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El pickleball es el deporte del verano

Descubre este desconocido deporte de raqueta estadounidense

Es el verano de 1965. Nos encontramos en Bainbridge Island, Washington, en la residencia de Joel Pritchard, un hombre que, veintisiete años después, en su intento por conservar el cargo de vicegobernador de Washington, perderá más de 148.000 votos frente a un candidato que se ha cambiado legalmente el nombre a Absolutamente Nada.

But that’s not important now, because this is 1965, not 1992. This is the year that Pritchard and his buddies Bill Bell and Barney McCallum will return home from a long summer’s day on the golf course to find their children bored and lacking in activities. This is the year these three pioneers will invent pickleball.

Pickleball es un nombre absurdo para un deporte de aspecto curioso que se presta a artículos repletos de juegos de palabras malos. También es el deporte que más rápido crece en Estados Unidos y está empezando a ganar popularidad en el Reino Unido, donde se introdujo mucho más recientemente y parece haber generado otro grupo de seguidores incondicionales, casi de culto.

Pero ¿qué es, te preguntarás? Suele describirse como una mezcla de tenis, bádminton y tenis de mesa. Como en la mayoría de los deportes de raqueta, cada jugador intenta golpear una pelota por encima de una red y gana un punto cuando su oponente no logra devolverla dentro de los límites de la pista.

Pritchard y sus compañeros idearon este deporte improvisando con los materiales que tenían a mano para jugar, ya que faltaba el volante de su juego de bádminton. Encontraron por ahí una pelota de plástico perforada —una «wiffle ball», en el léxico estadounidense—, probaron distintas alturas para la red, establecieron poco a poco las dimensiones de la pista y crearon palas de madera, además de las reglas.

El origen del nombre del pickleball no está del todo claro y, por lo que he podido leer —quizá en exceso—, es una cuestión un tanto controvertida. Algunos dicen que Pickles era el nombre de un querido perro de la familia, conocido por irrumpir en la pista de Bainbridge y robar la pelota entre punto y punto. Sin embargo, según el sitio web de la USA Pickleball Association (USAPA), Joan Pritchard —esposa de Joel— ha desmentido públicamente lo que probablemente sea un mito sobre el perro.

De hecho, afirmó que fue ella misma quien dio nombre al deporte porque «la combinación de distintos deportes [le] recordaba al “pickle boat” del remo, cuya tripulación se formaba con los remeros sobrantes de otras embarcaciones». Wikipedia, entre otras fuentes, va un paso más allá al afirmar que, en realidad, Pickles, el perro, ni siquiera «apareció en escena hasta dos años después», pero no he podido encontrar la fuente de esa parte de la cita. Aun así, me inclino por creer a la señora Pritchard y, sea como fuere, el nombre ha llegado para quedarse.

Al igual que su nombre, parece que este deporte no va a desaparecer pronto. Según la Sports and Fitness Industry Association (SFIA), el pickleball alcanzó los 4,2 millones de jugadores en Estados Unidos en 2020, lo que supone un enorme crecimiento del 21,3 % respecto a los 3,46 millones de jugadores registrados en 2019.

Este crecimiento significa que el pickleball cuenta ya en Estados Unidos con aproximadamente una quinta parte del número de participantes que tiene el tenis. Sabiendo lo que todos sabemos ahora sobre el tedio cotidiano de la COVID-19, es evidente que la búsqueda de nuevas actividades al aire libre ha tenido algo que ver con este repentino auge, y que celebridades como Ellen DeGeneres empezaran a practicar este deporte como pasatiempo durante la pandemia no ha hecho más que avivar las llamas. Pero también cabe señalar que, incluso antes del coronavirus, el pickleball ya había experimentado un sólido crecimiento del 9,7 % en tres años.

El auge del pickleball ha despertado un creciente interés empresarial. Aunque hasta hace poco el equipamiento de pickleball lo fabricaban y vendían pequeñas empresas especializadas, ahora las grandes compañías de artículos deportivos se están sumando para hacerse con su parte del mercado.

«Pickleball es un nombre ridículo para un juego de aspecto curioso…»

Chris Evon, cofundador del US Open, el torneo de pickleball más grande y prestigioso del mundo, afirma que este sector en expansión se está describiendo como el «Salvaje Oeste». Antes apenas había un puñado de fabricantes, pero ahora hay «más de doscientas empresas de palas, quizá incluso muchas más».

