Skip to content
10.07.2026
Issue No 23
By Gentleman's Journal

Las cinco residencias de verano de los playboys de la jet set

  1. Gianni Agnelli — Villa La Leopolda
  2. Gunter Sachs — Villa La Collina
  3. Stavros Niarchos — Spetsopoula
  4. Dado Ruspoli — Castello Ruspoli
  5. Aly Khan — El Château de l'Horizon
Joseph Bullmore
Words By Joseph Bullmore

«¿Ha trabajado alguna vez?», le preguntó en cierta ocasión un periodista a Dado Ruspoli, uno de los más exquisitos bon vivants del siglo XX. «No», respondió. «Nunca he tenido tiempo». Estar ocioso da mucho trabajo. Sobre todo si se tienen en cuenta los desplazamientos, francamente agotadores para el alma, que conlleva: el avión a Saint-Tropez; el barco a Porto Cervo; el Ferrari a Gstaad. Los jóvenes de hoy en día no tienen lo que hay que tener. Yo culpo a Zoom.

Pero en fines de semana como este, cuando las aceras de Londres están tan calientes que se podría freír en ellas un huevo de codorniz, uno casi empieza a envidiar a aquellos multimillonarios trotamundos de antaño, sobre todo por su capacidad para alejarse de todo. Así pues, en pleno delirio de nostalgia provocado por la ola de calor, presentamos las cinco mejores residencias de verano de los playboys de la jet set.

1. Gianni Agnelli — Villa La Leopolda

Villa La Leopolda, una extensa mansión de la Belle Époque situada en Villefranche-sur-Mer, era el lugar predilecto de Agnelli cuando se encontraba en la Riviera. L’avvocato era conocido por sus espectaculares llegadas a la zona: prefería llegar en helicóptero, lanzarse al mar y nadar hasta la orilla. Construida en 1931 por el rey de Bélgica como regalo para su amante, la villa ha tenido desde entonces una historia tan pintoresca como cabría esperar. Tras ser vendida por Agnelli en la década de 1980, la propiedad pasó por las manos de varios personajes de dudosa fortuna, hasta que el oligarca ruso Mikhail Prokhorov intentó comprarla —sin éxito— en la década de 2000, perdiendo en el proceso un depósito de 39 millones de libras. Aunque quizá Prokhorov se libró de una buena. Actualmente propiedad de los herederos de la brasileña Lily Safra, se dice que solo el mantenimiento de los jardines cuesta cinco millones de dólares al año.

Gianni Agnelli — Villa La Leopolda

2. Gunter Sachs — Villa La Collina

Es bien sabido que Sachs cubrió la casa de Brigitte Bardot en Saint-Tropez con mil rosas en su intento por conquistarla y, una vez que lo consiguió, no escatimó en gastos para crear su propio refugio festivo en las inmediaciones. Villa La Collina se convirtió en la sede de facto de la alta sociedad de la Riviera en la década de 1960, un lugar de reuniones desenfrenadas y alta cultura. Al fin y al cabo, fue en Saint-Tropez donde Sachs, heredero de Opel, conoció por primera vez a un joven artista que empezaba a despuntar llamado Andy Warhol, y su casa, situada cerca de la playa de Pampelonne, albergaba obras de Dalí, Magritte, Yves Klein y el propio Warhol. La villa de seis dormitorios, construida en estilo neoprovenzal, es ahora una casa de vacaciones. Se puede alquilar por unos 10.000 € a la semana.

Gunter Sachs — Villa La Collina

3. Stavros Niarchos — Spetsopoula

Shipping tycoon Niarchos once joked that buying a private island was easier than having neighbours, and for many decades the isle of Spetsopoula was his haven of seclusion and discretion. It’s still not known how much Niarchos paid for the two-square kilometre island, which he acquired in the mid-1950s in a pique of competition with his old rival Aristotle Onassis, who had just bought Scorpios nearby. But many know it now for the tragedy that struck the paradise isle in 1970, when Niarchos’s wife Eugenia died in its central villa from a suspected overdose of barbiturates.

Stavros Niarchos — Spetsopoula

4. Dado Ruspoli — Castello Ruspoli

Alessandro «Dado» Ruspoli, IX príncipe de Cerveteri, bromeó una vez diciendo que la única utilidad de los títulos era que servían para que a uno lo invitaran a fiestas mejores. La ironía, por supuesto, era que él organizaba algunas de las mejores, a menudo en el palacio renacentista de su familia, el Castello Ruspoli, justo al norte de Roma. A lo largo de los siglos, el lugar sirvió de refugio a varios papas, pero las reuniones que se celebraron allí posteriormente solían tener poco de santas: Mick Jagger, Brigitte Bardot y Salvador Dalí solían festejar en el palacio hasta el amanecer. Ruspoli —un hombre de gran estilo que escribió algo de poesía y actuó en algunas películas— estaba acostumbrado a vivir deprisa; en una ocasión fue detenido con cinco libras de opio en su Maserati. Tras superar su adicción gracias al pintor Jean Cocteau, dedicó buena parte de sus últimos años a cuidar los vastos terrenos del Castello, que aún hoy presume de albergar el que posiblemente sea el mejor jardín renacentista italiano que existe.

Dado Ruspoli — Castello Ruspoli

5. Aly Khan — El Château de l'Horizon

La actriz Maxine Elliot encargó la construcción del Château de l'Horizon en 1938 por recomendación del novelista Somerset Maugham, quien acuñó la célebre descripción de la Riviera como «un lugar soleado para gente turbia». Como no podía ser de otro modo, por L’Horizon pasó una buena muestra de unos y otros: desde que Aly Khan y Rita Hayworth se instalaron allí en 1948, se llenó de un elenco cambiante de elegantes jóvenes bohemios, estrellas de cine y magnates de la industria. (Una foto de la época muestra a un orondo Winston Churchill bajando a toda velocidad por un tobogán acuático del château). Al año siguiente, la pareja celebró su boda en la finca de Golfe-Juan, donde se contrataron cien guardias de seguridad y una patrulla marítima para mantener a raya a la prensa, y se llenó la piscina de agua de colonia. Se dice que aquella noche los invitados dieron buena cuenta de unos veintitrés kilos de caviar, lo que llevó al padre de Aly, el Aga Khan, a refunfuñar: «Demasiado caviar, Rita; demasiado caviar».

Aly Khan — El Château de l'Horizon