Burro, como sabéis, significa mantequilla. Y la mantequilla, en la cocina italiana, lo es casi todo. La semana pasada, mientras cocinábamos con nuestra anfitriona en una cocina de la Maremma, me quedé entre atónito y encantado al verla echar, literalmente, medio bloque de mantequilla clara en nuestra sartén de risotto justo antes de servirlo. Malo para el corazón, pero bueno para el alma, si entendéis lo que quiero decir. Burro encarna esa filosofía a la perfección. Los fettuccine con ragú de pato y boletus están increíblemente buenos y son todo un canto a la vida, al igual que unos tagliarini frescos y con un intenso sabor a ajo, acompañados de mejillones picados, guindilla y limón de Amalfi. Un sitio estupendo.