Por qué el otoño podría ser la mejor época para visitar Mónaco
Olvídate de las multitudes del verano. Cuando la Riviera adopta el ritmo del otoño, Mónaco muestra su faceta más tranquila y auténtica. Y es precisamente este estilo de vida el que inspiró Monte Carlo Beer.
- Texto de: Gentleman's Journal
Hay pocos lugares en el mundo como Mónaco en verano. Los superyates, los clubes de playa, las comidas que parecen no tener fin y se alargan hasta la cena. Es un lugar que ha perfeccionado el arte de disfrutar de la vida y, durante unos meses gloriosos cada año, recibe a visitantes de todo el mundo que llegan para hacer precisamente eso.
Pero si le preguntas a alguien que viva en Mónaco, puede que te cuente una historia muy distinta. Porque, aunque el verano tiene sin duda su encanto, hay buenos motivos para afirmar que es en otoño cuando el Principado brilla con luz propia.
Los franceses tienen una expresión maravillosa para esta época del año: La Rentrée. Literalmente, hace referencia a la vuelta a la vida cotidiana tras las largas vacaciones de verano. Los colegios vuelven a abrir, los negocios recuperan su ritmo habitual y las multitudes empiezan a desaparecer. Pero en la Riviera, esta transición resulta bastante más atractiva de lo que parece.
El Mediterráneo sigue apeteciendo, las terrazas continúan llenas y el tiempo suele ser especialmente agradable. La diferencia es que Mónaco empieza a sentirse como un lugar donde la gente vive de verdad, y no solo va de visita.
Es una faceta del Principado que William Scheffer y Anthony Orengo, amigos de toda la vida y fundadores de Monte Carlo Beer, conocen especialmente bien.
«En otoño es cuando de verdad empieza a verse el Mónaco en el que crecimos», explica Scheffer. «Las multitudes del verano se disipan, todo el mundo vuelve al trabajo, pero el buen tiempo y la energía siguen ahí. Todo está un poco más tranquilo, el ambiente es algo más relajado y, en muchos sentidos, es entonces cuando la Riviera nos parece más auténtica».


A principios de este verano, presentamos a nuestros lectores Monte Carlo Beer, una lager prémium de delicado equilibrio, con la ambición de llevar a Gran Bretaña un poco del singular estilo de vida de Mónaco. En lugar de recurrir a los manidos clichés de los superdeportivos, los casinos y la riqueza desmedida, Monte Carlo Beer apuesta por equilibrar la excentricidad maximalista con un estilo natural, carisma y una discreta seguridad en sí misma, sin tomarse nunca demasiado en serio.
Es una filosofía que vivimos de primera mano en julio, cuando Monte Carlo Beer nos acompañó en nuestro encuentro anual Long Summer Lunch, celebrado en el palacio de Blenheim. Con los magníficos jardines italianos del palacio como telón de fondo, se sirvió la cerveza a los invitados, que se reunieron para disfrutar de una tarde de buena comida, conversación y celebración. Con ambos fundadores presentes, era el escenario idóneo para una cerveza inspirada en el arte de reunir a las personas.
Y es una filosofía que seduce. Al fin y al cabo, podría decirse que el mayor lujo de la Riviera nunca han sido sus yates ni sus hoteles de cinco estrellas, sino su capacidad para convertir incluso los momentos más sencillos en algo especial. Una larga comida con amigos, una tarde con vistas al mar o una copa improvisada en una terraza.
«Para nosotros, la Riviera nunca ha sido cosa de una estación concreta», afirma Orengo. «Es una forma de vida: tomarse las cosas con calma, estar con amigos, disfrutar de la buena comida y la bebida y aprovechar al máximo el lugar donde estás. Eso es lo que queríamos que representara Monte Carlo Beer: el Mónaco que conocemos, no el que la gente quizá se imagina».


Por supuesto, no hace falta estar en el sur de Francia para compartir esa sensación. Londres tiene su propia versión de la vuelta a la rutina. Tras la relativa tranquilidad de agosto, la capital vuelve a cobrar vida en otoño. Los restaurantes se llenan, los amigos regresan de sus viajes y la agenda social de la ciudad se pone de nuevo en marcha. Y aunque el tiempo no sea del todo comparable al de la Costa Azul, sigue habiendo muchas oportunidades para aprovechar al máximo una soleada tarde de otoño.
Monte Carlo Beer se ha ido haciendo un hueco en algunos de los locales con más encanto de la capital. Entre ellos están Pyro, en London Bridge; The Garden Bistro Bar, en Embankment; The Waterway, en Little Venice; y Tower House, en Richmond. Cuatro ambientes muy distintos, pero todos con la oportunidad de disfrutar de un poco de ese espíritu de la Riviera sin tener que subir a un avión.


Es una idea que resulta especialmente apropiada a medida que nos acercamos a los meses más fríos. Porque, aunque los británicos tiendan a dar por terminado el verano en cuanto asoma el otoño, quizá tengamos algo que aprender de nuestros amigos del Mediterráneo.
Al fin y al cabo, la buena compañía, una buena conversación y una cerveza fría no dependen demasiado de la época del año. Y si algo nos ha enseñado Mónaco es que los mejores momentos suelen ser los que apenas requieren planificación.
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