
La increíble historia detrás del reloj más famoso de Steve McQueen
Mientras el Heuer Monaco del actor sale a subasta, volvemos la vista a Le Mans, la película que unió a estos dos iconos…
- Texto de: Jonathan Wells
Este diciembre, Sotheby’s celebrará en Nueva York una subasta llamada «Important Watches». Habrá relojes que adornaron las muñecas de presidentes, relojes que visitaron los restos del Titanic y, encabezando nuestra lista de deseos, un Heuer Monaco que lució Steve McQueen en la película de 1971 Le Mans.
Solo se enviaron seis relojes al rodaje, de los cuales únicamente cuatro tenían correa de cuero. Y el Heuer Monaco 1133B es un objeto de atrezo tan destacado porque fue el propio McQueen quien lo eligió. Mientras se preparaba para interpretar al piloto Michael Delaney, el actor estudió a los mejores pilotos del mundo. Las grandes figuras del automovilismo de la época recorrían los boxes con monos Heuer de un blanco impoluto, bordados con el nombre de la misma marca suiza que les proporcionaba sus indispensables cronógrafos.
A McQueen le gustó el estilo, así que se puso a decidir qué Heuer llevaría. ¿Un Carrera? ¿Un Autavia? No. En su lugar, optó por el recién lanzado Monaco, resistente al agua y con un diseño cuadrado y vanguardista. Elogiado por su revolucionario Calibre 11 y su cristal de zafiro abombado, era un reloj robusto. Y eso resultó muy útil, ya que tanto el Monaco como McQueen soportaron mucho durante el rodaje de Le Mans. El reloj se ha convertido en una especie de emblema de la película, una de las pocas constantes de una producción plagada de problemas.
Esta es la historia detrás de la película que hizo famoso a este reloj.
A mediados de la década de 1960, le ofrecieron a McQueen el papel protagonista de una película sobre Fórmula 1 titulada Grand Prix. Lo rechazó (finalmente la protagonizó James Garner), pero la experiencia le inspiró una idea: rodar una película auténtica sobre automovilismo. El proyecto se puso en marcha y el actor decidió que Le Mans sería un escenario fascinante. Él mismo competiría, metido en su personaje, y quería que la dirigiera John Sturges, responsable de las películas de McQueen La gran evasión y Los siete magníficos. Sin embargo, ambos chocaron casi de inmediato por la dirección creativa y Sturges no tardó en abandonar el proyecto, alegando: «Soy demasiado viejo y demasiado rico para aguantar esta mierda».
El guionista Alan Trustman, con quien McQueen había trabajado en «Bullitt», fue el siguiente miembro del equipo en enfrentarse a McQueen, y también acabó despedido. Antes incluso de que comenzara el rodaje, la productora Cinema Center Films se puso en contacto con Robert Redford con la esperanza de que sustituyera a McQueen. Al enterarse y desesperado por salvar el proyecto que tanto le apasionaba, McQueen llegó a un acuerdo por el que renunciaba a su sueldo, a cualquier porcentaje de los beneficios de la película y al control creativo.
McQueen descubrió que figuraba en la tristemente célebre «lista de personas a las que matar» de Charles Manson
En junio de 1970, el rodaje comenzó durante las auténticas 24 Horas de Le Mans. McQueen tenía previsto competir en un Porsche 917 junto a Jackie Stewart, pero no aceptaron su inscripción. Por ello, se vio obligado a dejar que un sustituto, Jo Siffert, rodara muchas de las escenas de carreras reales. Fue un duro golpe para McQueen, el primero de muchos, pues, al prolongarse el rodaje hasta noviembre, toda la producción empezó a venirse abajo poco a poco (en algunos casos, literalmente).
El primer accidente se produjo cuando el Ferrari 512 pilotado por Derek Bell (quien más tarde ganaría Le Mans cinco veces) se incendió durante una toma. El siguiente fue peor: el líquido de frenos penetró en una herida que el piloto de F1 David Piper sufrió durante el rodaje. Tuvieron que amputarle la pierna. Piper nunca volvió a hablar con McQueen: otra relación rota.
En otro accidente, McQueen estrelló su Peugeot 504 cuando viajaban con él la protagonista de la película, Louise Edlind, y su asistente, Mario Iscovich. Conducía demasiado rápido bajo la lluvia, tomó mal una curva y el coche dio varias vueltas de campana hasta acabar en un campo. Iscovich resultó herido, pero McQueen temía que los productores cancelaran Le Mans si se enteraban, así que se negó a llamar a una ambulancia e intentó robar un coche cercano. El dueño del vehículo, un granjero, sorprendió a McQueen. Sacó una escopeta y, entre gritos e insultos, disparó al aire. Al final, Iscovich asumió la culpa del accidente y, además, perdió su trabajo.
Por aquella época, McQueen descubrió que figuraba en la tristemente célebre «lista de personas a las que matar» de Charles Manson, por lo que intentó conseguir un arma para protegerse. Su matrimonio también acabó rompiéndose durante el rodaje, después de que tanto él como su esposa, Neile Adams, tuvieran aventuras amorosas. Le Mans quedó relegada a un segundo plano y hubo que llevarla a rastras hasta la línea de meta. La película fue un fracaso comercial. McQueen ni siquiera asistió al estreno y nunca volvió a competir.
Y, sin embargo, el último día de rodaje, después de recorrer a toda velocidad la recta de Mulsanne, McQueen le regaló el Monaco que llevaba en la muñeca a su mecánico jefe, Haig Altounian. Lo había mandado grabar. Y aunque puede que no sea el mismo reloj que se subasta en Sotheby’s, representa uno de los pocos puentes que Le Mans no dejó reducidos a cenizas: el hecho de que McQueen lo utilizara como muestra de gratitud dice mucho de su importancia sentimental. Al entregárselo, el actor le dijo: «Quiero darte las gracias por haberme mantenido con vida todos estos meses». Visto en retrospectiva, bien podría habérselo estado diciendo al propio reloj.
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