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Sonic the Hedgehog va a Ascot

Cómo los dardos se convirtieron en el acontecimiento deportivo más exclusivo del país

Nadie sabe quién empieza el cántico. Debe de surgir de un impulso individual, pero se propaga rápidamente por el gran salón del Alexandra Palace, atravesando un aire espeso de sudor, cerveza y ruido. «¿Alguna vez has visto a Sonic beberse una pinta de un trago?», empieza. Recorro la sala con la mirada, por encima de un mar de disfraces multicolores, sombreros y enormes jarras de cerveza, en busca del destinatario. Ahí está: un hombre vestido de Sonic the Hedgehog de pies a cabeza, con púas de color azul eléctrico apuntando hacia arriba. En una mano sostiene una pinta en alto. El cántico continúa, cada vez más fuerte e insistente: «¿Alguna vez has visto a Sonic beberse una pinta de un trago? ¿Alguna vez has visto a Sonic, has visto a Sonic, has visto a Sonic beberse una pinta de un trago?» Sonic alza su vaso de plástico a modo de saludo y se lo vuelca en la boca; el contenido desaparece en un santiamén entre vítores y gritos de júbilo.

Es 23 de diciembre y este recinto es, muy posiblemente, el lugar más exclusivo de Londres. La euforia del público es palpable, quizá porque todos los presentes son conscientes de que no solo están participando en un fenómeno cultural británico, sino también en uno de los acontecimientos más exclusivos de la ciudad. Olvídense de Taylor Swift o de la final de la Champions League: durante las tres semanas previas a Navidad, todo el mundo está en los dardos o, al menos, quiere estarlo.