
Las 10 reglas de hospitalidad de la familia Sersale
Los propietarios de Le Sirenuse hablan de mezcal, música y ambiente
- Texto de: Joseph Bullmore
- Fotografía: Stefan Giftthaler
La familia Sersale lleva ya 75 años siendo propietaria de Le Sirenuse. Lo cual es un poco como ser dueño de la Torre Eiffel o de Suiza, o tener los derechos sobre la mozzarella. Uno tiende a pensar que hay cosas demasiado importantes como para pertenecer a alguien, y menos aún a una familia tan encantadora, sencilla y acogedora como los Sersale. El lugar es un reducto tan singular como hermoso en una industria del lujo rendida a la estética de búnker y a las cadenas corporativas: un proyecto con alma, transmitido de generación en generación, que a lo largo de las décadas ha crecido de forma orgánica entre las escarpadas rocas de la costa de Amalfi, como una buganvilla rosa. Ahora, tras muchos años de planificación, han abierto una nueva extensión unos kilómetros al oeste, siguiendo la costa, en Nerano, célebre por ser la cuna de esos deliciosos y cremosos espaguetis con calabacín. Puede que pronto sea famosa por algo más. Le Sirenuse Mare es un elegante club de playa que desciende en cascada por tres terrazas hasta la orilla del agua, bajo un dosel de fragantes pinos piñoneros. Aquí, los Sersale —Antonio y Carla, y sus hijos, Aldo y Francesco— hablan de los ingredientes que hacen que este, y cualquier espacio, sea tan especial.


