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A este lado del paraíso

A este lado del paraíso

El fotoperiodista Guillaume Bonn presenta un réquiem sobrecogedor por el continente africano: un paraíso terrenal que lucha por sobrevivir ante el avance de la industria y el turismo.

Paradise Inc. es el resultado de la búsqueda que Guillaume Bonn ha llevado a cabo durante décadas para presenciar y documentar los últimos días de la gran naturaleza salvaje de África Oriental. Lo que este libro recoge, a través de sus fotografías y sus palabras, es fruto de numerosos viajes realizados a lo largo de muchos años por la sabana africana, así como por los pueblos y ciudades del continente.

Francés «africano» de tercera generación, Guillaume nació en Madagascar y creció en las Comoras, Yibuti y el norte de Yemen, pero fue en Kenia donde vivió más tiempo y pasó sus años más formativos; el lugar donde, según sus propias palabras, forjó sus «ideas y opiniones sobre la naturaleza y la vida». Es un lugar al que ha regresado y en el que ha vivido durante largas temporadas a lo largo de su vida. Como fotógrafo documental en activo durante las últimas tres décadas, tanto en Kenia como en otros lugares de África, Guillaume ha sido testigo directo de sus glorias perdurables y sus continuos traumas, que abarcan desde su extraordinaria diversidad humana y de fauna salvaje hasta sus guerras, hambrunas y atroz pobreza. Para bien o para mal, esta es el África que se ha convertido en su musa ineludible, un lugar que lo atrae y lo repele. Es un vínculo que él describe como «le mal d’Afrique».

A Garamba Park ranger in the Democratic Republic of Congo posing with an elephant’s tusk

Como amigo y colega de Guillaume, y compartiendo con él la pasión por África, he visto cómo este libro ha ido tomando forma a lo largo de los años; también ha sido objeto de numerosas conversaciones durante varios viajes que hicimos juntos por Kenia y Tanzania. El propósito de Guillaume en estos viajes era mostrarme algunas de las zonas naturales amenazadas que conocía y presentarme a algunas de las personas que más admiraba, personas que dedicaban su vida a ayudar a preservar lo que quedaba: Richard Bonham, Paula Kahumbu, Ian Craig, los ya fallecidos Tony Fitzjohn y Richard Leakey.

Muchos de los cambios que se están produciendo actualmente en África son catastróficos. Los conflictos armados, el vertiginoso crecimiento de la población humana y la rápida expansión urbanística ya han degradado numerosas zonas naturales y han alterado la coexistencia tradicional entre los seres humanos y la fauna salvaje. Al igual que algunas de las culturas humanas tradicionales del continente están desapareciendo ante el avance de la urbanización, muchas de sus especies animales se encuentran en peligro crítico de extinción. La irrupción del cambio climático ha acelerado tanto el ritmo como los efectos de estas transformaciones, lo que plantea una cuestión existencial urgente: ¿cuánto tiempo más podrán sobrevivir los extraordinarios entornos naturales y los ecosistemas únicos de África Oriental?

A Garamba Park ranger in the Democratic Republic of Congo posing with an elephant’s tusk

En una reunión que Guillaume y yo mantuvimos con él en 2021, un año antes de su muerte, el célebre paleoantropólogo y conservacionista Richard Leakey nos confesó que, en su opinión, era poco probable que la mayor parte de la fauna salvaje de Kenia sobreviviera mucho más allá de mediados de siglo. Los glaciares del monte Kenia se estaban derritiendo, los ríos se estaban secando y la población humana del país, que se había quintuplicado en 50 años, iba camino de volver a duplicarse para mediados de siglo. Los próximos 30 a 50 años serían decisivos, afirmó. «En general, mi actitud a corto y medio plazo es muy pesimista», dijo. «No confío en el futuro de la fauna salvaje a menos que algo cambie, y no veo que vaya a ocurrir».

La valoración de Leakey era desoladoramente sombría, pero tenía el incómodo marchamo de la verdad. Por supuesto, el entorno natural de África Oriental lleva muchísimo tiempo amenazado. Hace 60 años, Peter Beard escribió su inolvidable libro, El fin del juego, del que desde entonces se han publicado diversas versiones a lo largo de las décadas. Al documentar lo que veía a su alrededor a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, Beard fue capaz de prever el apocalíptico declive de la gran población de elefantes de África Oriental; predijo con acierto el fin de los hábitats y las rutas migratorias ancestrales que habían permitido que estos y las demás extraordinarias especies silvestres de la región coexistieran con los seres humanos desde antes de que existieran registros históricos. Las observaciones de Beard tuvieron un profundo impacto en Guillaume, quien llegó a conocerlo bien y trabajó estrechamente con él cuando tenía veintitantos años. (De hecho, Guillaume estaba con Beard cuando, en 1996, un elefante que cargaba contra ellos lo pisoteó y estuvo a punto de matarlo).