Evon afirma que el sector de la fabricación y la venta minorista de productos de pickleball ya da muestras de estar «saturado», y añade que «algo tendrá que ceder y la situación se equilibrará en los próximos cinco años». Es probable que este «reequilibrio» adopte una forma muy similar a la homogeneización de las calles comerciales británicas, con las grandes empresas imponiéndose gracias a su capital inagotable y sometiendo a sus competidores más pequeños mediante prácticas abusivas: «Solo sobrevivirán los fabricantes fuertes, y algunas de las empresas más pequeñas que no tengan buenos planes de negocio serán absorbidas, quizá mediante fusiones y adquisiciones».

Entre las grandes empresas que se están sumando se encuentran Head, Prince, Babolat, Gamma y Franklin. Aunque suponen un reto para los numerosos fabricantes que ya estaban presentes en este deporte antes de su llegada, también representan una enorme oportunidad para aumentar la participación en el pickleball.

Las grandes empresas aportan al deporte tanto visibilidad como prestigio, especialmente entre una generación más joven cuya imaginación el pickleball no había logrado despertar hasta ahora. Según el informe anual de 2020 de la SFIA, más del 20 % de quienes practican pickleball en Estados Unidos tienen más de 65 años, algo nada sorprendente si se tiene en cuenta que el núcleo de su éxito se encuentra en las comunidades de jubilados de Florida. Conseguir que los jóvenes se involucraran supondría «un antes y un después», afirma Evon, y podría impulsar el ritmo de crecimiento hasta cotas aún más vertiginosas.

Otro gran paso del pickleball en su afán por llegar a más hogares y animar a más jóvenes y mayores a practicarlo fue su primera aparición televisiva como deporte en directo, que tuvo lugar en el US Open en abril de este año. CBS Sports Network ha cubierto el evento desde su creación en 2016, pero esta edición fue la primera que se retransmitió en directo.

Ben Johns, número uno del mundo de pickleball en las categorías individual y dobles masculinas, afirma que la retransmisión en directo del US Open marcó el momento en que este deporte superó un «gran obstáculo», y considera que la exposición televisiva es «el principal factor que impulsará este deporte», sobre todo por los patrocinios que atrae.

Johns, estudiante universitario que además dirige dos negocios surgidos a raíz de su vinculación con este deporte, representa la transición del pickleball hacia su era profesional: «Hace un par de años, para mí solo era algo divertido, una afición… pero ahora jugar a tiempo completo y ganarse la vida dignamente con ello es, sin duda, una posibilidad real».

Al parecer, los mejores jugadores de pickleball pueden ganar ya hasta 200.000 dólares al año, principalmente gracias a acuerdos de patrocinio (Johns está patrocinado por Franklin) y a trabajos como entrenadores, y Johns considera que este deporte podría llegar a ser «bastante lucrativo» en los próximos cinco años si mantiene un ritmo de crecimiento similar.

Aunque este deporte todavía tiene muy poca presencia en el Reino Unido, Karen Mitchell, cofundadora y directora de Pickleball England, cree que despegará en los próximos años. Su «ambicioso objetivo» es que la organización pase de 1600 miembros en 2021 a 25.000 en 2025. A juzgar por el creciente interés que despierta en Estados Unidos y el número relativamente reducido de personas que lo practican actualmente en el Reino Unido, es difícil negar que, por muy ambiciosos que sean los objetivos de Mitchell, no carecen de fundamento.

Más allá de la sorpresa y el entusiasmo por el ritmo al que crece este deporte, todas las personas con las que he hablado me han transmitido lo cautivador que resulta el pickleball. Me han descrito con cariño la experiencia de jugar como «adictiva» y como entrar en «una secta», y más de una persona ha afirmado que se ha apoderado de su vida, tanto social como profesional. Resulta apropiado que, entre tanta conversación sobre patrocinios y oportunidades de retransmisión, lo que parece mantener a todo el mundo tan fascinado por el pickleball sea precisamente lo mismo que cautivó a Pritchard, McCallum y Bell cuando golpearon por primera vez una pelota con una pala en Bainbridge Island en 1965: diversión sana y sin pretensiones.

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