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You can’t sit with us!

The fall and rise of the London ‘Canteen’

La primera vez que oí hablar de él fue a finales de los años noventa. Habíamos salido del teatro y alguien sugirió que tomáramos un taxi y fuéramos a la «Cantina». A las 22:30, aparte de Joe Allen o Stringfellows, ¿dónde demonios podían cenar ocho personas? Llegamos al lugar quince minutos después. Jesus (no ese) seguía allí, juntaron apresuradamente dos mesas y nos quedamos hasta la una de la madrugada hablando de tonterías. Aquella «Cantina» era Le Caprice, por entonces bajo la atenta mirada del magistral maître Jesus Adorno y todavía el centro del mundo.

¿Por qué la «Cantina»? Para los pesos pesados del Partido Conservador, las celebridades de la época de David Bailey y quienes llevaban corbata, Le Caprice era su comedor, refectorio y cafetería, donde uno podía beber bien, disfrutar de una carta excelente y encontrar siempre mesa. Desde entonces, el término se ha aplicado a muchos restaurantes de Londres, con mayor o menor acierto.