
13 películas dignas de un Óscar que no ganaron ningún premio de la Academia
Antes de la gran noche del domingo, repasamos esos clásicos de la gran pantalla que, sorprendentemente, no se llevaron uno de los galardones más importantes de la industria
- Texto de: Josh Lee
El domingo por la noche, las grandes estrellas de Hollywood acudirán a la 97.ª edición de los Premios Óscar, en la que se espera que Cónclave, Anora y The Brutalist se lleven los principales galardones de la ceremonia. A falta de unos días, echamos la vista atrás, pero no para recordar a los ganadores de ediciones anteriores (ya han recibido suficiente gloria), sino aquellas obras maestras del cine que se fueron completamente de vacío. En nuestra lista —que, quede claro, no pretende ser definitiva, sino tan solo una selección de largometrajes cuyo fracaso en los Óscar nos sorprendió especialmente— hay un clásico en blanco y negro sobre la condición humana; un par de grandes éxitos de Scorsese; y un clásico de James Cameron que lo consagró como uno de los grandes autores de su época, antes de que empezara con sus rarezas de alienígenas azules. Así pues, estas son las grandes damas de honor del cine…
¡Qué bello es vivir! (1946)
Prosaica, profunda tanto de forma sutil como evidente y todo un clásico navideño, «¡Qué bello es vivir!» está considerada una de las mejores películas del siglo pasado gracias a su conmovedora historia sobre un hombre de negocios cuyas grandes aspiraciones vitales se ven constantemente aplazadas. James Stewart desprende encanto y magnetismo en pantalla y, para ser una película rodada hace 79 años, ha envejecido bastante bien.
Taxi Driver (1976)
Este clásico de mediados de los setenta es una de las varias obras maestras de Martin Scorsese que nunca han recibido el máximo galardón, entre las que también se encuentran Malas calles, Gangs of New York y Los asesinos de la luna. Su retrato de la situación de la ciudad de Nueva York en aquella época (la desigualdad y la delincuencia), su influencia en el cine neo-noir y sus frases legendarias («¿Hablas conmigo?») la convierten en una de las mejores películas de la historia, con estatuilla dorada o sin ella.
El resplandor (1980)
Todos conocemos la frase. Todos recordamos el rostro amenazante asomándose por la puerta destrozada. Todos conocemos el Hotel Overlook. Es difícil escapar a la ambición artística de Stanley Kubrick. Este clásico del terror otorgó un verdadero prestigio al género y suele situarse a la altura de Psicosis ; por ello, se le atribuye haber sentado las bases sobre las que se construyen los thrillers psicológicos actuales.
Terminator (1984)
De algún modo, el largometraje de James Cameron sobre un robot asesino no logró destacar en la temporada de premios, algo bastante extraño teniendo en cuenta sus diálogos precisos y eficaces y su aire innovador. Fue una película clave que catapultó a Arnie a la fama, con una interpretación que oscilaba a la perfección entre el cíborg carente de emociones y la figura sociopática. Por su banda sonora, sus efectos visuales y su guion original, merecía haberse llevado algún premio.
Reservoir Dogs (1992)
De entre Quentin Tarantino y su obra fundamental, que incluye la narrativa multilineal de Pulp Fiction, la violencia gratuita de Kill Bill y esa carta de amor a la industria que es Once Upon a Time... in Hollywood, sigue siendo su ópera prima la que más nos impresiona, con su despliegue de trajes impecables y diálogos calculados hasta extremos absurdos (la escena de la cafetería continúa siendo uno de los mejores arranques de la historia del cine). Destaca especialmente el desquiciado Sr. Rubio de Michael Madsen.
Cadena perpetua (1994)
Cuesta creer que esta extraordinaria película fuera en realidad un fracaso de taquilla cuando se estrenó, recaudando apenas 16 millones de dólares. Un hombre encarcelado injustamente que acaba protagonizando una de las fugas más emblemáticas de la historia del cine: un argumento para la posteridad. Tim Robbins y Morgan Freeman están soberbios en sus interpretaciones de hombres corrientes, y la película recibió un aluvión de nominaciones (entre ellas, a mejor película, mejor fotografía y mejor banda sonora original), pero no se llevó ningún premio. En su lugar, Forrest Gump se alzó con el máximo galardón de la noche.
El club de la lucha (1999)
Para evitar que los fans más incondicionales se queden con las manos vacías, cumpliremos las dos primeras reglas…
American Psycho (2000)
La adaptación cinematográfica de la novela de terror de Bret Easton Ellis ha calado tan hondo en la cultura que mencionarla en una conversación parece un cliché. Hemos visto la escena del ritual de belleza en bucle hasta la saciedad; conocemos al dedillo la textura de las tarjetas de visita; y, por Dios, seguimos en la lista de espera para reservar en Dorsia. Sin embargo, pese a su habilidad para dar con todos los ingredientes del entretenimiento (Christian Bale, una vez más, en una interpretación convincente; referencias de culto a artistas como Huey Lewis and the News; trajes de Valentino; y una violencia disparatada), ni siquiera fue nominada. Para ser justos, aquel fue el año de Gladiator, Chocolat y Tigre y dragón.
Deseando amar (2000)
El magistral uso que hace Wong Kar-wai de los colores vivos y el romanticismo convierte al director en un autor tan singular como Wes Anderson, pero da la sensación de que no ha recibido ni de lejos el reconocimiento que merece, especialmente en Occidente. La que a menudo se considera su mejor obra —sobre dos personas al borde de la infidelidad— tuvo una buena acogida en el circuito internacional, pero no recibió ni una sola nominación a los Óscar.
Réquiem por un sueño (2000)
Es una película increíblemente dura de ver —un retrato de cuatro personas, su adicción a las drogas y la oscuridad que esta conlleva—, pero también es una obra de arte de gran altura. Muestra a Jared Leto, Jennifer Connelly y Marlon Wayans en toda su crudeza y, pese a la sordidez de sus vidas, el desconcertante estilo visual de Darren Aronofsky ejerce una auténtica fascinación.
Gangs of New York (2002)
Leonardo DiCaprio y Daniel Day-Lewis: cualquiera diría que era una fórmula infalible para triunfar a lo grande. La presencia en el reparto de Liam Neeson, Cameron Diaz, Brendan Gleeson y Stephen Graham también hacía pensar que la balanza se inclinaba a favor de la epopeya de Scorsese, pero Adrien Brody (mejor actor por «El pianista»), «Chicago» (mejor película) y Roman Polanski (mejor dirección) se llevaron los galardones.
District 9 (2009)
Aunque District 9 contó con un presupuesto de producción de tan solo 30 millones de dólares, recaudó 210 millones en todo el mundo y, además de su éxito comercial, destacó por su original e insólita trama sobre unos alienígenas («langostinos») que habitan un gueto sudafricano. Sharlto Copley, en particular, está soberbio al combinar la acción con un peculiar sentido del humor (quizá involuntario).
Drive (2011)
La banda sonora de sintetizadores. Los modelitos de Ryan Gosling. La conducción a toda pastilla. Bryan Cranston. Las miradas. La sangre a raudales. Este clásico moderno de estilo indie merecía mucha más suerte.
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