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La realeza inmobiliaria de Nueva York

Descubre las familias que dieron forma, y siguen dándosela, a la Gran Manzana, desde su influencia y filantropía hasta sus sucesores

Nueva YorkLas dinastías inmobiliarias de Nueva York no son todas como los Trump, tan dados a la fanfarronería. En la propia esencia de las imponentes torres que siguen alzándose por Manhattan y los demás distritos de la ciudad se encuentran clanes más antiguos, casi aristocráticos, que llevan mucho tiempo encabezando la imparable urbanización de la ciudad.

Pero el foco mediático nunca ha sido indulgente con la realeza inmobiliaria de Nueva York: durante décadas, las portadas de los periódicos de la ciudad han aireado historias de escándalos y excesos, sexo, drogas y disputas familiares al estilo de Succession, especialmente en su época dorada, entre las décadas de 1960 y 1980, cuando resultaba demasiado difícil ignorar sus incómodos vínculos con políticos o con la mafia.

No sorprende, por tanto, que hayan decidido bajar el volumen de su vida privada. Pero la realeza inmobiliaria de Nueva York sigue muy presente y continúa moldeando el carácter de la metrópolis: los Rudin, los Durst, los Milstein, los Rose, los Fisher, los Tishman y los Resnick. A diferencia de Trump (de quien, por razones obvias, han hecho todo lo posible por desvincularse, pues lo consideran un buscavidas y estafador de segunda generación), estos apellidos apenas resultan conocidos, pero su astucia, su riqueza y su influencia entre bastidores les han permitido acumular poder suficiente para dar forma a la ciudad tanto en sus peores momentos como en los mejores: son la respuesta neoyorquina a los gurús tecnológicos de Silicon Valley, los magnates del petróleo de Dallas o los barones del acero de Pittsburgh. La realeza inmobiliaria de Nueva York sigue reinando. Con algunas incorporaciones y bajas, son las mismas familias que han dominado el sector inmobiliario de la ciudad durante más de medio siglo: lo más parecido a una clase dirigente estable que ha tenido Nueva York desde la época de los Astor y los Rhinelander. Aunque han existido facciones y alianzas (sobre todo entre la vieja guardia: los Tishman y los Durst, los Tishman y los Rudin, los Rose y los Rudin, etc.), siguen siendo propensos a hacer negocios entre ellos... además de competir por valiosos inmuebles en un territorio que ahora se extiende desde el moderno Brooklyn hasta los barrios en desarrollo del Bronx. La gentrificación sale rentable: los alquileres en los distritos periféricos cuestan ya, de media, tanto como en Manhattan, 4.500 dólares al mes. Sin embargo, puede que los locales comerciales no lo sean —al menos en un futuro próximo—, pues los expertos pronostican una caída.

Los orígenes de las dinastías más antiguas son ejemplos pintorescos y dorados del sueño americano: inmigrantes, en su mayoría procedentes de Europa del Este, algunos de las laboriosas comunidades judías de habla yidis que poblaban la ciudad a principios del siglo XX, como Robert Tishman (de Tishman Speyer) y David Rose (de Rose Associates). Dinastías más recientes, como los Milstein, los Macklowe y los Roth, aportan una energía diferente y prosperaron durante la era de Gordon Gekko de los años ochenta; la mayoría de ellas, al igual que sus predecesoras en el sector inmobiliario, prefieren invertir en propiedades comerciales en vez de residenciales.

En 2023, esto parece una mala inversión, ante el posible desplome de los inmuebles no residenciales de la ciudad debido a los elevados tipos de interés y a las oficinas vacías. Se calcula que el cincuenta por ciento están sin utilizar, por lo que actualmente se está debatiendo la posibilidad de flexibilizar la legislación para permitir la conversión de oficinas comerciales en viviendas (quizá con un firme empujón de figuras tan influyentes como Charles S. Cohen y el sufrido Steven Roth). Nadie podría haberlo predicho en la década de 1980.

Ni siquiera la realeza del sector inmobiliario es inmune a los problemas sucesorios. Pensemos en los Roy de, bueno, la serie de televisión Succession, y en las tribulaciones de Kendall, Roman y Shiv mientras compiten por hacerse con el negocio de su padre. Los Roy de la vida real neoyorquina no son distintos: cada dinastía suele estar encabezada por un patriarca fuerte, desde Aby Rosen hasta Daniel Tishman. De hecho, se sabe que esta última familia ya está fracturada por disputas que la han dividido en bandos separados (hasta el punto de que sus miembros no se sientan cerca unos de otros en un mismo restaurante o cena). Los hermanos Milstein también están enfrentados. La presión dentro de cada familia es asombrosa, sobre todo para quienes están destinados a heredar un imperio. ¿Cómo pueden esos hijos, nacidos en un mundo de riqueza, desarrollar la misma tenacidad de sus padres para triunfar desde la nada, cuando muchos de ellos empezaron sin nada? Esa actitud sencillamente no se puede comprar y, a medida que estas familias llegan a la segunda, tercera y, en ocasiones, cuarta generación, se hace hincapié en adoptar una estrategia prudente con sus inversiones para evitar pérdidas capaces de desmoronar el imperio. Quizá esa sea otra razón por la que hoy mantienen un perfil más bajo que antes.

