».
En 2016, Jerald vio al empresario y piloto de carreras francés François Perrodo con un reloj de Richard Mille, una marca de la que nunca había oído hablar. Puede que fuera precisamente el hecho de no conocerla lo que le atrajo tanto.
Solo una semana después de haber visto una entrevista con él en la televisión francesa, Amanda Mille, directora de Marca y Alianzas de Richard Mille, recibió un correo electrónico del apneísta francés. Asombrada por la coincidencia, concertó una reunión con él. Aquel encuentro marcó el inicio de una colaboración que continúa a día de hoy, con Jerald como representante de la marca en competiciones de todo el mundo.
Jerald lleva un RM 032 Cronógrafo Automático Flyback, al que no se refiere simplemente como un reloj, sino como una herramienta.

The RM 032 Automatic Flyback Chronograph worn by Arnaud Jerald. Image credit: Charlotte Benoit
«No estábamos buscando a un apneísta, pero nos pareció lo más natural. Era la forma perfecta de seguir poniendo a prueba nuestros relojes en entornos extremos». - Amanda Mille
Un cronógrafo mecánico es un instrumento poco habitual para un apneísta, ya que no indica la profundidad alcanzada. Para Jerald, su valor reside en la preparación. Con los ojos cerrados y conteniendo la respiración, visualiza toda la inmersión de principio a fin. A pesar de no mirar el reloj ni una sola vez, cuando abre los ojos y vuelve a respirar, han transcurrido casi exactamente tres minutos y cuarenta y cinco segundos: el mismo tiempo que duró la inmersión con la que logró su récord mundial de 126 metros.
«Nuestra relación con Arnaud va mucho más allá del título de “embajador”. Es una auténtica colaboración. Estamos comprometidos con su éxito, sentimos el peso de lo que hace y lo acompañamos en cada paso del camino». - Amanda Mille.
De nuevo bajo la superficie, al verlo deslizarse sin esfuerzo por el fondo marino, con poco más que unas aletas y un traje de neopreno, sorprende la tranquilidad y la comodidad que siente aquí abajo. Pese a toda la precisión de los preparativos, una vez que comienza la inmersión, todo se reduce realmente a una sensación. A medida que la necesidad de respirar se intensifica, me dirijo hacia la superficie, aleteando con firmeza contra la gravedad, pero procurando no precipitar el ascenso. La luz del sol se vuelve más intensa y el agua, más cálida. Finalmente, la flotabilidad vuelve a tomar el relevo y, durante los últimos dos metros, nos dejamos llevar hacia la superficie.
Y respira.
De vuelta en el Monaco Yacht Show, contemplo desde la nueva boutique de Richard Mille los enormes superyates que se alzan por encima de los muros del puerto. Champán, moda, teléfonos móviles y ostentación por todas partes. Parece estar a años luz del lugar que acabamos de dejar atrás, donde nada de eso importa. Sin embargo, en un rincón del mundo donde casi todo se puede comprar, quizá ese sea el peculiar atractivo de la apnea: uno de los mayores lujos de la vida es poder desconectar de todo lo demás y, sencillamente, dejarse llevar.

Richard Mille’s new flagship store on Avenue Princesse Alice in Monaco.



