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El conde Nikolai de Monpezat está planeando su próximo movimiento...

El conde Nikolai de Monpezat está planeando su próximo movimiento...

El conde Nicolás de Monpezat pertenece a la realeza danesa y es, además, un nuevo príncipe del estilo.

  • Texto de: Joseph Bullmore
  • Fotografía: Stew Bryden
  • Estilista: Gary Salter
  • Maquillaje y peluquería: Maria Comparetto
  • Asistente de estilismo: Jess Miller

El conde Nikolai de Monpezat tiene una llamada comercial dentro de 40 minutos. Habla conmigo por Zoom desde la oficina de su agencia de modelos en Copenhague, y en la pared que tiene detrás hay pegados retratos y atractivas imágenes de inspiración. Pero, cuando terminemos la llamada, saldrá con agilidad de esta faceta de su vida —la de la moda, la del estilo, la que le ha llevado a desfilar para Burberry y a protagonizar campañas con Georg Jensen— para regresar al mundo de la inversión inmobiliaria. Su corbata le permite moverse entre ambos mundos. Es un desenfadado modelo de seda estampada de la sastrería australiana P. Johnson, formal y divertido a la vez; expresivo y apropiado. También le recuerda a su abuelo, dice.

«Siempre hemos intentado mantener cierta elegancia…»

«Era de la rama francesa de mi familia y tuvo una enorme influencia en mí», cuenta Nikolai. «Era el patriarca indiscutible de la familia, el centro de todo. Su estilo giraba en gran medida en torno a corbatas extravagantes y siempre vestía trajes grandes. Y es algo que he incorporado mucho a mi propio estilo».

La otra rama de su familia, por supuesto, es danesa. El conde Nikolai es el nieto mayor de Margarita II, reina de Dinamarca hasta su abdicación en 2024. Ha crecido rodeado del ceremonial y el sentido del deber de esa familia. ¿Cómo es ser conde hoy en día? «Creo que tiene mucho que ver con las formalidades, pero también con las responsabilidades que conlleva mi posición», afirma. «Pero para mí es como una familia normal. Evidentemente, sé que desde fuera no se ve así. Pero para mí se trata simplemente del día a día familiar».

No obstante, afirma: «A menudo hay muchas miradas puestas en mí, si se entiende lo que quiero decir. Así que intento comportarme siempre de la mejor manera posible, y eso incluye vestir lo mejor que puedo». Su educación le inculcó así un marcado sentido del estilo. «Siempre hemos procurado mantener cierta elegancia», explica. «Cuando eres pequeño, llevar corbata y traje no siempre resulta agradable. Pero con los años he aprendido a apreciar de verdad el estilo que me transmitieron mis padres». Parece que también ha calado en su carácter: tiene una presencia encantadora, educada con naturalidad y cercana. «Siempre insisto en dar un apretón de manos firme y miro a la gente a los ojos cuando la saludo», dice. «Y creo que es muy importante estar presente».

La primera experiencia de Nikolai en la industria de la moda fue hace ocho años, cuando desfiló para Burberry en Londres. «Fue una entrada bastante repentina en el mundo del modelaje», cuenta. «Fue una experiencia abrumadora y extravagante: todo un mundo nuevo. Y, en cierto modo, me enamoré de la energía y del espíritu creativo de la industria». Después, Nikolai se marchó a estudiar a Australia, porque esperaba descubrir un estilo de vida completamente distinto: «una experiencia totalmente diferente a lo que estoy acostumbrado». Allí, según cuenta, descubrió un estilo mucho más «práctico» que el escandinavo. «Me encanta el estilo informal; la funcionalidad de su forma de vestir me resulta muy inspiradora».

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El estilo de vida australiano también encajaba a la perfección con su pasión de toda la vida por el deporte: desde el fútbol hasta el esquí, pasando por el tenis, el pádel y el squash; cualquier cosa que pueda practicar, dice. Puede que esta sea su principal pasión al margen de sus dos vidas profesionales. Aunque tampoco es que establezca límites especialmente rígidos entre las distintas facetas de su personalidad. Le pregunto a Nikolai dónde se ve dentro de diez años. «La respuesta breve y sincera es que no lo sé. Y creo que eso también podría ser una elección consciente. Me encanta tener flexibilidad, poder ir cambiando y organizar mi vida como quiero. No me entusiasma demasiado seguir un rumbo prefijado». Pero quizá, dice, le gustaría hacer algún trabajo en la industria de la moda: una colaboración de diseño conjunto. (Tal vez incluso una pequeña colección cápsula con P. Johnson, sugiero).

«Pero, en realidad, me encantaría hacer diez cosas que ocuparan cada una el 10 % de mi tiempo, en lugar de hacer una sola que ocupara el 100 %», concluye. «Así que no quiero saber dónde estaré dentro de diez años, porque eso significaría que voy por una vía marcada. ¿Y dónde estaría entonces la aventura de vivir?»

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