A rhino is being translocated to a new area to avoid deadly territorial fi ghts as its habitat shrinks

Desde la publicación de la obra magna de Beard, el enfrentamiento entre el ser humano y la naturaleza en África Oriental no solo ha continuado, sino que se ha intensificado de forma explosiva, hasta el punto de que la sociedad humana compite directamente con la fauna salvaje que aún queda y con los hábitats naturales de los que depende para sobrevivir. Las zonas silvestres ya no son extensiones ilimitadas, sino mosaicos de enclaves aislados que comparten cada vez más espacio con el avance implacable de las explotaciones agrícolas, los pueblos, las ciudades, las fábricas y las carreteras construidas por el ser humano. ¿Cómo lograr un equilibrio que permita el crecimiento humano y, al mismo tiempo, salve a los animales y su hábitat de una extinción casi segura? Una fotografía tomada por Guillaume, en la que un puente ferroviario elevado atraviesa el Parque Nacional de Nairobi mientras una manada de cebras pasta entre la hierba elefante que rodea sus pilares, quizá nos ofrezca un atisbo del futuro que se avecina.

Al elegir Paradise Inc. como título de su libro, Guillaume reafirma que África Oriental es realmente un paraíso terrenal. Al igual que el Paraíso, ese reino mítico presente en la mayoría de las grandes religiones del mundo, esta región, con toda su extraordinaria belleza y diversidad, constituye, según él, un auténtico depositario de nuestro sentido colectivo de la perfección natural y un atisbo de eternidad en el tiempo. Pero, con igual determinación, Guillaume quiere que veamos la fragilidad de ese paraíso, cuyo futuro pende ahora de un hilo. De ahí el «Inc.».

The Maasai Mara Game Reserve is a large nature reserve located in southwestern Kenya, near the Tanzanian border. It is part of the larger Mara-Serengeti ecosystem, which spans both Kenya and Tanzania

Guillaume arremete, comprensiblemente, contra el lucro amoral y la crueldad manifiesta de los cazadores furtivos de cuernos de rinoceronte y marfil de elefante, pero también muestra su desprecio por la moderna clase de especuladores de cuello blanco que construyen hoteles en los mismísimos límites de los parques nacionales y diseñan «experiencias de safari» para los turistas extranjeros que acuden en masa a lugares como la reserva de Masái Mara, en Kenia. Tampoco escatima palabras duras para aquellos visitantes que optan por no ver las crudas realidades que se esconden más allá de sus zonas exclusivas, como los asentamientos chabolistas que rodean los parques nacionales por cuya «exploración» durante unos pocos días han pagado generosamente. Y si alguno de ellos se pregunta qué efectos tiene su presencia en la fauna salvaje que han venido a contemplar desde sus lujosos Land Cruiser, o qué ocurre con la basura que se acumula durante sus costosos safaris, Guillaume les ofrece aquí algunos recordatorios imborrables.

A chef employed by a neighbouring lodge is preparing breakfast for clients who are soon to return from their early morning hot-air balloon ride

En definitiva, Guillaume afirma que ya no es posible encuadrar nuestras percepciones, como hacen los fotógrafos, seleccionando ciertas realidades y excluyendo otras para que se ajusten a nuestras arraigadas ilusiones. Ha llegado el momento de afrontar los hechos, mientras los ancestrales paisajes naturales y hábitats de la fauna salvaje de África Oriental desaparecen inexorablemente. Paradise Inc. es, por tanto, un réquiem, y quizá incluso un epitafio, pero también es un llamamiento personal de Guillaume a los lectores del libro para que se desprendan de sus ilusiones y vean las cosas tal como son, antes de que sea realmente demasiado tarde.

Paradise Inc. no es solo un lamento. Este libro es también una oda a la tierra que vio nacer a Guillaume y que le ha servido de inspiración. Contiene imágenes de gran belleza. Su encuadre de un valle fluvial de África oriental al amanecer es inolvidable, algo parecido a la idea que todos tenemos del jardín del Edén. En él encontramos la visión casi mística de Guillaume de un África salvaje y esplendorosa, antes de convertirse en una imagen digna de Instagram para los lectores de «How to Spend It», del Financial Times.

A lion in a quarry where materials are extracted for the construction of accommodations located just beyond the boundaries of the Maasai Mara Reserve

Guillaume Bonn es un africano blanco de ascendencia europea y, precisamente por ello, se siente inevitablemente desplazado y excluido de algunas de las nuevas realidades de África. Es una condición insuperable. La irritable inquietud de Guillaume ante los cambios que se están produciendo en África y su preocupación por el futuro me recuerdan a otro africano blanco: el explorador, escritor y excéntrico naturalista británico nacido en Etiopía Wilfred Thesiger.

