
Una celebración del humilde polo
Es una prenda tan familiar que cuesta imaginar la vida sin ella
- Texto de: Finlay Renwick
El polo. Ese básico del verano, símbolo del estilo preppy, del privilegio, de la contracultura, de algún que otro deporte y, sencillamente, una prenda cómoda para llevar de vacaciones. Apareció por primera vez en 1920 en las pistas de tierra batida de Roland Garros (más adelante hablaremos de ello) y, desde entonces, se ha abierto camino por todos los estilos y evoluciones imaginables de lo que llamamos «moda masculina». Junto con prendas como el traje, la camisa Oxford y la chaqueta de trabajo, el polo es una de esas piezas omnipresentes que realmente pueden considerarse atemporales.
Como dijo Ralph Lauren (de quien también hablaremos más adelante) sobre la prenda que contribuyó a crear un coloso mundial del estilo de vida: «Nunca se trató de una camisa, sino de una forma de vida».
Más de un siglo después de su creación, el polo sigue siendo una prenda muy apreciada. A continuación, repasamos las cuatro marcas y diseñadores que más huella han dejado en todo un clásico.
El polo de Ralph Lauren
¿Por dónde empezar siquiera con este? No es exagerado decir que, sin el señor Lifshitz (como se le conocía antaño), no existiría el panorama actual de marcas concebidas como extensiones de todo un universo, un estilo de vida o una reinterpretación completa de la personalidad. Lauren puso de moda ser vaquero, marinero, flâneur, profesor de la Ivy League, un rudo y pendenciero macarra de clase obrera (de pega), o una combinación de todos ellos. Nacido en el Bronx, Lauren empezó confeccionando corbatas en una pequeña habitación del Empire State Building y acabó convirtiéndose en un empresario visionario que, con gran ingenio, hizo de los polos una pieza clave tanto de la moda como de la cultura popular... durante décadas y décadas.
A los raperos les encanta el polo, a los tipos del capital riesgo les encanta el polo, a los jugadores de polo les encanta el polo: es el toque de Midas en todo su esplendor. Desde Pharrell hasta Leonardo DiCaprio (ya sabes, esa imagen suya en «El lobo de Wall Street, como un yuppie amenazante en la cubierta de un superyate), el polo de RL es el clásico emblema de lo cool. Como el propio Lauren contó a Gentleman’s Journal... «Siempre he tenido algo dentro de mí que quería expresar y, con el tiempo, encontré distintas formas de hacerlo: a través de lo que vestimos, de las cosas con las que convivimos; un mundo de calidad atemporal y auténtico».
El polo Lacoste
El polo tal y como lo conocemos ni siquiera existiría de no ser por cierto francés emprendedor. René Lacoste, un elegante campeón de tenis galo, se había cansado de los agobiantes atuendos de los años veinte: pantalones de franela, jerséis de cuello de pico y camisas de manga larga. «Mon Dieu! Tiene que haber otra forma», imaginamos que pensó. En 1933 dio los últimos retoques a un polo ligero de algodón «petit piqué», y el resto es historia.
Además de inventar el primer polo, Lacoste fue también la primera marca deportiva propiamente dicha que incorporó un logotipo a sus prendas: un cocodrilo bordado que hacía referencia al apodo de su fundador. Hoy es imposible no ver por todas partes a ese pequeño cocodrilo verde, ya sea en fotografías en tonos sepia de Clint Eastwood con un polo turquesa desteñido por el sol; de Nat King Cole en el estudio, con un polo impecablemente planchado metido por dentro de unos amplios pantalones de pinzas; o de Novak Djokovic, vestido de un blanco inmaculado en el All England Lawn Tennis Club. Lacoste también cuenta con credenciales en la alta moda, con directores creativos como Louise Trotter (ahora al frente de Bottega Veneta) que han reinterpretado su prenda estrella para convertirla en una pieza de pasarela. Si hablamos de perdurar en el tiempo, Lacoste es el primer y el último nombre de la alineación.
El polo de Sunspel
Una propuesta más discreta dentro del canon de los polos, Sunspel no es precisamente conocida por sus logotipos llamativos ni por una paleta de colores del arcoíris, pero sí cuenta con 165 años de tradición y una gran experiencia en materia de calidad y corte.
El clásico polo Riviera de Sunspel se presentó en la década de 1950. Peter Hill, nieto de Thomas Hill, fundador de Sunspel, quería crear una versión más ligera y desenfadada del polo deportivo original, que seguía pareciéndole un poco demasiado aparatoso para pasar un fin de semana largo en la Costa Azul. El joven Hill regresó a Nottingham y utilizó las máquinas de fabricar encaje en desuso de la empresa para crear un nuevo tejido de punto por urdimbre de algodón. Este diseño más ligero y transpirable pronto se convirtió en uno de los favoritos de figuras como Paul Newman y Steve McQueen.
En tiempos más recientes, Sunspel es quizá más conocida por haber confeccionado los elegantes polos de Daniel Craig durante su etapa como 007. Bond vestía prendas de Sunspel en las novelas originales de Fleming, lo que llevó a la diseñadora de vestuario Lindy Hemming a ponerse en contacto con la firma y encargarle una edición especial capaz de soportar el calor del verano y los considerables bíceps de Craig. Ajustaron el corte en el pecho y acortaron las mangas para realzar aún más la figura. Como dijo Hemming: «Pensé que pedirle a Sunspel que confeccionara todas las camisetas, polos y prendas de ropa interior de Bond sería una colaboración perfecta entre calidad y estilo británico, y así lo hicieron de manera excelente. Se le ve muy sexy y cómodo con sus prendas».
El polo Fred Perry
Sinónimo de contracultura y de esa cualidad nebulosa de lo «británico», Fred Perry es tan inglés como un desayuno frito, un pub con moqueta o calarse bajo la lluvia en la parada del autobús. El primer polo Fred Perry apareció en 1952: una prenda blanca, sencilla e impoluta, con la famosa corona de laurel bordada en el pecho. Pronto pasó de ser una prenda de tenis a convertirse en un auténtico fenómeno de la cultura juvenil, adoptado por punks, suedeheads, rude boys, mods, casuals de las gradas y hooligans, además de los aficionados a las raves y, más tarde, por lo que conocemos como britpop, hasta llegar a la primera ola del indie. Los jóvenes de clase trabajadora modificaban y adaptaban sus polos Fred Perry para encajar en distintos grupos.
En su libro «Resistencia a través de los rituales: subculturas juveniles en la Gran Bretaña de posguerra», el historiador cultural John Clarke escribe que el estilo desempeña un «papel multifuncional. Por un lado, encarna la identidad de esa subcultura y la forma en que esta se ve a sí misma; por otro, define los límites del grupo: quién pertenece a él y quién no, quién está con nosotros y quién está contra nosotros».
Aunque el polo original tenía el cuello de un solo color, fue la introducción del polo M12, con su doble ribete en el cuello, lo que hizo que este estilo triunfara en los años sesenta. Desde entonces, la marca ha colaborado con figuras como Raf Simons y diseñadores británicos como Nicholas Daley y Craig Green, ofreciéndoles un lienzo en blanco en el que combinar nostalgia, energía e ideas innovadoras.
Este artículo se publicó originalmente en el número de verano de 2025 de Gentleman's Journal, sobre el que puedes obtener más información aquí.
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