El auge del «chico lifestyle»
De San Francisco a Seúl, ha surgido un estrato de hombres. Del mismo modo que los perros acaban pareciéndose a sus dueños, esta cohorte internacional ha acabado pareciéndose a sus hábitos de consumo
- Texto de: Ed Cumming
- Ilustraciones: Sam Thomas
No hace mucho estaba sentado con un amigo en el bar de la azotea de un hotel de Barcelona. Pasó por delante un hombre con barba de tres días perfectamente cuidada, gafas de sol Jacques Marie Mage y mocasines Summer Walk de Loro Piana. Al hombro llevaba una bolsa de fin de semana Bottega Veneta con su característico trenzado, y en los oídos, unos AirPods blancos. Llevaba una camisa azul oscuro desabrochada hasta el esternón y un Rolex holgado en la muñeca. Cuando estuvo lo bastante lejos para no oírnos, mi amigo me miró con aire conspirador y exclamó: «¡Lifestyle Guy!»
No había oído antes el término, pero sabía a qué se refería. Desde San Francisco hasta Seúl, ha surgido un estrato de hombres. Los llamaremos «tíos lifestyle». Al igual que los perros acaban pareciéndose a sus dueños, esta cohorte internacional ha acabado pareciéndose a sus hábitos de consumo. No tenía ni idea de dónde era ni de qué idiomas hablaba, pero podía hacer algunas conjeturas fundadas. Leía el Financial Times, tenía un iPhone y le gustaba el techno, pero también el hip-hop. Usaba Spotify, Netflix, Amazon, Apple, Instagram y posiblemente Twitter. Había visto, o al menos conocía, Chef’s Table y La casa de papel. Seguía el fútbol. Los pódcast de negocios no le eran ajenos. Hacía poco había dejado de lado los pantalones pitillo en favor de otros más holgados y de pernera ancha. Durante el último año se había planteado comprar unas Adidas Samba. Tendría algunas prendas básicas de Uniqlo y ropa de abrigo de The North Face o Arc’teryx. Bebía tequila, pero también vino natural. Practicaba el ayuno intermitente. Hacía ejercicio y solía correr al menos 10 km. Tenía un sistema de altavoces integrado en casa y pensaba en otros relojes además del que llevaba en la muñeca.