Nacido siete décadas antes que Guillaume, Thesiger también arremetió contra el avance de la modernidad y la destrucción de las antiguas formas de vida de África. Algo que su biógrafo, Alexander Maitland, escribió sobre Thesiger bien podría aplicarse a Guillaume: «El sueño imposible de Thesiger había sido preservar la vida casi idílica que había conocido de niño en Abisinia. Contemplaba los cambios con pesimismo, como una amenaza para los pueblos tribales que admiraba y para sí mismo, tradicionalista y romántico que “veneraba el pasado, se sentía fuera de sintonía con el presente y temía el futuro”. Una visión tan reaccionaria estaba condenada desde el principio, y Thesiger lo sabía...»

The great migration entails the aweinspiring movement of over a million wildebeest from Tanzania’s Serengeti to the adjacent Maasai Mara reserve in Kenya

Al igual que las fotografías del propio Thesiger ofrecían imágenes icónicas de un África que parecía destinada a permanecer así para siempre, antes de que las convulsiones y los artefactos del siglo XX comenzaran a aplastarla, el objetivo de Guillaume se posa, acusador, sobre el deterioro que continúa produciéndose: un pequeño montón de basura en el bosque de Maasai Mara; un magnífico león descansando en medio de un terreno irregular, arrasado por las excavadoras y convertido en vertedero; un surtidor de gasolina recién instalado, listo para entrar en funcionamiento junto a una carretera que atraviesa inexorablemente la sabana keniana.

Es como si Guillaume fuera, en cierto modo, una especie de detective que trabaja para la acusación, buscando pruebas visuales de los delitos que se cometen por todas partes, a nuestro alrededor. Al mostrarnos estas escenas, sus fotografías nos invitan a verlo con nuestros propios ojos y, quizá, a hacer algo al respecto. «Solo soy fotógrafo, un mero observador», afirma Guillaume, pero lo que retrata tiene una gran fuerza y su mensaje es claro.

A male elephant on the eastern slopes of Mount Kenya will soon be tranquilised from a moving helicopter and fi tted with a GPS collar

Lo cierto es que África, que fue la última región del mundo en ser colonizada durante el reparto de África a finales del siglo XIX, sigue siendo el continente que conserva los espacios más salvajes. Pero ahora, poco más de un siglo después, estamos viendo cómo esos espacios salvajes acaban sucumbiendo ante el vertiginoso crecimiento de la población africana, que se espera que se duplique en las próximas décadas. Aun así, África continúa siendo idealizada, fetichizada y, en última instancia, cosificada por personas ajenas al continente y por quienes pretenden sacar provecho de esas ideas equivocadas. En «Paradise Inc.», Guillaume Bonn trata de disipar esa disonancia cognitiva.

La lucidez que Guillaume nos exige tiene un sabor agridulce. Por alguna razón, me viene a la mente una anécdota: hace unos años, durante un viaje a Kenia, Guillaume y yo regresábamos a Nairobi tras pasar unos días en las colinas de Chyulu, una reserva natural en pleno territorio masái. Al cabo de unas horas, llegamos a la carretera asfaltada que une el puerto de Mombasa, en el océano Índico, con Nairobi. A lo largo del trayecto habían surgido nuevos asentamientos humanos junto a la carretera. No eran muy distintos de las caóticas franjas comerciales que jalonan las carreteras de todo el mundo; solo que allí apenas estaban empezando a aparecer, y en la sabana que se extendía hasta el horizonte aún podían verse antílopes pastando a poca distancia. La tierra todavía no se había parcelado ni cercado, pero pronto lo estaría. Camiones cargados de mercancías desde la costa hasta la capital pasaban constantemente junto a nosotros con un estruendo ensordecedor, abasteciendo a la creciente población del país.

To deter poaching, some conservationists have turned to dehorning rhinos. By removing their horns, rhinos become less attractive targets for poachers, as the horns are highly valued on the black market

En un momento dado, una cebra yacía muerta de costado junto al tráfico que pasaba. Estaba allí, sin más, como un vestigio de la naturaleza salvaje en medio del creciente caos que las personas generan con sus carreteras, vehículos y edificios. Era una imagen triste, por supuesto, pero también, de algún modo, emocionante. Al fin y al cabo, no era un animal muerto cualquiera, sino una cebra, una criatura de lo más extraordinaria y un recordatorio de que, en África, la naturaleza salvaje, aunque amenazada, aún existía.

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