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Cómo un diseño duradero y unos materiales de calidad mantienen vivo el legado de Linn

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Cómo un diseño duradero y unos materiales de calidad mantienen vivo el legado de Linn

Durante más de 50 años, la marca escocesa de audio se ha mantenido fiel a su misión original: centrarse, por encima de todo, en ofrecer un rendimiento sin concesiones...

Si algo funciona, no le cambies la marca; algunos productos icónicos acertaron desde el primer momento. Pensemos en Mercedes-Benz y el inconfundible Clase G, lanzado por primera vez en 1973. O en el Rolex Submariner, que apenas ha cambiado desde 1953, una historia similar a la de la pluma estilográfica Meisterstück de Montblanc, cuyo capuchón se retiró por primera vez en 1924. Aún antes llegó la navaja suiza, ya bien entrada en su segundo siglo descorchando botellas, usando sus pinzas y limpiando dientes.

Para los más melómanos, varios instrumentos también debutaron con una afinación perfecta, desde la Fender Stratocaster hasta el majestuoso Steinway D. Y estas notas de diseño más melodiosas nos llevan directamente a Linn, la empresa escocesa de equipos de audio, para la que la buena música es un gran negocio. Su tocadiscos, el Sondek LP12, no ha dejado de girar con éxito desde que su fundador, Ivor Tiefenbrun, montó su primer prototipo en 1972.

Eso supone más de medio siglo de sonido y diseño inteligente; y, a su manera modular, el LP12 es en sí mismo una especie de navaja suiza. Gracias a más de 50 mejoras mecánicas y eléctricas que pueden incorporarse posteriormente (ya sea un nuevo brazo de alto rendimiento o una fuente de alimentación actualizada), el tocadiscos ha conservado el mismo diseño reconocible y los fundamentos de alta fidelidad sobre los que se construyó originalmente.

«Es el referente en el mundo de los tocadiscos para audiófilos», afirma Gordon Inch, formador de producto de Linn, «y lo ha sido durante medio siglo. El LP12 no tiene nada especialmente complicado: es un dispositivo mecánico y lógico. Y no hay nada que no sea necesario. Es un dispositivo depurado».

«Es el referente en el mundo de los tocadiscos para audiófilos…»

Pero el LP12 ha sido así desde que el tocadiscos de Tiefenbrun se convirtió en la piedra angular de su empresa. En 1973, un anuncio en blanco y negro publicado en la revista «Hi-Fi News» proclamaba —con una tipografía en minúsculas convenientemente minimalista—: «¡simplicidad!». Y así ha seguido siendo: preparado para el futuro y actualizable sin límites. Sin obsolescencia programada. Sin componentes de baja calidad. Como resultado, muchos clientes han conservado el mismo LP12 durante décadas.

«En realidad, nunca ha dejado de evolucionar», afirma Inch sobre la gama cada vez mayor de complementos, accesorios y componentes para el tocadiscos. «Ha evolucionado con la tecnología. Y, a medida que la tecnología y nuestra capacidad de mecanizado aquí en Linn han ido mejorando, el LP12 también ha mejorado. Y no creo que eso vaya a cambiar».

Un diseño tan inspirado —ya sea el de un coche, una guitarra o un sistema de audio— también puede trascender las tendencias. Y, aunque Linn siempre ha evolucionado con los tiempos (la marca fue la primera del mundo en fabricar un producto capaz de reproducir por streaming archivos digitales con calidad de máster de estudio —Klimax DS—, allá por 2007), la empresa también ha sabido reconocer los cambios de rumbo. Así, en 2009, Linn tomó la controvertida decisión de dejar de fabricar por completo reproductores de CD para centrarse en el streaming digital, convencida de que ahí residía el futuro. En 2018 se presentó el reproductor de música digital más configurable del mundo, el Selekt DSM, cuando la empresa ya estaba bajo la dirección de Gilad, hijo de Ivor Tiefenbrun. Y, sin embargo, a través de cada cambio y cada decisión, el LP12 ha seguido siendo el eje en torno al cual gira Linn.

Por supuesto, hay muchos otros factores que explican el éxito del emblemático producto de Linn. Sus componentes pueden ser configurables e innovadores, pero los materiales con los que se fabrican son igual de excepcionales. Ya sean de madera noble secada en horno o de haya de densidad ultraalta, los plintos de alto rendimiento proporcionan una base sólida a cada LP12. También se emplean metales preciosos: pines de oro e insertos de bronce de aluminio. La cápsula «Ekstatik» contiene incluso elementos de zafiro (un material más rígido y, por tanto, con mayor capacidad de respuesta que las alternativas de boro o aluminio).

Además, apenas se generan residuos. Todos los procesos de Linn se han perfeccionado para reducir al mínimo los residuos de materiales, y los recortes inevitables son reciclados por empresas locales. La actual sede de la fábrica, situada en East Renfrewshire, abrió sus puertas en 1987 y reúne todos los departamentos —incluidos I+D, diseño, metalistería y montaje— bajo un mismo techo cubierto de paneles solares. Sin duda, sería más barato externalizar algunos de estos departamentos, pero, como señala Inch: «Entonces nos convertiríamos en ensambladores, no en fabricantes».

Los hombres y mujeres que componen la plantilla forman también una comunidad, una parte fundamental del legado local de Linn. Hoy, empleados con 40 años de experiencia en la fábrica fichan junto a sus hijos ya adultos y jóvenes aprendices de la zona, lo que garantiza que la marca seguirá en buenas manos generación tras generación durante muchos años.

Y esas manos son especialmente importantes. Con una dedicación inquebrantable al arte del sonido, todos los sistemas fabricados por Linn se montan a mano y llevan el nombre del ingeniero que los creó. Es algo parecido a Aston Martin, donde los nombres de los técnicos figuran en la placa de inspección final del motor. (Casualmente, Linn ha instalado sus sistemas de sonido en varios modelos de Aston Martin desde 2002, incluido el DB9. Entre otras instituciones británicas con las que la empresa ha colaborado o para las que ha creado sistemas de sonido se encuentran el transatlántico Queen Elizabeth 2, las destilerías de whisky Highland Park y The Macallan, y Su Majestad el rey Carlos III).

Las personas. Los productos. La calidad: todo ello se traduce en longevidad. Y lo que distingue a la marca escocesa es el deseo y la voluntad de Linn de avanzar sin dejar de aferrarse firmemente a su legado. Inch también afirma que la plantilla está formada por «amantes de la música», lo que quizá explique por qué cada producto transmite tanta autenticidad. No se trata solo de precisión técnica o rendimiento acústico, sino de pasión; de esa conexión emocional con la música que recorre cada brazo fonocaptor, cada cápsula y cada placa de circuito.

Y, en un sector en el que la tecnología de usar y tirar ocupa con demasiada frecuencia un lugar protagonista, el compromiso inquebrantable de Linn con la artesanía y la posibilidad de actualización hace que su gama de productos —articulada en torno al imperecedero LP12— no solo sea sostenible, sino también profundamente personal: un testimonio de la idea de que un sonido excepcional, al igual que un gran diseño, debe durar toda la vida.

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