Otra característica de la realeza inmobiliaria neoyorquina es su filantropía. Es fácil mostrarse cínico al respecto: que los Milstein destinen 50 millones de dólares a un hospital presbiteriano especializado en cardiología parece sacado directamente de una serie política de HBO, en la que los oligarcas llegan a un acuerdo con el ayuntamiento a cambio de... beneficios (la imaginación se dispara). Lo mismo ocurre con los Rudin, que desarrollan programas de sostenibilidad en toda su cartera; los Rose; y los Tishman, que han hecho campaña activamente a favor de la vivienda asequible. Muchas de estas iniciativas filantrópicas son excelentes ejercicios de promoción de marca; un acto político que puede estar motivado por la sinceridad o por el deseo de mejorar el prestigio del apellido familiar en toda Nueva York. Sea como fuere, esto sigue yendo de la mano de su constante influencia en el aspecto y el ambiente de la ciudad, y los consolida como una poderosa clase dirigente que contribuye al bienestar de sus comunidades. Sean cuales sean sus motivaciones, la realeza inmobiliaria constituye una estirpe fascinante que compite por seguir reinando en la Gran Manzana. Cada familia da y, a veces, quita para mantenerse en lo más alto, incluso cuando el futuro del mercado inmobiliario es incierto. Esto es lo que hay que saber sobre sus principales protagonistas.

Dinastías de Nueva York

Nueva guardia

Tishman

Rockefeller Centre

Con una trayectoria que se remonta a 1898, la familia gestiona actualmente sus carteras a través de Tishman-Speyer, dirigida por Rob Speyer, o de TISHMAN, debido a una supuesta división familiar. Entre sus edificios se encuentran el Rockefeller Center, el MetLife Building y CitySpire.

Rudin

Dock 72

Cuando Louis Rudinsky compró su primer edificio en Manhattan en 1905, nació el imperio Rudin. Alrededor de 30 miembros de la familia tienen participaciones en la propiedad de los inmuebles.

Rose

Anagram Columbus Circle

Fundada por David Rose en 1925, Rose Associates fue una de las primeras empresas en hacerse un hueco en el mercado inmobiliario de Nueva York y llegó a gestionar más de 31.000 propiedades. Actualmente dirigida por Amy Rose Silverman, es una de las pocas empresas del sector propiedad de una mujer.

LeFrak

LeFrak City

Con un patrimonio de más de 6.000 millones de dólares, los LeFrak dirigen uno de los mayores imperios inmobiliarios de Nueva York, fundado por Harry LeFrak en 1901. Son conocidos sobre todo por LeFrak City, en Queens.

Milstein

Bristol Plaza

Con un patrimonio de más de 3.000 millones de dólares, los Milstein son una de las familias más ricas e influyentes del sector inmobiliario estadounidense. Morris Milstein fundó la empresa familiar en 1919.

Tisch

Loews Regency Hotel

Fundada en 1946 por los ya fallecidos hermanos Preston Robert y Laurence Tisch, la dinastía está ahora encabezada por sus esposas, Joan y Wilma, que comparten la fortuna familiar con sus hijos. A Rob Tisch se le atribuye haber acuñado el término «desayuno de poder».

Durst

One World Trade Centre

Los Durst poseen más de 16 millones de pies cuadrados de propiedades inmobiliarias en Nueva York y Filadelfia, incluida una participación en el One World Trade Center. Su fortuna se estima en 8.100 millones de dólares.

Vieja guardia

Rosen

Paramount Hotel

Aby J. Rosen, nacido en Alemania, cofundó RFR Holding en 1991, y en la actualidad la empresa posee una cartera valorada en más de 15.500 millones de dólares. Rosen es un ávido coleccionista de arte y posee más de 800 piezas de posguerra, entre ellas más de 100 obras de Andy Warhol.

Cohen

3 East 54th Street

Fundada en la década de 1950 por Eddie, Mortimer y Sherman Cohen, Cohen Brothers Realty & Construction es uno de los inversores inmobiliarios comerciales más destacados de Nueva York, principalmente en edificios de oficinas de clase A. En la actualidad, está dirigida por Charles S Cohen.

Silverstein

World Trade Centre

Silverstein Properties fue fundada en 1957 por Larry Silverstein. En la actualidad, es el quinto mayor propietario de inmuebles comerciales de la ciudad de Nueva York y es conocida principalmente por la reconstrucción del World Trade Center, que dio lugar a una disputa con los Tishman en 2006. Larry sigue al frente de la empresa.

Roth

The Lucida

Steven Roth es presidente del fondo de inversión inmobiliaria Vornado Realty Trust, que posee 20 millones de pies cuadrados de espacios de oficinas y locales comerciales. Roth se enfrenta actualmente a diversos retos en su intento de transformar la zona que rodea Penn Station, el nudo ferroviario de Nueva York.

Macklowe

432 Park Avenue

Conocido por los litigios aún en curso relacionados con 432 Park Avenue, Harry B. Macklowe también ha aparecido con frecuencia en los medios neoyorquinos por su pintoresca vida personal. Sus edificios han suscitado polémica por considerarse «feos» y presentar deficiencias estructurales.

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