JFK Jr. utilizó un gran número de bicicletas de carretera y de montaña en sus recorridos por Manhattan, principalmente porque a menudo se olvidaba de ponerles el candado y, al volver, solía descubrir que se las habían robado. (En su honor, ahora yo también soy igual de descuidado con las bicicletas de Lime.) Entre los modelos se cuentan una GT de color rojo metalizado con manillar plano, una Peugeot de carreras gris tormenta, una TREK negro azabache, una Cignal amarillo plátano y, quizá la más atractiva de todas, una Gary Fisher Aquila morada con neumáticos todoterreno gris claro y manillar de cuernos, más que robusta para enfrentarse a los temibles adoquines de TriBeCa o a algún que otro paparazzi convertido en badén.
«Solía ir al trabajo en bicicleta todos los días», dijo Michael Gross, uno de los amigos de John y colaborador de George. «¿No te encanta la imagen de John Kennedy Jr. en bicicleta, libre como un pájaro? Es una imagen preciosa de alguien que vive en una jaula y encuentra una forma de escapar».