«¿Ha trabajado alguna vez?», le preguntó en cierta ocasión un periodista a Dado Ruspoli, uno de los más exquisitos bon vivants del siglo XX. «No», respondió. «Nunca he tenido tiempo». Estar ocioso da mucho trabajo. Sobre todo si se tienen en cuenta los desplazamientos, francamente agotadores para el alma, que conlleva: el avión a Saint-Tropez; el barco a Porto Cervo; el Ferrari a Gstaad. Los jóvenes de hoy en día no tienen lo que hay que tener. Yo culpo a Zoom.
Pero en fines de semana como este, cuando las aceras de Londres están tan calientes que se podría freír en ellas un huevo de codorniz, uno casi empieza a envidiar a aquellos multimillonarios trotamundos de antaño, sobre todo por su capacidad para alejarse de todo. Así pues, en pleno delirio de nostalgia provocado por la ola de calor, presentamos las cinco mejores residencias de verano de los playboys de la jet set.