La curiosa historia de un Rolex Sea-Dweller «Single Red»
Tom Bolt se jugó su exclusivo Ferrari por este reloj, pero ¿era el Rolex de 1968 la extraordinaria pieza de relojería que él creía?
- Texto de: Josh Sims
Cuando Tom Bolt recibió una carta de Rolex que confirmaba la autenticidad de un reloj que tenía en su poder, cabría esperar que se desternillara de risa. Al fin y al cabo, aquel papel significaba que su reloj pasaría a estar valorado en varios millones de libras, cifra que podría alcanzar los 15 millones de libras si el mercado mantenía su trayectoria actual.
También significaba que se había confirmado una corazonada extraordinaria, una corazonada por la que Bolt había apostado anteriormente su Ferrari clásico. Y, lo que es más importante, significaba que Bolt poseía uno de los relojes más curiosos e intrigantes de la historia.
«Y, aun así, me sentí extrañamente desilusionado», admite el comerciante internacional de relojes afincado en Londres que está detrás de Watch Hunter. Quizá sea de esperar. Las hazañas anteriores de Bolt son asombrosas: un Rolex Daytona fabricado para el sultán de Omán; el reloj original repleto de artilugios de Vive y deja morir; el Rolex utilizado para cronometrar la fuga de prisioneros de guerra durante la Segunda Guerra Mundial, inmortalizada en La gran evasión.
«Pero supongo que, para mí, la emoción de la búsqueda había terminado», suspira. «Dicho esto, no quería que la búsqueda acabara con malas noticias…»

Al fin y al cabo, Bolt ha mantenido una larga y compleja relación con este reloj en particular: un Rolex Sea-Dweller «Single Red» de 1968, denominado así entre los entendidos porque el nombre del modelo aparece impreso en rojo y en una sola línea en la esfera, desde hace más de 20 años. Cuando el reloj llegó por primera vez a manos de Bolt, este intuyó que tenía algo especial. Contaba con una válvula de escape, una característica presente en solo cuatro ejemplares conocidos de este modelo. Sin embargo, también tenía un número de serie que no encajaba con el de otros Sea-Dweller conocidos.
Algo no cuadraba. ¿Quizá se trataba de una falsificación muy elaborada? Bolt encargó una investigación —la procedencia es un importante argumento de venta en este segmento del mercado de los relojes de época— y, mientras tanto, encontró un comprador. Había «pagado una miseria» por él y no tardó en vender este posible fiasco con un margen razonable. Pero entonces llegaron los resultados de la investigación, y fueron reveladores.
Así que, cuando a principios de este año el propietario le preguntó a Bolt si quería recomprarlo, este echó toda la carne en el asador y cerró un trato por el que intercambió el reloj por su Ferrari 599 Aperta, uno de los Ferrari más exclusivos de las últimas tres décadas. ¿Había perdido Bolt la cabeza?
«Hay muchas reglas que, francamente, se han inventado los comerciantes de relojes y que determinan el mayor o menor valor de un reloj antiguo», explica Bolt. Como ejemplo, señala que un «Single Red» estándar podría valer un millón de libras, pero, si se le ha restaurado la esfera, podría perder unas 250.000 libras de valor.
The Ferrari 599 Aperta
«Y eso es un poco absurdo, porque estos relojes ya son raros de por sí», añade. «También está la cuestión de la procedencia, que entusiasma a algunos coleccionistas. Lo entiendo cuando la procedencia tiene una relevancia especial para el reloj. Incluso entiendo esa máxima ostentación fálica que supone tener un reloj que perteneció a Paul Newman. Pero, en realidad, muchas de esas historias son una sarta de tonterías».
Y, sin embargo, aquel reloj no solo tenía una fascinante historia de aventuras digna de una novela juvenil, sino también una auténtica relevancia histórica y relojera. Su último propietario había sido el profesor Ralph Brauer, un buceador pionero de las misiones SeaLab, el intento de la Marina estadounidense de llevar a cabo bajo el agua el equivalente a las misiones lunares Apolo. Brauer fue el principal investigador del tratamiento con oxígeno hiperbárico de las enfermedades relacionadas con el buceo e impulsó el uso del hidrógeno como gas respirable para contrarrestar los temblores que a veces provoca una descompresión rápida, un estudio que llevó a cabo utilizándose a sí mismo como conejillo de Indias.
Entre una aventura y otra, Brauer también había dirigido una sección de las investigaciones del ejército estadounidense sobre la aplicación de la energía nuclear. Su experiencia era tal que llegó incluso a ser el único estadounidense que participó en el programa de exploración de las profundidades marinas de la Unión Soviética, durante el cual tomó fotografías en secreto para la CIA.
«Para mí, la emoción de la búsqueda había terminado...»
«Digámoslo así», dice Bolt, «cuando Brauer murió, legó sus pertenencias a la Universidad de Carolina del Norte [donde tenía una plaza fija]. Finalmente, encontraron el reloj debajo de su colchón, junto con un gran fajo de billetes y una pistola».
Pero ¿qué hay del reloj en sí? En la década de 1960, Omega había acaparado el suministro de relojes para el programa espacial, lo que hizo que Rolex estuviera especialmente interesada en introducirse en el programa del «espacio interior» de los «acuanautas» dedicados al buceo de gran profundidad. La principal apuesta de Rolex era el Sea-Dweller, rival de modelos similares de Omega. Sin embargo, después de que una primera versión no soportara las fluctuaciones de presión durante la descompresión al ascender desde las profundidades, Rolex equipó posteriormente algunos ejemplares del modelo con la incipiente tecnología de la válvula de escape.
No era una solución ideal, pero era rápida, asequible y suponía una primera oportunidad. Entonces Rolex supo de Brauer y, como no tenía ningún contrato con Omega, se empeñó en que llevara uno de sus relojes, y además uno de los mejores de su categoría. Para el reloj de Bauer, Rolex decidió fabricar desde cero un nuevo Sea-Dweller a medida que incorporase desde el principio la tecnología de la válvula de escape. Este sería, en la práctica, el prototipo con el que Rolex se adentraría en el mundo de los relojes de buceo de gran profundidad de categoría profesional. Y ese era el reloj que Bolt tenía ahora entre sus manos.

«En cierto modo, me gustaría que fueran dos relojes: uno vinculado a Brauer y otro que fuera este prototipo. Hay demasiadas cosas detrás de un solo reloj», dice Bolt entre risas. «Pero qué historia de propiedad tan extraordinaria, sobre todo por el propio Brauer, un hombre increíble, una figura al estilo de Indiana Jones, implicado en todos estos asuntos de alto secreto. Y qué reloj tan magnífico: el precursor de los relojes de buceo con descompresión de Rolex. Para el mercado de los coleccionistas de relojes más exigentes, este es el santo grial».
Como era de esperar, Bolt no tiene ninguna prisa por desprenderse de este reloj. Dice que no necesita venderlo. Pero, en el fondo, es un comerciante. Y si el precio es el adecuado, asegura que lo venderá. «No se trata solo del dinero. Me encanta la emoción de demostrar que un reloj es lo que creo que es, sin importar cuánto tiempo lleve», afirma Bolt.
«Pero otra cosa que también he aprendido sobre los relojes trabajando como comerciante es que, si un reloj es raro —y me refiero a verdaderamente raro—, su valor no hará sino aumentar en el futuro. Así que se venderá por un precio que me deje un margen de beneficio suficiente para no lamentar ver cómo aumenta su valor con el paso de los años. Al fin y al cabo, creo que este es uno de los cinco Rolex más importantes del mundo. Y un reloj así no aparece todos los días».
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